EN LAS ARENAS DE ARRAKIS

miércoles, 14 de marzo de 2018

H.P. LOVECRAFT: EL SEÑOR DEL TERROR CÓSMICO SEGUNDA PARTE






H.P. LOVECRAFT: EL SEÑOR DEL TERROR CÓSMICO

SEGUNDA PARTE


Dedicado a mi amigo Miguel
Acevedo que ha realizado
valiosos aportes a los estudios
sobre el Oscuro de Providence.
 Leer al final reseña.

            En este punto nos parece prudente realizar un pequeño paréntesis para explorar las fases literarias del Profeta de las cosas terroríficas de Providence, para de esta forma comprender mejor como su narrativa fue evolucionando hasta convertirse en lo que conocemos como terror cósmico. Su obra se puede dividir sucesivamente en tres partes muy marcadas según la mayoría de los especialistas y a la que nosotros adherimos por ser más fácil su estudio (en este punto no existe un consenso absoluto, algunos plantean que en realidad la narrativa de Lovecraft se debe divide en cinco ciclos, los cuales se sostienen en proyectos o temas muy concretos, estos son: Onírico, Nueva Inglaterra, de las Civilizaciones Perdidas, de Randolph Carter y de los Mitos de Cthulhu), pero sin que exista un corte abrupto que separa una de la otra, más bien es un cambio sutil que se va gestando en el relato de horror, probablemente por la maduración de sus ideas narrativas y su pensamiento filosófico, recordemos que H.P. Lovecraft no tenía una educación formal y estructurada, era más bien dispersa, con diferentes horizonte o finalidades al mismo tiempo, que podían estar en contra posición muchas veces, esto lejos de ser un problema, le entregó una pluralidad de ideas que a largo plazo lo hizo tener concepciones  más profundas y reflexivas, que el común de las personas con una formación intelectual más formal.
Volviendo a su narrativa, la primera de estas fases literaria es conocida como puramente “Gótica” o como muy bien nos dice el propio Lovecraft en una carta a Elizabeth Toldridge escrita el 8 de Marzo de 1929, “…son mis obras poeanas…”, debido a la decisiva influencia de Edga Allan Poe en la construcción de mundos oscuros y laberinticos, creando una atmosfera de locura y simbolismos, como me hizo el alcance un amigo mío, cuando me dijo “siempre acecha la sorpresa espeluznante en el relato”, los elementos como antiguas mansiones o  grandes castillos se presentan para crear el ambiente siniestro, por supuesto no faltan las extensas praderas, profundos pantanos o espesos bosques lejanos y desolados, en donde la oscuridad simbolizada en la noche es la liberalizadora del mal. El relato siempre ésta circunscrito al misterio de la investigación para conocer la verdad más endemoniadamente inquietante como por ejemplo en el relato “The beast in the cave” (La bestia de la Caverna) de 1905. El punto flaco de esta narrativa inicial, es a todas luces la falta de profundización en la psicología de los personajes, pero que es totalmente perdonable en Lovecraft, ya que aún ésta experimentando su estilo literario.   


El segundo periodo que se empieza apreciar a partir del año 1920 aproximadamente es el conocido como “Onírico  o Macabro”, como nos dice Rafael Llopis en su libro “Los mitos de Cthulhu: H. P. Lovecraft y otros. Narraciones de horror cósmico”, el Oscuro de Providence solía definir este período de su creación como “…mis obras dunsanianas …”  En esta fase literaria, el Extraño de Providence explora los elementos trágicos del hombre atisbando los puntos de decadencia social y espiritual del sistema liberal e industrial, exponiendo como el individuo se ve asfixiado por este sistema de cosas, esto se puede percibir en sus relatos en la creación de paisajes de pesadilla, el lector es invitado a recorrer los siniestros mundos oníricos, tierras que están en la más absoluta oscuridad, con espacios laberinticos en los cuales los elementos de sueños pestilentes se hacen presente, pasando de la realidad al sueño sin fijar un límite exacto y tangible, se puede apreciar claramente la influencia decisiva de Lord Dunsany y también por su puesto de Robert W. Chambers, de este último escritor debemos destaca como  toma prestado los elementos progresivos y opresivos narrativos de civilizaciones antiguas y perdidas que a través de sus vestigios el protagonista se puede trasportar en este viaje onírico a conocer una verdad espeluznante e insondable, esto se palpa claramente en relatos como “The cats of Ulthar” (Los gatos de Ulthar) escrito en 1920 o en la que los especialistas catalogan como la más importante de este período por poseer todos los elementos oníricos muy bien definidos, me refiero a “He dream-quest of unknown Kadath” (La búsqueda onírica de la desconocida Kadath)  escrita entre 1926 y 1927, pero publicada tardíamente en 1943.  
Como he mencionado Lovecraft  en esta primera y segunda etapa será fuertemente influenciado por varios escritores, que el Extraño considera “imperdibles” y cimentadores en gran medidas de sus concepciones literarias, de hecho se veía a sí mismo como el continuador natural de estos, a tal punto que escribió algunas narraciones inspiradas en los escritos de esta “saga de literatos”, muchos de ellos transformándose en personajes de sus obras o fuentes de estas, siendo citados con profusión.


Edward John Moreton Drax Plunkett
Detengámonos para hondar un poco más en estos imperdibles escritores sacrosantos a los que H.P. Lovecraft tanto hace mención. El  primero de estos narradores inspiradores es sin duda  Edward John Moreton Drax Plunkett (1878-1957), más conocido por su título nobiliario, que dicho sea de paso le servía como seudónimo “Lord  Dunsany” (Edward en la práctica ostentaba el rango de Barón), este escritor que se hizo famoso en el siglo XIX por sus historias fantásticas, de reinos mágicos y maravillosos, con tramas muy sugerentes sobre libros de carácter profanos y prohibidos, es uno de los escritores que explora el poder del universo de los sueños como un elemento estético narrativo, probablemente estimulado por los trabajos de Freud. Lovecraft se siente fascinado por este autor al cual rinde homenaje en varias de sus narraciones, no solo nombrándolo como parte del stand de escritores herméticos sabedores de los secretos profanos, sino como parte del cimiento de su creación teológica como veremos más adelante, debemos comprender a Lord  Dunsany como una especie de profeta mistérico, algo muy parecido a lo realizado por los augures romanos capaces de informar sobre lo desconocido por voluntad de los dioses a creyentes como Howard Phillips.
Una segunda influencias en el Extraño de Providence fueron el poeta y pintor  William Blake (1757-1827) y el escritor Nathaniel Hawthorne (1804-1864), de estos escritores bebió sus construcciones mitologías y relatos de pesadilla, si bien marcaron con profundidad sus ideas, no fueron de su círculo de profetas malditos y corruptos, más bien tiene un grado menor en las ideas teológicas de Lovecraft, son una especie de guías en el oscuro camino del terror. Un escritor que si tiene las características de profeta de primer orden, todo un “Jeremías” en las ideas de terror cósmico es  el gran poeta y narrador romántico Edgar Allan Poe (1809-1849), el cual Lovecraft leía una y otra vez con obsesión, hasta transformar a este escritor en parte de los pocos iluminados conocedores de las verdades impías, como olvidar en este punto cuando inspirándose en el relato de Poe “Las Aventuras de Arthur Gordon Pin” realiza una continuación de la “idea esencial” de la narración, me refiero al sentido de la muerte como tragedia oscura e insondable, en la novela corta “Las Montañas de la Locura”, recordemos que el libro inconcluso de Poe nos advierte de la existencia de una tierra poblada por seres “blancos”, seres que representan la “muerte” inevitable, ese destino trágico del hombre del cual le es imposible huir, como también aparece representado en el personaje  Moby Dick en la novela romántica homónima de Herman Melville. Está verdad “blanca” terrorífica que se encuentra contenida en el territorio “ignoto” del Sur Antártico, en algún momento se desatará como una bestia y devorará todo el mundo de la vida a través del manto blanco de la destrucción, por esta razón Arthur  Gordon Pin expone el terror que se avecina, pero sin conocer a cabalidad la realidad a lo que se enfrenta. Lovecratf, toma la idea inicial de lo “blanco” terrorífico como dijéramos, para profundizar sobre este punto de la muerte, entregándole un sentido trascendental cósmico a través de la existencia de una raza salida de tiempos inmemoriales extraterrestre que esta presta a renacer nuevamente, Arthur solo encontró una parte de esta realidad, por ello no termino en la locura máxima, pero William Dyer,  el geólogo y protagonista de “Las Montañas de la Locura” sí, porque él pudo apreciar en toda su magnitud el terror desenfrenado que a guarda a la humanidad detrás de las palabras  “Tekeli – li”.
Arthur  Gordon Pin

Otro escritor que tuvo una fuerte influencia en el oscuro de Providence en su primer periodo, aún que no al mismo nivel de Poe, pero que si marco mucho su pauta teológica de terror, fue el periodista y narrador estadounidense Ambrose Bierce, y su obra el  “Diccionario del Diablo”, cabe decir que este escritor se volvió todo un mito  para Lovecraft y para un gran porcentaje de los lectores norteamericanos tras desaparecer en México durante la revolución, en las tierras del norte de este último país, guerra civil que dirigía el mítico Pancho Villa, solo como una anécdota, la película “Gringo Viejo” esta sostenida en el argumento de un Bierce que se unió a las fuerzas villistas para conquistar una hacienda - fortaleza, solo por el deseo de sentirse nuevamente vivo y fuera de las rutinas.
Uno de los escritores que va a marcar con más fuerza las ideas de Lovecraft y que se trasformara al igual que Poe en uno de los grandes profetas de sus concepciones teológicas cósmicas será  Robert W. Chambers (1865-1933), de este autor extrajo nada menos que la idea fundamental de su teología, la existencia de un libro impío llamado el Necronomicon, un texto primigenio y aberrante en el cual se sostuviera todo el andamiaje de la nueva  ciencia – mitológica – religiosa de su terror cósmico. Esta influencia encubo y desarrollo a partir de la lectura del cuento “The King in Yellow”, obra interesante desde el punto de vista estético y tremendamente sugerente en la percepción del terror como una construcción historicista -mitológica, la trama se sostiene a partir de un mito sobre un libro “inmundo”. Un comentario que debo realizar sobre esta obra, es una verdadera pena que este libro en la actualidad  se vea más bien como una lectura de museo, para especialistas e investigadores, que como una genuina obra narrativa terrorífica, ya que después de su lectura se puede comprender porque razón Lovecraft sentía tal pasión por esta, ya que posee el carácter vivencial del terror.
Ambrose Bierce 
Otro profeta menor es M.R. James (1862-1936), que tuvo una influencia en Lovecraft a través de sus cuento de fantasmas, en donde el concepto de lo “inevitable”, de lo trágico, adquiere un sentido grotescamente estético, muy inspirador si consideramos que todos los relatos de Lovecraft tienen un denominador común, el concepto del “espíritu fáustico”, siempre en sus finales queda la sensación de un mal que lo destruirá todo al mejor estilo del “Loco de la Gaya Ciencia”, que predica la muerte de todo como un acto de purificación del espíritu creador humano; y finalmente, tenemos a los escritores Algernon Blackwood (1869-1951) y Arthur Machen  (1863-1947). El primero de estos es de origen inglés, su vida es una verdadera leyenda construida como si fuera una novela de aventura, ya que siendo joven se trasladó a Canadá en donde trabajo de granjero y encargado de un hotel, en la región de Alaska fue minero y finalmente en la ciudad de Nueva York se hizo periodista. De regreso a Inglaterra inicio su vida literaria, escribiendo relatos de terror que se basaban en parte en su agitada vida, tuvo por su puesto un gran éxito, algunos investigadores creen ver que las ideas góticas y terroríficas del autor fue inspirada en sus creencias relacionadas con la organización secreta Golden Dawn. Lovecraft sentía una sincera admiración por este escritor, ya que gustaba de la peculiar atmósfera mágica de sus cuentos, el Extraño de Providence sentía por él una veneración de un maestro oriental de lo oscuro y terrorífico, por esta razón en su narración  “La llamada de Cthulhu” la inicia con una sugerente cita de su retorcido pensamiento “(Encontrado entre los papeles del difunto Francis Wayland Thurston, de Boston) “Resulta concebible pensar en la supervivencia de tales poderes y criaturas [...] una supervivencia de una época inmensamente remota en la que [...] la consciencia estaba manifestada. quizá, en formas y figuras que desaparecieron hace mucho ante el avance de la humanidad [...] formas de las que sólo la poesía y la leyenda captaron un fugaz recuerdo llamándolas dioses, monstruos, y criaturas míticas de todo tipo y especie…” El segundo escritor es otro de los sabios del horror según Lovecraft, ya que sus relatos nauseabundos y llenos de inquietantes visiones de pesadillas hizo al Oscuro de Providence navegar por las aguas que el tanto amaba, uno de los relatos que más lo marcaran de Machen será su novela corta “El Gran Dios Pan”, dios griego que Howard rendía un especial culto así que cuando escribió su narración “El horror de Dunwich”, tuvo una marcada atmosfera de terror al estilo de la novela de Arthur Machen, la influencia de un gran profeta en la tercera fase de la creación narrativa de Lovecraft, ya que lo alejo de sus relatos de estilo dunsanyano y lo puso en la senda de los Mitos de Cthulhu, a través de las ideas del escritor inglés, Howard dará forma a la siniestra Nueva Inglaterra y a la construcción de la teología – religión en que se basaría sus escritos.
Arthur Machen

Esta primera  y segunda etapa en la narrativa de horror de Lovecraft se puede definir como de aprendizaje de escritores que él los veía como maestros y profetas de lo que se avecinaba, nos referimos a la obra madura del Oscuro de Providence denominado “Los Mitos de Cythulh”, por esta razón encontramos una constante búsqueda de un estilo propio, realizando una serie de experimentos narrativos como sus relatos de corte dunsanyano, este período de maduración será la base para su tercera y decisiva etapa de escritor de horror.     
La tercera etapa en Lovecraft es el denominado periodo de “Los mitos de Cthulh” es evidente que en este tercer periodo, el Oscuro de Providence vertió toda su fuerza creadora, los primero relatos si bien eran respetables narraciones de carácter  gótica u onírica, no era lo que buscaba Lovecraft, él deseaba desarrollar toda una mecánica de pensamiento, una idea global y globalizante, por esta razón su tercera etapa estará marcada por una dialéctica constante entre el relato  de fantasía maravilloso o numinoso y la técnica como expresión constante del progreso infinitito del hombre, idea a la que se suscribía nuestro escritor con pasión. Detengámonos en esta contradicción tan estimulante y productiva en Lovecraft. Tenemos que nuestro escritor tenía la constante necesidad de exponer temas en su teología a través de una serie de narraciones en donde prima los seres cósmicos o del inframundo, seres que por sus características escapa a toda explicación racional, pero por otro lado, la narrativa de P.H. Lovecraft está sustentada por la idea de la ciencia como motor de conocimiento y esta última sostenida a su vez por el progreso indefinido que parece ser la idea central en la que está inmerso el positivismo de occidente de la época de Lovecraft. 

Alberto Camus
El extraño de Providence  se da cabalmente cuenta de esta dialéctica y la explota cual Hegel de las letras, ya que percibe la paradoja de la contradicción en la “idea”, en donde subyace el verdadero Leit Motiv  de su obra creadora, la especulación irracional, la fuerza pasional, aquella energía tan primitiva, pero a la vez tan nueva que conocemos como lo irracionalmente puro, la locura, el miedo, la risa en cierta medida la <<FE>> misma en la maravilla de la fantasía, estas fuerzas irracionales dan el verdadero sustento a la vida. ¿Cómo un hombre sabe que vive?, es la pregunta que debió realizarse Lovecratf, para responderla con la única respuesta capaz de satisfacer su mentalidad inquisidora, a través del miedo irracional a la muerte, en este punto podemos recordar la idea fuerza que subyace en la obra “El Extranjero” de Alberto Camus, en donde el protagonista se da cabal cuenta de la verdadera finalidad de su ser y la trascendencia real del hombre, una vez que es condenado a muerte. Es la misma idea que está presente en Lovecraft, los protagonistas se dan cabal cuenta de su existencia, cuando comprenden su insignificancia frente al cosmos, frente a fuerzas irracionales, debido a que por su característica no puede ser contrarrestada con el entendimiento y la esperanza.
En este juego dialectico, que lejos de incomodar a Lovecraft, lo estimula a su creatividad, es en donde inserta su nuevo mito, la verdad revelada por él, supremo Zarathustra de las nuevas realidades, un verdadero “Altazor” creador. El Mito de Cthulh, en la práctica es la construcción de una realidad religiosa – maravillosa, explicativa de la existencia del hombre en el mundo. Debemos tener presente que Lovecraft no cree que él sea un pontífice de una religión, él sabe que sus relatos son una construcción narrativa sacada de su imaginación, pero también conoce que esta nueva explicación que guarda algunos elementos de la ciencia, son más “ditirámbico” y “estimulante” que la verdad de las religiones establecidas, desde muy pequeño prefería un paganismo excitante a un  cristianismo frío y estructurado como lo comprendía él.
También se da cabal cuenta que la ciencia es un buen primer escalón, pero es impotente para dar una clara y satisfactoria explicación completa de la realidad humana, podemos decir, y citando a Llopis nuevamente “Es importante destacar que en la obra de Lovecraft lo racional y lo irracional conviven fraternalmente, de tal modo que la realidad (lo racional) en sus cuentos y novelas no necesariamente es independiente de lo irrazonable, ya que no son estadios evolutivos, sino conceptos que se acoplan.


Es en este punto crucial en donde se le aparece al Extraño de Providence el tema de la modernidad y la problemática de la “existencialidad”, una verdadera  tortura intelectual, ya que Lovecraft desea la estabilidad, lo concreto, aquello que le da sentido creador, no se puede jugar la carta de la “religión cristiana”, porque no cree, aún más tiene la más absoluta convicción de que “Dios ha Muerto” después de leer a Nietzsche, por tanto sería una total incongruencia intelectual desandar el camino del ateísmo puro y existencial, en una entrevista al más importante especialista en la vida y obra de Lovecraft, S. T. Joshi, este clarifica este punto cuando nos dice: “Lo único que me importa es la civilización", con esto se refería a un estado de la sociedad en que la expresión estética pudiera florecer y no hubiera un cambio radical de ella”, que le queda entonces, unirse alguna ideología “materialista”, no, por supuesto que no, para éste momento de la vida de Lovecraft, el mundo del marxismo, es la rebelión de las masa innobles, una ideología que guarda un concepto de igualdad social al cual él no está dispuesto a unirse, por ser un sincero defensor de los valores de la monarquía, ya que él ama la grandiosidad de una nobleza perdida, por eso desprecia todo el discurso socialista y comunista, como lo hace con el cristianismo, esta visión cambiara con los años y como sabemos al final de su vida tiene cierta concordancia con las ideas del socialismo norteamericano y los cambio realizados por el presidente D. Roosevelt.
Es en este momento de encrucijada donde decide construir su propio mito creacionista, esta nueva teología está sustentada en los hallazgos científico y en el pensamiento positivo, para luego adentrarse en realidades existentes, pero que por su misma naturaleza escapa a la explicación científica, pero no a la descripción, por esta razón los relatos de Lovecraft están llenos de una rica y vital descripción de los mundo oníricos de su teología, descripción que es el imán de la narración, lo fantástico por tanto se apodera de la narración de pie a cabeza, para terminar en la tragedia absoluta, por ser el hombre un ser pequeño e insignificante dentro del universo real.
La nueva religión – mitológica de Lovecraft es un proyecto totalmente artístico, en donde lo estético-mágico juega un papel fundamental para poder calmar esa angustia existencial de la modernidad, Lovecraft se siente encadenado por las fuerzas del mundo material, por esta razón libera su “alma” a través de la fuerza creadora de mundos. En la literatura del extraño de Providence las contradicciones  juegan un importante papel, como hemos mencionado, por un lado su sentido de escape, de libertad se satisface en la creación artística y por otro, hecha los cimientos de una nueva forma de ver la realidad existencial, a partir de las fuerzas irracionales, para llegar a la racionalidad explicativa, nuevamente en este punto se entrecruza con Nietzsche quien en su obra sondea la felicidad de sacudirse todos los elementos de la decadencia de la cultura occidental a través de limpiar el pensamiento de los parámetros de las ideas de Sócrates el “gran estafador” moralista y de la religión cristiana esclavista del espíritu creador, una vez rotas las cadenas, Nietzsche puede iniciar la construcción de su mecánica de pensamiento absoluto.
S. T. Joshi

En esta tercera etapa en la que ha entrado la creación de Lovecraft, este siente la genuina necesidad de construir un esquena estético – narrativo totalmente nuevo, que se sacuda de las ideas folclóricas del terror muy amaradas a los mitos cristianos aun, para el gusto del extraño de Providence, es en este momento que aparece The Hound es el primer relato en donde Lovecraft apuesta en hablar del libro inmundo llamado “El Necronomicón”, como antes hemos mencionado, a partir de esta narración comienza a dar forma y vida a su mito, con constantes entregas de información en forma de rompecabezas en sus relatos subsecuentes, con lo cual alimenta la imaginación del lector, además de estimular al círculo de escritores que comienza a participar de este esfuerzo teológico-narrativo denominado “Los mitos de Cthulhu”, ya que estos perpetúan el juego intertextual que apuntaban a fortalecer la atmósfera tanto arquetípica como de ritual genuino que sirve de fondo a esta mitología. 
Es así que Lovecraft nos comenzó a dar pistas de su Mito en los diferentes relatos, en el cuento  “La ciudad sin nombre”, publicada en 1921, por primera vez se refiere al árabe loco Abdul Alhazred como el primer hombre que puso por escrito las “verdades siniestras” del universo, obviamente este personaje no es azaristico, sino que tiene que ver con sus lecturas de las “Mil y una Noche” de su juventud y la importancia de lo fantástico que le daba a esta obra, recordemos que este Abdul Alhazred había sido su seudónimo en sus primeros poemas de niño, por tanto podríamos sospechar que en este juego narrativo Lovecraft se da cuenta que él mismo es una especie de Moisés, Muhammad o Jesucristo, una especie de profeta de las cosas herméticas, nuevamente el extraño está jugando a lo que el poeta chileno Vicente Huidobro menciona como una gran cualidad del escritor “ser un pequeño dios”.
Para darle fuerza a su mito, creo toda una línea histórica del innombrable libro, de esta forma, el árabe Abdul Alhazred es solo el primer eslabón de una consecutiva cadena de traductores como Theodorus Piletas quien lo tradujo al griego, que además le dio el nombre con el cual se conoce “Necronomicron”, para luego ser traducido al latín por Olaus Wormius, años más tarde el libro tuvo una traducción al inglés por un tal  John Doe (el hombre desconocido), finalmente se puede encontrar tres copias del libro, una en la Biblioteca Widemer de Harvard, otra en la Universidad de Buenos Aires y la última en la Biblioteca Imaginaria de la Universidad de Mistkatonic, en Arkham.

Es tan mágica la historia que el escritor canadiense Donalt Tyson, publicó en el 2004: “Necronomicon: The Wanderings of  Alhazred”, un muy interesante libro en donde el autor realiza una exhaustiva investigación de toda la creación y genealogía del libro maldito. Esta tan bien construida la narración del libro macabro que muchas personas han dado por hecho la existencia de este, aún más algunos escritores como es el caso del ya citado Donalt Tyson han escrito versiones del Necronomicron siendo fidedigno tanto a las ideas como a la construcción narrativa, participando de esta forma del juego de Lovecraft, ya que por un lado el texto del canadiense se apega fielmente a los relatos aparecidos en las diferentes narraciones de la obra de Lovecraft, y por otro lado, a la vez, es una obra independiente con lo cual cierra la idea que subyace en los escritos del extraño de Providence que su creación tiene vida propia.
La necesidad del Necronomicon en la obra lovecraftiana es vital, porque el juego en que cae Lovecraft en sus escritos tiene la necesidad de este libro creacionista, ya que es la columna vertebral en donde se sustenta todo el mundo fantástico – terrorífico del Oscuro, este texto crea los limites en los cuales las narraciones tanto de HP estarán circunscrita como la de su círculo, de esta manera el texto maldito sustenta como texto de fe las narraciones y al mismo tiempo entrega el curso fatal de los acontecimientos, de esta forma la obra completa de Lovecraft termina siendo parte de un solo cuerpo narrativo logrando el objetivo último que es la construcción de un mito creíble y realista a través de un macro cosmos construido por relatos pequeños que en la práctica son parte del todo en sí.

Uno de los puntos cruciales dentro de los nuevos términos religiosos creados por Lovecraft son Los Primordiales, base indiscutible de su mitología, que nacieron con la función literaria de ser el sostén de la narrativa del terror cósmico, estos seres tenían la triple función de ser un elemento estético, ser la negación del Dios cristiano, aquel Dios que a juicio de Lovecraft no tenía ningún basamento científico, mientras que estos Pimordiales se sostenían en la ciencia pura como principio cósmico creador, con esto habría paso a la tercera función de los Primordiales que eran ser una crítica a la civilización Occidental en este juego del cambio y lo estático, producto que esta estaba construida en una trilogía falsa a juicio del Oscuro de Providence, esté reprochaba la “Democracia” por ser el sostén a una “Rebelión de las masas” inconformes y despreciables habidas de legitimación a través del voto que le habría camino a una burguesía elitista y sin un horizonte claro, ya que carecía de los altos valores del héroe, en segundo lugar esta burguesía auto entronizada constituía su poder en la riqueza material dando todo conocimiento científico o espiritual como superfluo o sujeto a su idea de poder, con lo cual el materialismo sin vida se apoderaba de la existencia del hombre y en tercer lugar, se encontraba el sostén ideológico de esta carencia de vitalidad otorgada por la “moral” religiosa – filosófica o espíritu de rebaño en que estaba consumido el hombre, ya que cualquier aspiración a la verdadera libertad estaba coartada por las ataduras de lo aceptable socialmente.
Volviendo a la teología de Lovecraft y su círculo, el Extraño de Providence sabía perfectamente  lo que estaba realizando, ya que exploro la esencia de la creencia de la religión que es dar un sustento a verdades que el hombre no puede comprender y abarcar en su totalidad, cuáles serían estos problemas existenciales, muchos y complejos pero si los tuviéramos que reducir a pregunta sería: ¿qué es el hombre”, ¿De dónde venimos y hacia dónde vamos?, todas esas preguntas no tienen respuestas contundentes en las hipótesis que construye la ciencia, ya que esta vía de respuesta está más sujeta a las interrogantes que las respuestas mismas, como decía un profesor que me hacía clases en la universidad “más importante son las preguntas que las respuestas”, por tanto aquí entra a batallar la religión, cualquiera que esta sea, esta tiene la virtud de entregar respuestas categóricas y solidas a las diferentes incertidumbre humana. Bajo esta lógica los Primordiales y los Arquetipicos seres cósmicos creados por Lovecraft tienen la gracia de responder a las grandes interrogantes humanas.
 La mitología creada por el Oscuro de Providence, si bien es una creación absolutamente propia y por tanto de una originalidad indiscutible, posee rasgos comunes a la mitología griega clásica, recordemos que Lovecraft  en su niñez estaba enamorado de los dioses paganos griegos, por las formas de su relato estético y por la épica que se encontraba por debajo de los relatos homéricos o de Hesíodo, no por nada el niño Howard su segundo seudónimo literario había sido “Messala”, el de la ciudad de Mesina, o sea el que vive en el mundo clásico helénico. Volviendo a la construcción mitológica lovecraftiana y relacionándola con la helénica, podemos en primer lugar ver que los dioses o seres superiores presentados en los relatos de Lovecraft son criaturas de un origen cósmico extraterrestre que superan el origen del hombre en millones de años, son fuerzas que científicamente se pueden comprender, el problema es que la ciencia humana es incapaz de acceder a la verdad de estos seres sin entrar en la locura máxima. Estos seres en la religión de Lovecraft solo buscan responder en primera instancia al origen del universo, luego al destino trágico del hombre, ya que estos seres eran y son dueños de la tierra, hogar ancestral de la humanidad, por esta razón están irremediablemente condenada la raza humana, esta raza de seres superiores o dioses ven al ser hombre como una “hormiga”, un pequeño estorbo en su camino para recuperar lo que siempre fue de ellos, por esta razón, los hombres solo pueden presenciar su destrucción siendo incapaces de poder cambiar este destino trágico. Lovecraft en ningún caso carga a estos seres con una moral, o sea como buenos o malos, simplemente para él y como en la naturaleza: son y existen. La destrucción del hombre solo está inmersa en que estos ocupan su territorio, a nuestro juico aquí se encuentra el meollo del horror de Lovecraft, cuando los seres no presentan rasgos diabólicos o salvíficos, simplemente son criaturas que basan su razón de acción en la superioridad y la capacidad de lograr sus objetivos, aquí se puede apreciar el sentido helénico de la religión, los dioses sin una alta moral, sin una finalidad altruista y con un sentido trágico, como muy bien lo explica Nietzsche en “La Tragedia Griega” utilizan a los hombres en sus acciones y conflictos, trasformando al hombre en parte del juego de ajedrez de la Moira o Destino.
Para dar más sustento a su relato Lovecraft apela a un conocimiento primitivo de estos seres primigenios del cosmos, es así que generalmente las historias están sostenidas por culturas ancestrales o primitivas como los esquimales o las tribus africanas subsaharianas, de esta forma estos grupos culturales menos afectados por los conocimientos científicos son poseedores de esta verdad maligna, verdad que se trasmite a sus descendiente a través de conocimientos orales construyendo a partir de extractos el Necronomicon, es aquí donde entra el juego estético racista de Lovecraft, para él los blancos ingleses han perdido su capacidad de conocer esas verdades siniestra producto a lo “civilizado” que están, gracias a la ignorancia del conocimiento positivo y social, mientras que los grupos tribales de negros, indígenas o/ u orientales guardan en su genética los antiguos rituales a estos seres terroríficos en una culpa atávica profunda, como aparece en las obras Arthur Jermyn, El alquimista, La sombra sobre Innsmouth y El caso de Charles Dexter Ward, esta verdad es develada por una mente maestra y culta de los blanco, pero al enfrentar esta verdad no le queda más opción que la locura misma o la muerte liberalizadora. Por tanto, los grupos raciales que no se ajustan al patrón inglés o germano prusiano son los sirvientes de estos seres cósmicos de aquí les viene su “degeneración genética” como muy bien se comprende en la siguiente cita: “Era un ser repugnante, con pinta de gorila, unos brazos anormalmente largos que me parecían de manera inevitable patas anteriores, y una cara que irremediablemente hacía pensar en los secretos insondables del Congo y las llamadas de tam-tam bajo una luna misteriosa. El cuerpo debió tener peor aspecto en vida, pero el mundo contiene mucha fealdad…”


Contradicción a toda una escuela de detractores de Lovecraft que lo acusan de ser racista, no creo que estas visiones estéticas guarden un verdadero racismo, sino que muy por el contrario, pienso que el oscuro de Providence sentía una atracción genuina a toda cultura del mundo fuera de la inglesa, más aún el miedo a estas culturas le fascinaba al extremo de desear conocerlas y estudiarlas en profundidad, por esta razón la idea de August Derleth de que el racismo de Lovecraft era solo estético cobra más fuerza aun a medida que penetramos en su interior creador.   

Continuara.


INTRODUCCIENDONOS A
LOS ALTARES DE LA LOCURA

         El nuevo libro de Miguel Acevedo  “Los Altares de La Locura” es más que un simple homenaje al  desaparecido escritor norteamericano H.P. Lovecraft, a pesar que el termino homenaje aparece como parte del título original. Porque digo esto, pienso que Miguel  ha puesto más que sentimiento y pasión en cada uno de los apartados en que se divide el libro, él además a deseado introducirse en los recovecos más laberinticos  del pensamiento del Extraño de Providence. Este ejercicio intelectual supera el sentimiento y entra en el ámbito de la racionalidad especulativa, por esto creo que nuestro autor antes de escribir, especulo, analizo, realizo una conversación entre él y su yo interno, este ejercicio de pensar, dio como fruto un estudio sobre Lovecraft y el mundo que lo rodea,  y lo siguió rodeando.
            El mérito de Miguel no es poco, ni simple, aún que eso parezca a simple vista, por que introducirse en la mente de un genio, es un ejercicio ardoroso y complejo, y se vuelva más cuando  se debe poner por escrito. Rescatamos de este libro la honradez y altura del escritor, que sin temor a la crítica liviana y superficial, realiza una temeraria, y tiene que ser muy temeraria en estos tiempos para defender la obra y la vida de un hombre que es cuestionado por su supuesto racismo, por defender por algún tiempo la obra de Hitler, como si en su época esto no fuera el pan de cada día





lunes, 29 de enero de 2018

WALTER M. MILLER JR. LA NOVELA CÁNTICO POR LEIBOWITZ: UNA ODA A LA BUSQUEDA DEL SER HUMANO









Walter M. Miller Jr.
LA NOVELA Cántico por Leibowitz:
una oda a LA BUSQUEDA  DEL SER humanO

Dedicado a mi querido amigo
Gabriel Bustamante, al cual nunca he olvidado
A pesar de nuestros largos silencios


            Hablar de Walter M. Miller Jr, es hablar de uno de los más profundos y reflexivos escritores de la literatura de aproximación, su verbo a diferencia de muchos otros escritores de este género literario, no se queda ni en las formas, ni en lo estético, sino que  escarba en los recovecos más profundo de la existencia humana, en busca de una respuesta a acerca de la gran interrogante metafísica del <<Ser>>: ¿Cuál es la finalidad del hombre?
Para Walter escribir temas relacionados con la ciencia ficción, al igual que para Stanislaw Lem, es solo un telón de fondo, para tratar cuestiones más profundas que se refieran a la existencia misma del ser humano, es así que el escritor norteamericano en sus relatos toca temáticas como: la esencia de la vida, la trascendencia y la divinidad. Dentro de estos grandes temas, él también desarrolla cuestiones de moral práctica, conceptos del tiempo y problemáticas políticas – económicas, que son vitales a su juicio para comprender a la sociedad y en última instancia al hombre como individuo.
Cómo Walter llega a la escritura de aproximación y a las reflexiones que trabaja en sus relatos, es una de las cuestiones más complejas de su vida, se sabe que un hecho traumático generó en él, un espíritu sensible y artístico, el deseo por escribir, ese vuelco fue su participación en uno de los actos más salvajes y sin fundamentos, de los miles que ocurrieron en la Segunda Guerra Mundial, nos referimos al bombardeo del monasterio benedictino de Montecassino, durante la batalla de nombre homónimo, baluarte por más de mil años de la civilización occidental, que fue hecho añicos por un “error” estratégico del ejército norteamericano, reconocido por Estados Unidos en 1969, cuando ya no tenía ninguna forma de justificar, lo injustificable, pidiendo disculpas a los monjes y a las víctimas civiles que murieron durante esta destrucción.  Gracias a la acción inteligente del comandante germano que saco la biblioteca y las obras de arte, enviándolas al Vaticano antes de la batalla, se pudieron salvar las invaluable reliquias que guardaba el monasterio y hoy no tendríamos que lamentar otra perdida cultural más por la estupidez humana. En este bombardeo aéreo participo Walter como radio escucha de uno de los aviones. Este hecho de ver uno de los pilares y símbolo de la gran civilización cristiano-occidental destruida, lo llevo a una profunda reflexión, que termino con su conversión del ateísmo a la religión católica en 1947, y al estudio de la historia de esta como institución trascendental en su doble vertiente terrena y celestial.


Por tanto, la gran mayoría de los especialistas en su obra creen que si los fatídicos hechos de 1944 en Italia no hubieran ocurrido o si Walter no hubiera participado tan activamente, es muy probable que éste no habría escrito sobre los temas que trato, quizás ni siquiera fuera escritor, es claro que los fantasmas de la guerra y la brutalidad humana produjeron un detonante en su reflexión de escritor, en este punto no puedo impedir volver a realizar una relación con el escritor Stanislaw Lem, quien el trauma de la Segunda Guerra Mundial y posteriormente la entronización de la tiranía comunista en su patria, lo llevó por la senda de un escritor profundo y serio de aproximación. Porque la experiencia es una maestra dura y cruel en algunos casos como nos dice C.S. Lewis, y en este caso para Walter fue un hecho tremendo, ya que nuestro autor al encontrar belleza en la tragedia de la existencia humana, se volvió un gran narrador, y que más trágico que la guerra misma, en donde el hombre saca lo peor de sí, y también lo mejor, como queda bien reflejado en la película “Las Flores de la Guerra” del destacado director Chino Zhang Yimou, en donde un grupo de prostitutas se vuelven las héroes contra la acción artera de los japonés, los cuales dentro de sus innumerables bestialidades que hicieron durante la toma de la ciudad de Nankín, deseaban violar unas niñas de un colegio católico, pero las prostitutas se lo impidieron .
Conocí a este destacado escritor en mi paso por la universidad, en este punto deseo  realizar una remembranza sobre un profesor del departamento de Ciencias llamado Juan Espinoza Gutiérrez, quien a mi parecer en un arranque de osadía, implemento por poco tiempo, por desgracia, un curso facultativo o de formación complementaria que en este momento no recuerdo bien su nombre, pero que me parece que sonaba algo así como “ …para la apreciación de la literatura de ciencia ficción…”, si me equivoco, me pueden corregir, ya que han pasado casi veinte años de estos hechos.  Esta cátedra fue realmente revolucionaria en las aulas universitarias de Chile, ya que la narrativa de aproximación y fantasía era vista por entonces, casi por todos los profesores universitarios, como una literatura muy básica y sin importancia, en el mejor de los caso entretenida, por este motivo el profesor Juan Espinoza se la jugó en un área que a todas luces no contaba con el beneplácito de la comunidad doctoral universitaria.



Paracaidistas germanos defendiendo Montecassino
Durante este curso se nos pidió leer tres cuentos y realizar un informe de ellos, uno de estos era “Cántico por Leibowitz”, ese fue mi primer encuentro con Miller. Su relato era una extraña, pero bien lograda mezcla de un mundo post apocalíptico nuclear y una sociedad surgida de las cenizas de la destrucción, con características de arcaica y medieval, con una cultura apenas sostenida por la mera existencia, y con la religión católica como único faro guardián de una civilización destruida. El relato era una analogía soberbia que reproducía en líneas generales la caída del mundo romano – helénico de la antigüedad y los dos siglos de caos que lo sucedieron, por tanto nuestro autor le da un papel preponderante a la religión católica para salvaguardar la cultura en peligro de extinción, es así que la Iglesia salvo a occidente en la Edad Media, también la misma iglesia salvará los restos de civilización que queden después de una devastación nuclear, ya que parte de su tarea es justamente civilizar y ser testigo de la obra de Dios entre los hombres.  
Ahora entrando en la narración de Miller, como buen investigador de la historia de la Iglesia, en su obra Cántico por Leibowitz, nuestro autor concluye que no toda la religión Católica en la Alta Edad Media europea había servido de centinelas del conocimiento, sino que este peso había recaído principalmente en las ordenes contemplativas monásticas, que se habían creado en los confines nórdicos de Europa, como en las islas de Irlanda e Inglaterra, como nos confirma el historiador inglés Cristopher Dawson en su libro “El Origen de Europa”. 


Montecassino antes del ataque aéreo norteamericano
La trama de esta narración era simple, pero perfectamente trabajada desde dos puntos de vista, que el autor logra magistralmente plasmar, la primera de esta radica en la psicología de los personajes, particularmente del protagonista, el novicio y posterior hermano Francis Gerard, quien realizando los ejercicios espirituales de descernimiento  en el desierto, para lograr su ordenación, recordemos que la máxima de todo religioso es “…que Dios lo a elegido y no es la persona que desea ser religioso…”, por esto necesita retirarse a un lugar apartado, en el silencio y la soledad Dios habla con la persona que recibe su llamado. Durante esta meditación tiene la aparición de lo  que él cree un ser celestial, en este punto la duda se trabaja con maestría, ya que siguiendo nuestro escritor la cita bíblica “Dios escribe recto en reglones torcidos”, nos deja la sensación que esta aparición milagrosa puede tener dos explicaciones, una real visita del cielo o simplemente la falta de comida y la extrema mortificación corporal del monje hace que tenga visiones. Este punto es muy importante tenerlo en cuenta, ya que Miller nos presenta la gran disyuntiva existencial del hombre contemporáneo, aquel que tiene fe y por tanto pasa por la vida creyendo, y el que no la tiene, y coloca su seguridad existencial en otras cosas como la ciencia humana, y por tanto, pasa la vida dudando, tema muy bien tratado por cierto en la película <<Señales>> del director norteamericano M. Night Shyamalan.    
Montecassino después del bombardeo

El segundo punto que trabaja el autor, es penetrar  en el ethos histórico – religioso y a través de este puede entrelazar en su narración una problemática que se arrastra desde la ilustración en Occidente, y es el divorcio forzado entre ciencia y fe. El caso lo presenta a través del fundador de la orden Arbertina, un ingeniero conocido como I. E. Leibowitz, que durante la era post-nuclear o de la “Simplificación” en el  cuento, fundo este grupo de monjes con la idea de buscar a Dios a través de resguardar el conocimiento científico que quedaba después de la hecatombe nuclear y la consecuente barbarización social humana, que buscando un “chivo expiatorio” a sus propias culpas, atacó a todo conocimiento científico, tratando de erradicarlo por completo a través de la destrucción de la tecnología y el asesinato de los sabio, de hecho el fundador Leibowitz, fue martirizado por su amor a Dios y al conocimiento, en este punto Miller acierta sobre parte de la esencia humana, ya que el hombre en situaciones de creencia extremas, actúa con singular bestialidad, solo debemos observar la destrucción dejada por los fanáticos <<islamistas>> en Siria e Irak, y digo islamista, ya que ellos en ningún caso representan la religión predicada por el profeta Muhammad, hombre bueno, piadoso y justo, amante de la cultura. En la narración del escritor norteamericano han pasado seiscientos años de esta locura y la sociedad apenas comienza a reconstruirse de sus cenizas, es en este mundo en donde el hermano Francis se encuentra, un tiempo en que el fundador de su orden aún no ha sido elevado a los altares, y su proceso de canonización continua en la Nueva Roma (Vaticano post apocalíptico), el portento que había tenido el hermano Francis podría cambiar esta situación para bien de su fundador y la finalidad de su orden, pero aún más para la humanidad completa, ya que sigue la lógica de la parábola del “grano de Mostaza”, un pequeño acto con fe puede germinar en una gran acción.
ataque donde participo Walter Miller Jr

Como hemos dicho, la visión de este hombre-ser por parte del hermano Francis, el cual le señala un sitio en donde se encuentra un antiquísimo manuscrito, que es un plano de una “maquina” que el hermano no comprende, pero que si puede darse cuenta que es de su fundador, el venerado Leibowitz, por el nombre gravado en un lado del papel, y por tanto este hallazgo lo da como un portento frente a su comunidad, la cual como buena maestra de la fe guarda sabio silencio e investiga el caso, antes de sumarse al milagro ocurrido, pasando los años en esta larga  reflexión, en este punto Miller demuestra su amplio conocimiento de la psicología social que mueve a una comunidad religiosa y el manejo del tiempo es uno de los elementos cruciales, esto se explica mejor con una anécdota que le ocurrió al director alemán Philip Groning, quien deseaba firmar un documental sobre la vida de la comunidad Cartuja, una orden católica de monjes muy rígida, que el titulo como: "El gran silencio". La anécdota en cuestión fue que al pedir permiso a la comunidad para realizar su trabajo fílmico, le respondieron que lo conversarían entre ellos y lo volverían a llamar, ya que aún no era tiempo, pasaron diez años y un día recibió en su oficina un telefonazo de la comunidad cartuja, la cual le informaba que tenía el permiso para realizar su documental, ya que ahora sí era el momento. Este hecho grafica perfectamente la concepción del tiempo como parte de un regalo de Dios a los hombres según lo expresa San Agustín de Hipona, y por tanto se debe de usar en forma sabía y reflexiva, y no apurada, con un sentido de inmediatez como se comprende en la actualidad, bajo la óptica de obtener cuestiones materiales o placeres sensuales, ya que en el mundo actual es mejor PARECER que SER como nos lo expresa el filósofo de origen coreano Byung Chul-han.   
Byung Chul-han

El resto de la vida de Francis o sea el tiempo de Dios en la tierra lo dedica con maestría a copiar en la gran sala  “Memorabilia”, que nos recuerda claramente los criptorum y bibliotecas monacales, lo que será su gran y única obra, la cual va a ser expuesta en Nueva Roma para la canonización del fundador de la Orden, ya que el portento que él relato se tomó como verídico, a través de la prueba material que entregó.
Uno de los momentos centrales de la narración, es cuando Francis viaja a Nueva Roma con el trabajo de años y es asaltado en el camino, ese punto refuerza la idea de la finalidad de la vida que es la trascendencia a través de la obra “Maestra”, ese infinito regalo que Dios da a los hombres para realizar el trabajo de su vida y a través de este glorificarlo, para esto solo debemos observa las grandes catedrales góticas de Europa para darnos cuenta de este punto. Como decíamos el hermano Francis es  asaltado y los delincuentes al ver que no hay mucho de valor que llevarse se dedican a molestar al “hombre de Dios” y para eso amenazan con destruir el icono que Francis realizó, éste lucha con ellos incluso a golpes por salvar lo que fue su existencia  material trascendente en la tierra, lo que se conoce en la máxima teológica como “…ser testigo del sentido sagrado de la vida que es incluso más importante que la vida misma.”  cuestión que los bandidos notan y lo dejan en paz, logrando llegar con la reliquia a la Sagrada Ciudad, donde quedara como anónimo trabajo para la posteridad y servirá de base para el surgimiento nuevamente de la ciencia, en este punto se puede palpar como Miller desea resaltar que Dios es el “Señor de la Historia” y como acomoda las piezas de esta para que todo calce con perfección en su plan, incluso las injusticias más terribles como nos dice el preclaro C.S. Lewis con voz de trueno “…el dolor es el megáfono que utiliza Dios para despertar un mundo de sordos.”


C.S. Lewis 

   Francis representa aquellos monjes anónimos de la Alta Edad Media que se recogen en la contemplación y el misticismo más puro, en un acercamiento a la divinidad que les permite comprender la verdadera finalidad del hombre, que es la búsqueda del conocimiento a través de Dios, ya que Dios es conocimiento. Miller logra que el lector a través de este mundo post apocalíptico comprenda que la religión lejos de ser contraria al saber científico, es depositaria de éste, contraviniendo la idea que se encuentra en el libro existencialista de Umberto Ecco “El Nombre de la Rosa”, en donde un grupo de monjes guardan con celo en forma hermética el conocimiento, ya que el hombre es incapaz de conocer el ser, por tanto estos monjes por su puesto son impotentes de entregar al mundo estos saberes, simbolizado por el monje ciego “De Borge” y la biblioteca en forma de laberinto. En el caso de Walter Miller, esté comprende mucho mejor la finalidad del saber monacal y oponiéndose a las ideas existencialistas, nos propone que la finalidad del hombre es conocer el ser, para luego verter este conocimiento en el mundo, de esta forma vivir en plenitud, por esto los mojes no guardan el conocimiento, sino que lo desarrollan, para luego entregarlo al resto de la sociedad, porque no existe un antagonismo entre  fe y  ciencia, sino que son complementario y están intrínsecamente unidos, ya que pertenecen a una misma razón de ser, que es Dios fuente única de todo conocimiento, por tanto muy lejos del vacío del existencialismo.



Pasaron algunos meses y me entere que aquel texto era en la práctica parte de una novela mayor, publicada en partes, yo solo había leído la primera llamada “Fiat Homo” o hágase el hombre, publicada en 1955 en la revista especializada de ciencia ficción <<Magazine of Fantasy and Science Fiction>> muy adecuado el título del capítulo, sí pensamos que la racionalidad, esa capacidad de imaginar, hace del hombre lo que es, hombre como aparece muy bien descrita en los mitos originales del Génesis o la Teogonía, por tanto tuve la necesidad de poder leer la continuación, aun que como en la Santísima Trinidad, solo basta conocer una parte de Dios, para conocer a la Divinidad misma.
Walter Miller en el segundo capítulo “Fiat Lux” (Hágase la luz) aparecido en 1956, nos presenta el monasterio 600 años después de los acontecimientos del hermano Francis, la sociedad ha cambiado de los aciagos y oscuros años de barbarie, a un mundo más desarrollado técnicamente, este orden nos recuerda a la época del Renacimiento Italiano, con pequeñas, pero poderosas repúblicas independientes como Florencia o Génova, gobernadas por una burguesía rica y soberbia en su poder, que busca a través de la manipulación del arte, la religión y la ciencia ventajas sobre sus rivales políticos. Es así, que el otrora reino de América en la novela se ha fragmentado en una serie de estados, el viejo monasterio de “San Leibowitz” como el benedictino de Montecassino, ha quedado dentro de los límites de una de las repúblicas, en el caso de San Leibowitz  de Texarkano, lo que provoca roces entre las autoridades religiosas del monasterio y Nueva Roma con los gobernantes seculares del estado burgués habido de poder. Miller nuevamente haciendo gala de conocimientos históricos del periodo de las luchas entre el papado y los monarcas, y la visión rupturista del secularismo que buscaba por todos los medios quebrar la unión entre fe y ciencia, solo para sacar ventajas inmediatas y egoístas. Entrelaza su narración en una complicada tela de araña de luchas políticas, que utiliza los elementos más ruines en está conflagración intelectual como por ejemplo la creación de una serie de mitos o leyendas negras de la Iglesia, como son en la realidad las historias tergiversadas y fantasiosas de Hipatía de Alejandría y Galileo Galilei, que aún se predican como verdades sacrosantas por los hombres que odian a la Iglesia Católica.
El nuevo protagonista del capítulo es Thon Taddeo, un seglar que encarna los principios del hombre renacentista e ilustrado, el hombre nuevo que no necesita a Dios para conocer el mundo, por tanto es la personificación de este largo periodo de separación entre fe y ciencia que va desde el siglo XVI hasta el XIX. Thon posee un conocimiento universal, culto y científico, pero que al mismo tiempo es soberbio en su saber, por tanto, un verdadero positivista que ve la fe como algo caduco, pasado de moda y sin capacidad de generar conocimiento, en otros términos es un fanático de su religión laica y científica.



Este hombre ilustrado es enviado al monasterio por parte del estado de Texarkano, con la intensión de ver las defensas del lugar y dar un informe sobre el comportamiento de los monjes hacia el estado secular, este punto grafica las luchas de los estados por someter la libertad de la religión a sus caprichos que se inicia con la intervención de las monarquías absolutistas, pasando por la revolución francesa y desembocando en las ideologías comunista, fascista y liberal del siglo XX. La fachada para el espionaje es estudiar la impresionante biblioteca de la “Memorabilia”. Al principio las relaciones son corteses, pero pronto Thon  no puede dejar de disimular sus aprensiones hacia la religión, a la cual considera superstición, los diálogos entre él y Hannegan es el centro gravitante de la fuerza del capítulo,  ya que se confrontan ideas preconcebidas, minimalistas y mitos por parte de Thon, versus la lógica escolástica, muy bien trabajada por Miller, y la verdad de los hechos, que el  Abad del convento defiende. Es importante detenerse en este personaje, me refiero al Abad Hannegan, quien representa a los grandes maestros de la Iglesia Católica como San Buenaventura, o Santo Tomás de Aquino, y que por momentos parece tener características en su argumento lógico – pasional al filósofo francés contemporáneo Jacques Maritain, por tanto no se debe pensar cómo han hecho algunos analistas de la obra de Miller, que el personaje Thon es el protagonista absoluto, dejando de lado a Hannegan, ya que sería como desechar a Héctor en virtud que Aquiles es el protagonista del poema homérico de “La Ilíada”.   
Mientras se da el debate, un monje científico sacude los argumentos de Thon, que religión y ciencia no pueden estar de la mano, cuando éste le muestra un fabuloso invento, que es una ampolleta eléctrica, lo que deja anonadado a Thon que desea sacar a este hermano y llevarlo al mundo de las ciencias puras y laicas, sin percatarse que este religioso por vivir en el mundo de la religión puede hacer tales progresos técnicos – científico,  a través de su profundo  amor hacia Dios, y casi no puede comprender como el monje rechaza su invitación por voluntad y no por imposición. Finalmente el capítulo termina con un Thon volviendo a su mundo laico, sin sentido, enfermo de un vacío existencial, ya que pudo palpar la grandeza de una razón trascendente para el conocimiento, por tanto Miller nos grafica  que el quiebre entre fe y razón es inevitable, no porque exista argumentos sólidos para tal caso, sino por la inconsistencia y los deseos políticos y egoístas que subyacen detrás, que son la causa final y real de esta ruptura. El estado de Texarkano por tanto, es símbolo del quiebre de esta unión y el surgimiento de un nihilismo cultural y científico, que en la práctica es el símbolo de la intolerancia e ignorancia fanática de los autodenominados seculares (revolución francesa) que desean romper la relación entre fe y ciencia en forma artificial, esto llevará inevitablemente a la tragedia, ya que una ciencia sin moral, está llamada a realizar los actos más bajos y despreciables en contra de su esencia, el progreso y bienestar del hombre y la naturaleza que lo rodea, de esta manera se puede comprender como hombres supuestamente de ciencias son capaces de experimentar con seres humanos, como es el caso del médico germano Josef Mengele, del biólogo japonés Shirō Ishii y su fatídico escuadrón 731, que experimento con prisioneros en China o los científicos que crearon la bomba atómica, conociendo su poder devastador y las implicancias que tendría si se usaba, por tanto este capítulo es clave para realizar una reflexión de la necesidad de que la ciencia vuelva a las tierras de la moral, donde siempre debió estar.

Monjes Benedictinos
La tercera parte y final de la novela publicada en 1957, es otro salto en el tiempo de 600 años más, Fiat Voluntas Tua” (Hágase tu voluntad), esta parte, nos recuerda el Apocalipsis de San Juan, el ser humano se precipita sin remedio a un final trágico, esto se debe a que la ruptura entre fe y ciencia ha  llegado al cenit, los detractores de la iglesia han triunfado en su maldad y han logrado que la religión sea vista por las masas de personas como un elemento arcaico, retrograda, que debería desaparecer por completo, ya que Dios en el nuevo orden político, científico y social del hombre no tiene cabida. Este mundo que nos presenta Miller en esta tercera parte simboliza el triunfo del nihilismo, la amoralidad y el individualismo absoluto, vacío de contenido, pero lleno de slogans políticos, económicos y sociales. Este nuevo escenario  post – segunda guerra mundial, que nos representa Miller es el triunfo de la ideología por sobre la idea,  ya que el mundo otra vez está dividido en dos visiones extremas políticas antagónicas y absolutas, lo que Orwell definiría como las ideologías del odio, una de carácter “comunista” y otra “liberal – democrática”, ambas se arrogan todas las virtudes y las grandezas humanas.
  En este mundo en crisis bipolar, el protagonista de esta historia ya cíclica del hombre, recordándonos el “mito del eterno retorno”, es el abad del monasterio Dom Jethras Zerchi, hombre pausado y profundo que debe enfrentar el mayor reto de la iglesia y su comunidad, desde los aciagos días de la simplificación y la destrucción nuclear, una nueva hecatombe producto de la irracionalidad en que se ha sumergido la sociedad a partir de las visiones univocas, ideológicas y absolutas, en este caso del estado –ateo (comunismo) o del mundo liberal y consumista, que solo los une una cosa, su deseo de no tener a  Dios entre sus prioridades, y por tanto, desechando cualquier elemento moral en su actuar, por ello prefieren la relatividad existencial, sobre estimulada de una tecnología de consumo, en este punto la frase de Albert Einstein se vuelve profecía auto cumplida: “Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad; el mundo solo tendrá una generación de idiotas”, la tecnología se vuelve un instrumento para manejar mejor a las masas irracionales de personas.
 En este mundo post – segunda guerra mundial, en donde la orgía de la destrucción y el exterminio ha llegado a su máximo esplendor con los campos de exterminio nacional –socialista, comunista o el lanzamiento de la bomba atómica por parte de la democracia - liberal, los poderosos estados, laicos y soberbios, que ha deformado la ciencia en post de ideas egoísta y lejos de la finalidad de esta. Es en este mundo de egoísmo, de armas atómicas y ateísmo dominante en las altas cúpulas de poder, de minorías que desean imponer sus criterios individualistas al resto por la fuerza, es en donde se desatara nuevamente la tragedia irracional del hombre, a través de la incapacidad del ser humano de poder comprender la verdadera naturaleza de su propia existencia.
Durante este mundo convulsionado Miller nos lleva a planos prácticos morales, que tienen que ver con la lucha por la vida y la dignidad de las personas, una escena importante en esta tercera parte, es cuando el abad Dom rebate los argumentos retorcidos y en apariencia complejos a favor de la Eutanasia, colocando una vivencia personal y simple para ello. Algunos críticos de Miller desean ver en este apartado una moral ingenua y no le dan tanta fuerza al capítulo como a los otros dos, incluso “perdonan la falta de fuerza argumentativa de los personajes”, esto se debe a que ellos mismos gustan de esas ideas que rebate Miller. La novela, en este último capítulo es  lógico que  remate la evolución del hombre en un proceso de decadencia moral, en donde la ciencia desmoralizada sirve para sostener los argumentos más genocidas e inmorales como la eutanasia, el aborto, entre otros, por tanto el apartado es fuerte en su exposición de la condición  a - moral humana actual.
Hannh Arendt 
  
   Antes de la inminente catástrofe y después de luchar por impedir la debacle final, la Iglesia Católica se presenta como en la antigüedad tardía, un faro de esperanza para que todo lo bueno del hombre no se pierda por la brutalidad del mismo, es así como nuevamente la congregación Albertiana de Leibowitz debe volver a los orígenes de su fundación y  cuidar el conocimiento científico fuera de los límites de la tierra, y cuando una parte de la orden sale a colonizar nuevos planetas se desata la furria irracional humana a través de un nuevo cataclismo nuclear.
El capítulo es una clara alusión a que mientras la ciencia no regrese a las tierras de la fe, no será ciencia sino que una brutal arma en manos de hombres a - morales dispuestos al exterminio incluso de ellos, si a través de esto sacan alguna ventaja mezquina, no puedo pasar por alto en esta trágica conclusión realizada por Miller, las ideas vertidas por la  Hannh Arendt en su libro “Eichmann en Jerusalén o la banalización del mal”, cuando la filósofa nos dice: “En otras palabras, cuando más superficial es alguien, mayor probabilidad hay que ceda al mal…” , y ese es quizás el elemento más aterrador que subyace en la obra de Miller,  en este último capítulo, en donde a partir de un  dialogo en contra de la eutanasia nos presenta a los defensores de esta idea perversa y malvada en extremo,  como  personas superficiales, utilizando como argumento para avalar el acto genocida “la libertad de elegir”, como si fuera una camisa o un producto de supermercado,  que más simple y cotidiano que esto, por tanto Walter al igual que Arendt a punta a comprender como la sociedad ha banalizado el mal, como una cuestión necesaria, burocrática y sistémica, un buen ejemplo de esto es, cuando un país democrático y defensor de los derechos humanos y  de los ciudadanos, como lo es Estados Unidos, lanza dos bombas atómicas, arrasando dos ciudades llenas de civiles e inocentes, para luego sin una pizca de vergüenza exponer una muy peregrina explicación, que era su derecho, ya que “buscaba un bien superior salvar vidas de sus ciudadanos (…) además que los japoneses los habían atacado primero y sin previa declaración de guerra”, que nos muestra esto, que la ciudadanía pasiva norteamericana aplaudieron el fin de la guerra sin ver nada malvado en su accionar, pero lo curioso es que son esas mismas personas las que luego lloraron sobre las imágenes de los campos de exterminio nacional –socialista y clamaron justicia sobre los criminales, pero sin caer en cuenta que ellos fueron participe de un acto tan cruel, malvado y criminal,  como los mismos campos de exterminio, ya que planificaron y ejecutaron un acto preconcebido de una irracionalidad que escapa al entendimiento humano, esto se debió  simplemente por una sociedad de una inercia y superficialidad que raya en lo abismante.
     .
La novela a pesar de tener cierto grado de pesimismo sobre el actuar de los hombres, es un claro canto a la esperanza de que las cosas pueden ser mejor, si las personas de bien luchan por los grandes ideales perdidos, por conocer al “otro”, que es espejo del “Yo”, y no dejarse superar por la selva del  neoliberalismo  con sus terribles tenáculos del consumismo sin sentido, el individualismo, del exitismo pornográfico y el poder de la nada, esta sociedad construida en estos conceptos nihilistas degenera en lo que existe en la actualidad una <<democracia del espectador>>. Por cierto Miller, le da a este punto sobre relacionarse con el otro a través del AMOR gran importancia y hace de la Iglesia Católica, y porque no decirlo, de todas las religiones la fuerza del amor en acción, para contener y cambiar el camino, volver a la senda correcta, en donde ciencia y fe están unidas, y las virtudes como el amor son más importante frente al vacío existencial nihilista.
 Walter Miller Jr. en esta novela juega con la visión cíclica de la historia, con el “mito del eterno retorno”, con ese mito bíblico del origen, desarrollo y apocalipsis de la historia humana, de hecho nuestro autor justamente desea rescatar ese poder del mito para regenerar al hombre en la esperanza de un mañana mejor, por eso desata toda su pasión literaria en busca de una reflexión del individuo y la sociedad, por este motivo Miller es un escritor  absolutamente vigente en su visión y reflexión, vale la pena leer y pensar como nos dicen Robert Scholes y Eric S. Rabin en su libro <<La Ciencia Ficción. Historia, Ciencia, Perspectiva>>: “…este «cántico», esta canción religiosa de alabanza, explora el carácter de las luchas épicas del hombre e investiga las posibles fuentes tanto de su autodestrucción como de su grandeza…”  y así comprender las palabras de la Biblia cuando nos dice: “pues: Donde abunda sabiduría, abundan penas, quien acumula ciencia, acumula dolor”, ya que la ciencia vacía de contenido es mera técnica y nada más.   


Walter M. Miller Jr nos legó una soberbia novela sobre la existencia y crítica histórico -social que se ha elevado a los altos sitiales de la ciencia ficción, por desgracia nuestro escritor no nos dejó una gran cantidad de relatos y después de su trágica  muerte se publicó su segunda novela llamada “San Leibowitz y la mujer caballo salvaje” finalizada por expreso pedido de él, por el escritor Terry Bisson. Conocer a Walter Miller Jr. Ha sido una de las grandes deudas intelectuales que tengo con el profesor Juan Espinoza Gutiérrez y de aquel curso de Ciencia Ficción en la Universidad, que añoro tanto.