EN LAS ARENAS DE ARRAKIS

jueves, 14 de junio de 2018

ROBERT A. HEINLEIN RELEYENDO “STARSHIP TROOPERS”







Robert A. Heinlein
Releyendo “Starship Troopers”
(TROPAS DEL ESPACIO)


            Por estos días, se cumplieron los treinta años de la desaparición de Robert Anson Heinlen (8 de mayo de 1988), esto me motivo a releer  una de sus novelas de ciencia ficción emblemática, me refiero a  “Starship Troopers”, publicada en 1959, aunque ya había salido por entrega en la prestigiosa revista norteamericana  <<The Magazine of Fantasy & Science Fiction>>, con el sugerente nombre de "Starship Soldier" (Soldado del Espacio) en 1958. Ganando el premio <<Hugo>> en 1960 a la mejor novela, cosa que sorprendió a muchos, incluido el propio autor, quien se quejaba que a pesar de las ventas y el éxito de la historia, las cartas que recibía sobre esta, eran casi todas críticas mordaces.
            Cómo llegue a esta novela, como muchos, a través de la película de 1997 de nombre homónimo, creo representar en este punto a una gran cantidad de lectores de esta obra. El film de Paul Verhoeven que se basa en esta novela, nos muestra una sociedad militarizada en extremo, con claros tintes de manipulación de masas, amor a un súper – estado, con una sociedad basada en principios colectivistas y militaristas, en otros términos a un “estado fascista”, que por supuesto, el director en ningún caso ésta ensalzando, sino que por el contrario, realiza una descarnada crítica satírica a este tipo de régimen. Paul Verhoeven al realizar esta crítica, nos dice claramente que la novela es una obra con tinte “fascista” y que su autor, si bien no fue miembro de ninguna agrupación de esta clase, se podría clasificar como un <<simpatizante>> de estas ideas.
           
Pero, cuando tuve en mis manos la novela y literalmente la devore en un par de días, percibí que las ideas de Verhoeven estaban bastante erradas del argumento central de la obra, que en ningún caso era una apología al fascismo, más bien, se acercaba a una oda a la democracia liberal de corte colectivo, algo muy parecido al régimen de cantón que tienen los suizos en la actualidad, en donde el deber ciudadano de defender su comunidad se comprende como una virtud cívica y moral de un régimen de igualdad y fraternidad, en donde el ciudadano con más derechos, es a la vez el que tiene más deberes .
                  Han pasado ya unos veinticinco años que leí la novela,  y ahora la he vuelto a leer con un grado de mayor madurez intelectual, y por supuesto, con más conocimientos del autor a través de la lectura de otras obras como: “La Luna es una cruel amante”, “Amos de títeres”  y “Forastero en tierra extraña”, además de un par de libro biográficos, en los cuales se analizan las obras del autor:  <<Robert A. Heinlein: America as Science Fiction>> de H. Bruce Franklin.  y <<Robert Heinlein>> de  Leon Stover. Este acercamiento al pensamiento de Robert Heinlein, me hizo afianzar más mis aprensiones sobre la novela Tropas del Espacio, y por supuesto, la visión distorsionada de esta, que nos muestra la película.
            El escritor norteamericano, lejos de crear una apología al fascismo, construyo una novela que es una verdadera exaltación a las virtudes cívicas y democráticas de los ciudadanos, para Heinlein el concepto de que la democracia liberal es “vivencial” y no una mera  rutina, es el fundamento de su obra. Profundicemos en este punto, en la novela, el protagonista John “Johnnie” Rico es un joven que no tiene una clara conciencia de lo que es ser un ciudadano, Rico encarna la realidad de una juventud sin un auténtico sentido del sacrificio por su colectivo, pero la entrada a la “infantería móvil”, a este selecto grupo del ejercito de la tierra lo introduce a la verdadera vida de un ciudadano que “tiene deberes” para con su nación, entendiendo esta como una construcción pluralista, democrática e igualitaria, ya que en la novela,  existe la libertad de expresión, libertad de prensa y libertad de pensamiento. Es una sociedad multiétnica, de hecho el protagonista es filipino, descrito como un joven moreno y bajo, nada parecido al actor que lo encarna en la película, además, la sociedad humana es múltireligiosa. Para dar más fuerza al argumento de la igualdad en el libro, la mujer tiene un destacado papel como parte integral del ejército de ciudadano, en este punto Heinlein se adelanta con relación a su tiempo.

            Los soldados en la novela, son “voluntarios”, por tanto, el ciudadano ejerce una libertad absoluta para integrarse al ejército, logrando según el escritor norteamericano la cumbre de sus deberes, por esta razón tiene el derecho a ejercer su poder de elegir a las autoridades en una “perfecta democracia” de ciudadanos, este punto sobre el pensamiento de Heinlein, lo reafirma el escritor futurista David Brin al decirnos que  el escritor norteamericano creía “…en una democracia ideal de ciudadanos soldados”. La exaltación de las virtudes cívicas en la milicia proviene en Heinlein  de su amor por la marina de los Estados Unidos, recordemos que ingreso a esta y estudio en la Academia Naval obteniendo el grado de  ingeniero mecánico, realizó una carrera en el portaaviones  “USS Lexington” y el destructor “USS Roper”, hubiese seguido en la armada de no haber contraído una enfermedad (tuberculosis), que se lo impidió, ya que fue dado de baja en 1934, su paso por la armada lo marco a tal punto que consideraba esta institución, al igual que el resto de las fuerzas armadas, como un baluarte de la grandeza del espíritu liberal – burgués democrático de EE.UU, cosa que plasma en su novela.
       Para realizar un énfasis mayor sobre la grandeza de la democracia, el escritor estadounidense lo contrapone con un régimen que él considera demoniaco y depravado: el comunismo. Debemos tener presente que Heinlein pertenece a la clase media norteamericana del centro del país, ya que nació en el pequeño pueblo de  Butler, estado de  Missouri, por tanto, tiene una visión tremendamente maniquea de la realidad política mundial, para él existe un sistema político - ideológico “bueno”, que es la democracia y uno intrínsecamente “malvado” que es el comunismo, esta concepción se afianza aún más con su personalidad individualista y obstinada, incapaz de ver matices en la realidad política.
Este punto señalado anteriormente se puede apreciar claramente en Tropas del Espacio, la tierra se debe enfrentar a una raza extraterrestre de “vichos” en este caso de arácnidos carentes de mente o alma, seres abyectos sin voluntad, ni individualismo, en otros términos una “civilización estatal - colectiva” de masas, que solo son parte de un gran engranaje, en clara alusión a como Heinlein veía a los estados comunistas. Es así, que la democracia se debe enfrentar en un gran reto a un sistema colectivista sin pasión, ni virtud cívica, esta lucha en la denominada “Guerra de las Chinches” tiene su punto alto con el ataque despreciable sobre la ciudad de Buenos Aires de los insectos, esto hace reaccionar a la humanidad del peligro de este tipo de orden político.

Esta reacción la encarna el padre del protagonista, quien en la novela juega el papel de <<Alter Ego>>, es descrito como un burgués acaudalado, que goza de un bienestar  bien ganado en los negocios, esta vida de confort lo hace despreciar sus obligaciones dentro del super- estado, entre estos deberes destaca no ser ciudadano. Las discrepancias con su hijo en esta materia, se vuelven violentas, ya que Rico por un lado a vivido esta vida de bienestar, pero las clases de “Filosofía Moral” dadas por un profesor ex – veterano del instituto lo hacen recapacitar sobre su deber cívico, las luchas con su padre terminan con el ataque de los insectos, ya que  esté, después de perder a su esposa, comprende la importancia de la defensa de la democracia y las virtudes ciudadanas, pidiendo perdón a su hijo, al cual criticaba por haber ingresado a la infantería móvil, por su puesto el padre de Rico también ingresa en el ejército, trasformando esta institución en una verdadera familia.
Esta parte de la novela, es una clara alegoría a los sucesos que presidieron la entrada de EE.UU a la Segunda Guerra Mundial, una sociedad que estaba saliendo de la gran depresión, deseosa de volver al confort de la década del 20’, y por tanto, contraria a cualquier participación en la guerra, hasta que se despierta, con el peligro de tener a los totalitarismos a sus puertas, con el bombardeo de su flota en Pearl Harbor. Con esto Heinlein nos está diciendo: “cuidados norteamericanos, recuerden que paso la última vez, cuando fuimos incapaces de ver el peligro que asecha a nuestra forma de vida, el comunismo está en nuestras puertas”.
La obsesión de Heinlein en contra del comunismo se encuentra en otras obras suyas como “Amos de títeres” (1951), publicada en plena cacería de bujas del senador McCarthy, en líneas generales la historia trata de una  extraña raza  alienígena que a través de la manipulación de la mente de las personas pueden manejar sus actos, en clara alusión a la ideologización del individuo a través de la propaganda, con esto, el escritor norteamericano creía desenmascarar a todos aquellos rapsodas de izquierda y sus formas de introducir este pervertido pensamiento en la sociedad.
Volviendo a Tropas del Espacio y al juego crítico del autor en contra del comunismo, nos presenta una guerra contra los insectos que está en su punto más difícil después del revés de “Klendathu”, planeta hogar de los arácnidos, el alto mando a decidido un nuevo ataque esta vez a una colonia de los bichos inteligentes, en el planeta “P”, en este punto Heinlein resalta toda su visión política, al presentarnos la batalla en un sentido dialéctico, entre un colectivo – comunista de bichos y el individualismo de un ciudadano, en lo más difícil del combate, las acciones tomadas por un individuo, en este caso Rico, inclinan la balanza hacia las fuerzas de la tierra, derrotando a las planificaciones colectivas del régimen de insectos – comunistas.


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Esta novela como se ha podido apreciar guarda toda la esencia de las ideas de Heinlein, que no serían otras que un profundo amor hacia la democracia burguesa liberal, que él la comprende como el mayor logro de la libertad humana, ya que, creía que esta forma política era la única que podía garantizar el individualismo absoluto, que  era el derecho a que nadie se entrometa en la vida privada de ninguna persona.
No puedo negar mis aprensiones y críticas al pensamiento de Robert A. Heinlein, sobre todo a su individualismo que raya en el <<Laissez faire et laissez passer>>, a su amor incondicional a la democracia de su país y a la idea de la superioridad moral de los Estados Unidos como una sociedad de individuos que los une altos estándares de vida. Pero, esta crítica no me impide ver en él un gran escritor, que en su narrativa nos presenta sus ideas políticas, sociales y económicas, construidas en argumentos simples, donde los personajes solo juegan un papel de difundidor, no hay complejidad en el argumento, y no hay un trabajo profundo en la personalidad de cada uno de sus personajes, estos son todos esquemáticos, jugando un rol predeterminado en la exposición de las ideas de Heinlein, por tanto, es mucho más entretenido conocer las sociedades futuristas que construye el autor, que analizar a sus personajes, pero si no existe complejidad en la construcción de la historia, si la hay en su visión de mundo, en los cambios que se avecinan en el corto y mediano plazo, es un limpio escritor de ciencia ficción, ya que sus narraciones se sostienen a través de los adelantos científicos, que están en clara sintonía con el desarrollo de la tecnología, por tanto, en esta materia su exposición es clara y convincente.
También debemos destacar en este juego de la anticipación, como se adelanta a los cambios sociales que se están desarrollando en la actualidad, Robert Heinlein se da cuenta del importante rol de la mujer en la sociedad de masa tecnificada, de los cambios en la forma de las expresiones sexuales, del súper individualismo, basada en una sociedad de “derechos”, no las crítica en absoluto, por el contrario le da las más grande de las bienvenidas, ya que él cree en el individualismo como única expresión social real.
No tengo duda al decir que Robert Anson Heinlein tiene un muy bien ganado sitial dentro de los maestros de la ciencia ficción mundial, no por nada, por años se le ha considerado junto con  Isaac Asimov y Arthur C. Clarke, uno de los tres más grandes escritores de este estilo en los Estados Unidos, por tanto su narrativa e ideas se han ganado un justo y merecido sitial dentro de la buena literatura de ciencia ficción.              

  
                


jueves, 10 de mayo de 2018

EL MITO PERUANO DE LA GUERRA CONTRA INGLATERRA





EL MITO PERUANO DE LA GUERRA CONTRA INGLATERRA



Dedicado a mi buen Amigo Pablo
Que se inicia en este noble oficio,
Que es la de enseñar historia



*Todo este trabajo se basa en investigaciones  de historiadores  peruanos e ingleses
           
En un viaje reciente de un amigo a Perú, cuando éste visitaba el Congreso de aquel país, la guía de turistas exponía los vaivenes de la historia republicana del país del Rimac, en un momento la mujer dejo flotando una frase en el aire que era más o menos así: “Perú durante la guerra del Pacífico peleo contra Inglaterra…”, mi joven amigo, profesor de historia, pregunto cortésmente en que se basaba esta afirmación, a lo que la guía igual de cortes respondió que así lo acreditaban las fuentes y diversos trabajos al respecto. De regreso en Santiago y conversándome sobre sus aventuras en Lima, no pudo dejar pasar el hecho que le ocurrió en el Congreso de dicho país, esto me trajo a colación que veinte años antes, leyendo un artículo en un diario de Tacna, exponía igual tesis. Este punto me dio vuelta e inicie una investigación sobre este extraño mito peruano: “Durante la guerra del Pacífico o del Salitre, Perú no había luchado con su vecino del sur, sino, con la potencia mundial del momento Gran Bretaña…”, de dónde había nacido tamaña falacia y porque aún hoy los círculos intelectuales y populares del país de los Incas insistente en este punto, que esta fuera de toda lógica histórica y sostenida sobre ninguna fuente, más que presunciones erradas y erráticas.
Tengamos presente que las obras generales sobre la guerra del Pacifico o del Salitre escritas en Perú, Bolivia y Chile inmediatamente después del conflicto o algunas décadas posteriores, no nos dice nada de una intervención de Inglaterra en favor del país austral de América, así queda bien clarificado en los trabajos del historiador  Mariano Paz Soldán y  su obra <<Narración histórica de la guerra de Chile contra Perú y Bolivia>> (1884), Tomás Caivano en <<Historia de la guerra de América entre Chile, Perú y Bolivia>> (1882), del historiador boliviano Alcides Arguedas en su obra <<Historia General de Bolivia>> (1922), el chileno Benjamín Vicuña Mackenna en <<Historia de la Guerra del Pacífico>> (1881), Gonzalo Bulnes en <<Guerra del Pacífico>> (1911) Francisco Machuca en <<Historia militar de la Guerra del Pacífico>> (1926), Andrés Avelino Cáceres <<La guerra entre el Perú y Chile>> (1924) y <<Memorias del general Cáceres>>.

James G. Blaine

           
Por tanto, escarbando en los recovecos de los anales históricos llegamos a la pista de que la tesis de un Perú luchando contra el gigante inglés, no nació en las tierras del Rimac, sino que fue fraguada muchos kilómetros al norte de este país, en la capital del entonces emergente imperio norteamericano,  casi en el mismo instante de la conflagración del Salitre que tiño de rojo los desiertos y mares de las regiones de Sudamérica. En Washington había toda una política expansionista hacia la
<<América Morena>>,  un congresista, que luego ostentaría el cargo de Secretario de Estado, nos referimos al señor James G. Blaine, será el pilar de la idea “del complot inglés en contra del Perú”, éste empresario – político, desde la secretaria de Estado durante los primeros meses del conflicto se inclinó decididamente en apoyo de la causa del Perú, su apoyo se extenderá durante toda su permanencia en el cargo,  debemos tener en cuenta que está decidida  ayuda a la causa peruana no la hizo con un sentido altruista o en defensa de la debilidad de su vecino, sino, por un deseo de expandir la injerencia económica y política norteamericana, hacia lo que este país entendía como su zona hegemónica, aún más, las fuentes demuestran que Blaine tenía importantes intereses comerciales en el salitre de Tarapacá, por tanto, en su intervención se puede apreciar egoísmo  personal e imperialismo al mismo tiempo.
Blaine estaba decidido a participar de la explotación salitrera de Tarapacá ese era un hecho, por lo cual deseaba alejar las inversiones inglesas y chilenas de  la zona, siguiendo claro ésta la doctrina impuesta por el presidente Monroe como subterfugio. Con este interés, califico la guerra de Perú en contra de Chile, como parte de un plan británico para apropiarse del nitrato peruano, todas sus declaraciones y dichos que uno puede leer en los diferentes diarios de la época no se sostienen en ninguna fuente, solo en su <<fraseología>> política.
Tendiente a impedir la acción “artera” inglesa, Blaine hizo varias declaraciones para justificar una intervención militar de los Estados Unidos, que serviría para proteger los intereses de los exportadores connacionales, sobre todo los de él. En esta línea, el Secretario de Estado llego a ciertos acuerdos con las derrotadas autoridades peruanas para lograr la entrega de un territorio costero para la construcción de una base naval, además de dejar como “protectorado” las tierras de Tarapacá (el embajador norteamericano en Lima, Isaac Christiancy, iba más allá aún, aconsejaba a Blaine que la mejor forma de controlar el comercio de Perú, era lograr que los EE.UU. impusieran la paz, además de trasformar al país de los Incas en un  protectorado estadounidense), con estas promesas debajo del brazo, las autoridades peruanas veían la posibilidad de que Chile no obtuviera compensaciones territoriales, como el país austral comenzaba a exigir después de la conquista de Tacna y Arica, solo monetarias, por esta razón tozudamente se negaron a firmar un tratado con su vecino, esperando la acción de los Estados Unidos en su favor, como lo expone el embajador Trescot en su detallado informe sobre sus acciones diplomáticas frente a Chile y Perú.

Finalmente Blaine fue removido de su cargo por realizar acciones diplomáticas que condujeron a una intervención francesa en el conflicto (véase el empréstito de la casa Dreyfus y los bonos comprados por inversionistas galos) y a su enriquecimiento ilícito, aunque la investigación que se abrió al respecto nunca pudo probar el delito, si las relaciones de Blaine con casas comerciales francesas y sus vínculos con las autoridades peruanas inducen a afirmar el hecho. El cambio de Blaine por Frederick T. Frelinghuysen desde el 19 de diciembre de 1881, como es obvio de suponer vario la política de EE.UU hacia Perú y Chile, Trescot, el embajador norteamericano modero su tono amenazante hacía Chile, ya que Washington prohibió terminantemente una ruptura de las relaciones con este último país y dejo de dar esperanzas a las autoridades peruanas de una posible intervención en la guerra después de firmar el  Protocolo de Viña del Mar (aun cuando este protocolo no fue ratificado por la potencia de Norteamérica), en el que los estadounidenses reconocían el derecho de Chile a exigir una indemnización territorial “El aislamiento internacional que rodeó al Perú en 1883, verdadero silencio internacional y abstencionismo, tanto de las repúblicas hispanoamericanas como de las potencias europeas y aún de los Estados Unidos, que colocó a las negociaciones en un claro plano de desventaja ya que en ellas el Perú se presentaba como un país ocupado militarmente” (Quiroz Paz-Soldán, Quiroz. HISTORICA, Vol. IV, Núm. 2, Diciembre de 1980 P 7).
Las acciones de Blaine llevaron al país del norte a uno de sus desastres diplomáticos más graves del siglo XIX, ya que no solo no pudo lograr que Chile no se apropiara de territorios del Perú como compensación, sino que además abrió las puertas a una potencia como Francia para intervenir en América. Por desgracia los  discursos distorsionados de Blaine fueron el pilar para que con posterioridad el geógrafo, botánico, arqueólogo e historiador inglés Sir Clements Robert Markham se lanzara en picada a construir la tesis sobre la intervención inglesa en el conflicto.
Clements Robert Markham

Sir Clements R. Markham  es uno de los hombres más cultos, aventureros y honestos que se tenga memoria, sus trabajos sobre diversos temas como la exploración antártica, ártica, África, la India y América, particularmente Perú, le   ha valido el reconocimiento de su nombre hasta nuestros días. Es un hombre que tiene una gran admiración por el Perú precolombino, y gran parte de su vida la dedico a la investigación del mundo incásico. Esta estrecha relación con Perú hizo que  sintiera por el País del Tahuantinsuyo un verdadero amor, así lo acredita su primo Sir Albert después de su muerte (Los Americanistas del Siglo XIX. La construcción de una comunidad científica internacional. P 111). Por esta razón Sir Clements se dejó llevar por sus sentimientos hacia Perú para escribir su libro: The War between Chile and Peru (La guerra entre Perú y Chile, 1879-1881).
El texto de Sir Clements en líneas generales no aporta ningún dato relevante a la investigación histórica realizada sobre las causas y desarrollo de la guerra, más bien, es un relato positivista, minucioso y meticuloso sobre la lucha, el único punto importante, es que afirma que Inglaterra participo activamente en apoyo de la agresión chilena, además, Sir Clements no pierde oportunidad para dejar a las armas del país austral como bárbaras e incivilizadas. Es importante tener presente que estos comentarios los realiza desde su pasión sesgada por Perú y no como una forma de crear un odio hacia  Chile, ya que el investigador británico reconocía ciertas cualidades positivas en los chilenos, a este respecto dice: "carácter honrado de las clases altas y a la persistencia laboriosa y capacidad para el trabajo de la población en general". (The War Between Peru and Chile, 1879-1882. P 80).
Pero la obra de Sir Clements no adolece de omisiones y errores en los hechos. En primer lugar,  no consulto ninguno de los dos archivos británicos más importante para exponer la “supuesta” intervención inglesa, nos referimos a la Casa Gibbs y el Foreign Office, cuestión que para él no hubiera representando ningún problema debido a su ya muy bien ganada fama intelectual. En segundo lugar, Markham realiza una serie de omisiones de hechos que hubieran echado por tierra el supuesto apoyo inglés hacia Chile, como por ejemplo: el plan de Inglaterra de hundir a la flota chilena si está no seguía casi al pie de la letra la convención de Ginebra, el impedimento de entregar dos barcos  el “Arturo Prat” y la nueva “Esmeralda” a la marina, solo hace mención del embargo de los barcos “Diógenes”  y “Socrates” construidos en Alemania, pero armados en Inglaterra. Tampoco hace referencia a que casi durante veinte años la Casa Gibbs dominó el comercio del guano, entregando al  Perú suficientes ingresos para saldar su deuda y levantar nuevos empréstitos. (Albert 1983; Jenks 1927 y Mathew 1970). Otro dato que omite en forma grosera es la venta de armas al Perú antes y durante el conflicto, a través de sistemas de triangulación, como lo hacía descaradamente los EE.UU, utilizando a países como Guatemala, Colombia o Ecuador hostiles a Chile durante el conflicto. Es evidente que Sir Clements trato por todos los medios de hacer calzar su tesis en su libro a como diera lugar.

La obra de Markham cayó en el Perú como un verdadero salvavidas para las autoridades y las élites gobernantes, que no se podían explicar la derrota de las armas del Perú frente a Chile, país al cual veían como débil y despreciable, casi unos barbaros, así queda reflejado en los comentarios aparecidos en la presa local durante el conflicto, diarios como La Opinión Nacional de Lima describió a Chile como un "País aventurero, codicioso; intrigante'~, cualidades que venían de los "instintos de su raza, que procede del galeote y del araucano, en deplorable consorcio .. . "(1879, t. III: 470). La prensa peruana también ridiculizó el mito del "roto chileno": La Patria de Lima declaró que el roto, tan glorificado en la prensa chilena, no es nada más que un "esclavo adscrito a la gleba" de un sistema feudal. En cuanto a su supuesta superioridad, el roto es producto de una "Raza mezclada del salvaje araucano, con la escoria europea... “(7-X-1880: 2)
 Sir Clements saco de los hombros el peso de la derrota que significaba entre otras cosas corrupción de la élite gobernante, falta de preparación adecuada de la marina y el ejército, carencia de una estructura de mando, falta de unidad política entre civilistas, nacionales y partidarios de Peirola, entre otras cosas, y desvió la mirada, hacia un enemigo imaginario “Gran Bretaña” la primera potencia mundial del momento. Esta demás decir que esta tesis se trasformó en una verdad sacrosanta enseñada en los colegios y universidades, escrita y reescrita en textos de historia. Debemos decir que esta terrible revelación realizada por Sir Clements no afecto en nada las relaciones de Perú con Gran Bretaña, muy por el contrario se volvieron más afiatadas, desde que se iniciara la explotación del caucho en las selvas amazónicas, por tanto era evidente que las elites políticas y económicas del Perú no les produjo ningún impacto en su ethos nacional esta supuesta verdad.
El historiador peruano  Rafael Mellafe, confirma este punto sobre la necesidades de las élites gobernantes peruana de justificar el ingreso a la guerra, ya que era difícil explicar al pueblo en general que una contienda entre Chile y Bolivia terminara primero con la intervención de Perú y luego la perdida de significativos territorios frente a su vecino, además de soportar más de tres años de invasión; de esta suerte la revelación del historiador británico y del político norteamericano les servían perfectamente como un “chivo expiatorio”.
El mito de un Perú destruido por Inglaterra comenzó a ser aguas en la década de los cincuenta del siglo XX, cuando el historiador británico Victor Kiernan publicó Foreign Interests in the War of the Pacific”, este texto es  un detallado estudio que se basa en la documentación oficial del ministerio del exterior inglés. En esta investigación Kiernan demuestra con pruebas la nula ayuda del gobierno Inglés hacia Chile, hace presente que para 1879 Inglaterra no veía un  resultado claro de la guerra, que además los intereses financieros británicos eran mayores en Perú que en Chile, como estaba acreditado en los archivos de la casa Gibbs, que incluso informes oficiales mostraban que los intereses de los capitalistas chilenos en la empresa del salitre eran contrarios a los capitales ingleses que se encontraban en el Perú. Cabe agregar además que las élites peruanas tenían estrechos vínculos con los financistas ingleses, lazos construidos desde 1848, mientras que las relaciones de los chilenos eran menores y a veces tangenciales, a pesar de que banqueros británicos tenían importantes casas comerciales e inversiones en ciudades como Valparaíso o Coquimbo. Un hecho que destaca Kiernan es que el gobierno inglés antes de la guerra vendió barcos y armas a Perú sin ningún problema y durante el conflicto si bien prohibió la venta de armas al país de los incas, también lo hizo con Chile, para seguir la regla de los estados europeos de no intervención, esto no impidió que armas británicas de contrabando llegaran a manos del ejército peruano y chileno, con cierto beneplácito del gobierno de su majestad.
Victor Kiernan destruye todo el edificio conspirativo construido por los historiadores peruanos y Sir Clements hasta ese momento. El famoso investigador  peruano  Jorge Basadre en su monumental obra de Historia del Perú, después de revisar los trabajos de Kiernan, reconoce que no existe ninguna prueba sustancial que acredite la intervención de Inglaterra como gobierno en favor de Chile, pero defiende la postura que si bien el gobierno inglés no participo activamente en contra de Perú, si lo hizo el empresariado y la banca británica, solo así Basadre puede explicar los éxitos de la diplomacia chilena en su propaganda en  Europa. Pero lo que olvida este respetado historiador, era la desconfianza generalizada de los estados como Francia, Italia, Alemania o Inglaterra hacia Perú; debido a sus deudas impagas, a una política económica desacertada,  basada en la impresión de papel moneda y el aumento de impuestos al consumo interno como forma de solventar los gastos de la guerra contra Chile, política que a la larga provoco una hiperinflación y una incapacidad del estado de poder afrontar sus obligaciones económicas tanto internas como externas, por esta razón, las acciones del gobierno de Chile en Europa tuvieron tanto éxito, no por tener una diplomacia excepcional o gozar del apoyo de los grupos financieros ingleses, sino por las políticas del propio gobierno de Perú, a este respecto recomiendo leer el artículo del profesor  Fernando Armas Asín “Financiar la guerra: planes fiscales, lucha política y crisis inflacionaria en el Perú (1879-1880)” .
Victor Kiernan
  
 En su libro Basadre también hace notar que hubo una falta de apoyo inglés a un tratado menos oneroso para el Perú, con esto desliza la idea de que al final de la guerra Chile contaba con un apoyo muy decidido por parte de las autoridades británicas, apoyo obtenido gracias a los grupos de banqueros y financistas de ese país, lo que no menciona el historiador peruano, que el siglo XIX estuvo plagado de tratados onerosos, que la entrega de territorio era parte de las compensaciones de guerra habituales, que la guerra había tenido un alto costo para todas las partes incluida Chile, que Perú no estaba en condiciones de pagar una elevada indemnización de guerra como lo exigía el estado vencedor, por tanto la entrega de Tarapacá era la compensación aceptada, tanto por el gobierno del general Iglesias, como también de Montero, mientras que las regiones de Tacna y Arica quedaban en calidad de “prenda”, hasta la realización del plebiscito estipulado en el Tratado de Ancón, por tanto, Perú solo entregaba una sola región en estricto rigor a Chile, a este respecto es muy importante la contribución que realiza el historiador peruano Eusebio Quiroz Paz-Soldán  y su artículo “EL ESPIRITU DEL TRATADO DE ANCON” . La intervención de Inglaterra, Francia y EE. UU en el tratado de Ancón fue exclusivamente con la intención de cuidar los intereses de sus conciudadanos, imponiendo al vencedor ciertas cláusulas para que reconociera las inversiones realizadas por sus conciudadanos, y en ningún caso, para apoyar las acciones de Chile, para eso solo debe verse la agresiva diplomacia por parte de Francia e Inglaterra a la hora de defender el pago por parte de Perú y Chile de la inmensa deuda que habían contraído el primero de estos países bajo cargo de la explotación del Guano de la región, recordemos que Francia incluso estuvo a punto de realizar una intervención militar, con cierta aceptación por parte de Estados Unidos.
 Fuera de lo antes mencionado, Jorge defiende al político norteamericano Blaine y lo califica de un hombre justo y correcto en su vocación política, claro está que omite el tema del enriquecimiento ilícito a costa del Perú que estaba realizando el secretario de estado norteamericano, y que las intrigas realizadas por este hombre, a Perú le costó una buena cantidad de tierras y vidas, ya que los esperanzo en una supuesta ayuda de EE.UU que nunca se concretó.
Jorge Basadre
Lo importante del tema es que uno de los mayores historiadores del Perú reconocía públicamente que el Estado Inglés no había tenido ninguna injerencia en la guerra. El historiador Rory Miller en investigaciones posteriores llega a los mismos resultados que Kiernan, más aun Miller descalifica las ideas de Basadre, y demuestra que el capital británico tampoco tuvo ninguna injerencia sustancial en la guerra, las ideas de Miller son posteriormente corroboradas por el historiador David Healy, quien después de hurgar exhaustivamente en los archivos de la casa Gibbs demuestra las relaciones estrechas de los capitales ingleses y peruanos. David coloca de relieve como José Rafael de Izcue, ministro de Hacienda durante los primeros meses de la guerra “…decidió inicialmente optar en abril (1979) por medidas de emergencia: empezó obviamente por pedir adelantos de mesadas a los contratistas de Cuba y Puerto Rico, y Peruvian Guano de Europa” (P), echando por la borda la conspiración de los grandes magnates británicos en la derrota del Perú.
Para la década del 70’ y 80’,  las fantasías creadas por Sir Clements estaban más que superadas, los historiadores peruanos Heraclio Bonilla  y Hugo Pereyra P. llevaron la punta de lanza en rebatir el viejo mito de la guerra contra Inglaterra.  El primero de estos historiadores, estimaba que el involucramiento del Perú en el conflicto se había producido por su propia política de temor frente al expansionismo de Chile, esto lo había empujado, en primer lugar, afirmar en 1873 la alianza de defensa <<secreta>>, con el objeto de impedir que Bolivia y Chile tuvieran un acercamiento que terminara en un pacto parecido “La motivación fundamental, por consiguiente, se debió al temor del Perú de que Chile pudiera establecer un pacto militar con Bolivia que perjudicara a los intereses del primero” (Un Siglo a la Deriva. Ensayos Sobre el Perú. p 154). Bonilla a demás desecha la supuesta intervención inglesa en el conflicto por motivos económicos, ya  que desde la década de 1840, la riqueza del guano estaba en manos británicas, aún más Perú era el mayor beneficiario de los préstamos de la banca de este país, transformándose en uno de los estados más endeudado del mundo   “El guano por consiguiente estuvo enteramente hipotecado al conjunto de acreedores externos (ingleses en su mayoría y franceses)” (Bonilla. p 156). Al referirse a la guerra del Pacifico, Bonilla  desestima una participación de Inglaterra en la contienda, más aún, califica este punto como una mera explicación conspiratoria, pero que no se ajusta a la realidad de los hechos “La segunda, asociada a una historiografía de signo radical, plantea por el contrario que en el fondo la guerra de Chile contra el Perú era una guerra de Gran Bretaña; es la tesis conspiratoria: los ejércitos peruanos, chilenos y bolivianos, serían una suerte de marionetas cuyos hilos habrían estado manipulados magistralmente desde afuera. Ni una ni otra evidentemente son apreciaciones correctas; la realidad histórica, como siempre ocurre, es irreductible a este tipo de simplezas” (Bonilla. p 167).  Por tanto Heraclio Bonilla es tajante en admitir que el gobierno británico NO tuvo participación alguna en la guerra al decir “Esta conclusión, en la que se refiere al gobierno británico, me parece hasta la fecha indiscutible (al referirse a la investigación del historiador inglés Kiernan)” (Bonilla. p 168).  

Heraclio Bonilla
Bonilla destruye otro mito, queda fundamento a la tesis conspirativa de una Inglaterra involucrada en la guerra, este era: la casi nula venta de armas y equipos bélicos al Perú durante la contienda, en apoyo de la agresión chilena. El historiador peruano nos afirma que, por el contrario, Gran Bretaña fue un proveedor de armas y préstamos para ambos bandos,  incluso recalca que para 1879 los aliados eran vistos como seguros vencedores en la contienda, por su mayor número de tropas y población, por tener el apoyo de los grandes señores empresarios, mientras que Chile era considerado como una potencia de cuarta. El cambio lo vino a dar el combate naval de Iquique, que demostró al mundo que Chile estaba mejor preparado para la lucha, por tener oficiales y tropas bien entrenadas, que además estaban dispuestas a grandes sacrificios, esto debido a que tenían un concepto de nacionalidad que los peruanos y bolivianos aun no adquirían del todo.
Otro punto que Bonilla desmiente es la supuesta superioridad militar de Chile en armamento a inicio de la contienda, reconoce que la escuadra del sureño país no estaba en su mejor momento, a pesar de contar con dos poderosos blindados, que la crisis económica que afectaba a Chile no lo tenía en un plano de superioridad como afirmaba la historiografía decimonónica del Perú, pero que pudo sacudirse de manera más óptima todos los problemas que le afectaban gracias a un espíritu de unión nacional, a un proyecto país, dirigido por las elites liberales y una consolidada democracia, todas estas cosas que Perú carecía al momento de la guerra y que a la larga será el motivo principal de su derrota.
El segundo de los historiadores citados, nos referimos a Hugo Pereyra P, es un destacado investigador y docente que se ha entregado casi de lleno al estudio del siglo XIX del Perú, en sus diversos trabajos debemos destacar su libro  Andrés A. Cáceres y la Campaña de la Breña” (2006), con el que obtuvo su doctorado y “Trabajos Sobre La Guerra Del Pacifico Y Otros Estudios De Historia E Historiografía Peruana”.
Pereyra al igual que Bonilla critica fuertemente el espíritu conspirativo de los trabajos de Sir Markham y la posterior escuela conspirativa que se formó en torno a la tesis creada por este investigador inglés , tesis que a su juicio están más que superadas por las investigaciones y publicaciones realizadas a partir de la década de los cincuenta.
En su ensayo “La política exterior y la diplomacia del Perú en la génesis y el desenlace de la guerra del Pacífico”, Pereyra expone como idea principal, que las relaciones diplomáticas del Perú antes, durante, y terminado el conflicto, se deben comprender desde un punto de vista “realista” y no “idealista”, por tanto, expone que el país del Tahuantinsuyo saco el máximo provecho de su situación estratégica, realizando una alianza con Bolivia que la llevara a un plano de superioridad frente a un agresivo y expansionista estado de Chile. Esta política peruana sería el factor detonante de la guerra, y no la injerencia de los capitalistas y el gobierno de su majestad, aunque cabe decir que a juicio de Pereyra, el Perú iba a tener un conflicto contra su vecino del sur firmara o no el tratado de defensa, ya que era ineludible, debido a los intereses antagónicos que existía en las regiones salitreras por parte de ambos estados.


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Según el historiador peruano, su país se jugó todas las cartas que pudo  en el plano internacional, pero su historial como estado poco serio y deudor, ayudo fuertemente a que las naciones europeas tuvieran una visión muy poco favorable, a excepción de Francia. Pero si en Europa Perú no tuvo éxito, si lo hizo en América, logrando el apoyo de Estados Unidos y gran parte de los países hispanoamericanos, los cuales veían con temor la agresividad expansionista de Chile, al alero de una propaganda peruana fuerte para aumentar los resquemores en contra del sureño país. Esta política diplomática del Perú, le valió poder contar con la ayuda inestimable de países como Colombia, Ecuador, Guatemala y México, los cuales hicieron la vista gorda al momento de internar armas de contrabando para armar a los ya bien derrotados ejércitos peruanos, solo así se puede explicar que Piérola después de la batalla del Campo de La Alianza pudiera comprar y armar las poderosas defensas de Lima.
Siguiendo esta línea, Pereyra desecha toda intromisión por parte de Inglaterra en ayuda de Chile, considerando las políticas británicas acorde a una guerra fuera de su área de influencia inmediata, resalta que la Corona estaba más preocupada de sus fronteras en la India y de sus interés en China que de un conflicto remoto entre dos estados que tenían lazos comerciales con sus entidades financistas.
Al concluir la guerra y firmarse el tratado de Ancón, según el destacado investigador peruano los estados firmantes desecharon toda injerencias externa, y se preocuparon de llegar a un arreglo lo más ventajoso posible para ambas partes. En el caso de Chile, este trato por todos los medios de desentenderse de las deudas contraídas por Perú con banqueros ingleses, para aceptar al final pagar en parte esa deuda por presión de la Banca inglesa. Mientras que Perú logro con éxito solo perder una provincia (Tarapacá) y dejar en prenda Tacna y Arica, de esta manera alejaba la posibilidad de que Chile pudiera obligar a vendérselas, como era el claro deseo de la administración del presidente Santa María, para luego traspasarla a un estado boliviano que históricamente había usufructuado más del puerto de Arica, que el de Antofagasta, que además comprendía que la sesión de Tarapacá por parte de Perú significaba tácitamente la perdida de todo su litoral en cualquier tipo de arreglo con Chile, por ello, la necesidad de obtener urgente algún tipo de concesión por parte de Chile a expensas de los territorios soberanos del Perú era su prioridad diplomática.
Como se puede apreciar, Perú fue exitoso en su diplomacia frente a la derrota, perdiendo solo una provincia, y quedando con la llave para llegar algún tipo de acuerdo por las provincias en calidad de “prenda”, con esto Pereyra expone que frente al colosal desastre, Perú no salió tan mal parado, y por su puesto desestima toda injerencia inglesa en el resultado final del tratado de Ancón a la luz de los hechos.
En resumen hemos apreciado como una mentira creada por un político de dudosa reputación como Blaine, que buscaba el provecho personal y la expansión hegemónica de su país, se transformó en una verdad de estado al ser expuesta por un serio y respetado historiador como Sir  Markham, este último llevado por su amor hacia el Perú, y no a un trabajo científico sostenido en fuentes como se esperaba. Con el tiempo el estado peruano se aprovechó de esta mentira transformándola en sentencia de verdad para poder explicar todas sus falencias y culpas en la derrota. Finalmente la tesis conspirativa hizo aguas frente a la realidad de los hechos a tal punto que la intelectualidad peruana ha tenido que aceptar la realidad, que Inglaterra no tuvo mayor importancia en la guerra, y la derrota se debió a causas intrínsecas del Perú y a la superioridad de su vecino del Sur, que tenía un proyecto país, que por aquella época el Perú no tenía. 

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Como reflexión final sería prudente que el discurso histórico intelectual  peruano se permeara a la educación general y al conocimiento público, para que de esa manera la mentira no sea una verdad sostenida hasta hoy como una verdad histórica, recordemos que solo la verdad puede lograr que las relaciones entre estados rivales se sostenga por muchos años.   

lunes, 26 de marzo de 2018

TAMBILLO Y CANCHAS BLANCAS DOS BATALLAS QUE NUNCA EXISTIERON






TAMBILLO Y CANCHAS BLANCAS DOS BATALLAS
QUE NUNCA EXISTIERON

El patriotismo es la virtud de los depravados.
 Oscar Wilde

            Meditando esta oración El patriotismo es la virtud de los depravados”, del brillante dramaturgo y escritor irlandés Oscar Wilde, no puedo dejar de pensar en la actitud de algunos estadistas de América Hispana, muy en particular de Evo Morales, presidente de Bolivia, quien en un deseo de mantener su gobierno a toda costa, juega a encender la llama de un patriotismo nacionalista que raya en la estupidez máxima, con  marchas catárticas que cada año realiza el estado boliviano en el día de la pérdida del litoral, alimentando viejos récores bajo el slogan “Mar Para Bolivia”, como recordándole al pueblo altiplano quien es su enemigo, y el porqué de su pobreza y subdesarrollo. Estas afirmaciones no las realizo desde mi nacionalidad chilena, ni mucho menos, creo que Chile y Bolivia deben llegar a un acuerdo sobre el tema de una salida soberana al mar, pero sostenida en un ambiente de amistad, sinceridad y confianza, construida después de años de trabajo en conjunto, un buen ejemplo de esto es la Unión Europea, que se inició en la década de los años 50’ entre dos estados que habían sostenido dos de las guerras más mortíferas del siglo XX, me refiero a Alemania y Francia, a través del tratado del “Hierro y el Carbón”. Ese momento existió entre ambos estados, cuando Bolivia casi al inicio del gobierno de Evo Morales y Chile durante la primera presidencia de Michelle Bachelet, realizaron un acercamiento político y económico real, concreto,  pero por esa estúpida idea política muy arraigada en América de obtener dividendos rápidos, se hecho todo el trabajo por la borda, hasta llegar al día de hoy, en un ambiente enrarecido y bajo una verdadera disputa por quien logra la “victoria” en el tribunal de la Haya. Creo que cualquier desenlace que tenga la demanda marítima de Bolivia frente al tribunal internacional, siempre será de derrota para ambos países.
       En este nuevo panorama de disputa, el gobernó de Evo Morales hace ya algún tiempo a estado construyendo un nuevo mito sobre la guerra del Salitre o del Pacifico, con una intención muy clara, sacar provecho político a largo y corto plazo, el juego que ésta realizando el presidente del país altiplano es peligro, pero no carente de utilidad práctica. Bolivia es uno de los países de la región más pobre y subdesarrollado, a pesar de que el gobierno de Morales ha logrado subir las cifras de educación, analfabetismo, producción, exportación, etc. Aún está lejos de lograr un desarrollo como Argentina, Colombia o Chile. Su largo gobierno de más de una década (22 de enero de 2006 hasta hoy) se ha ido gastando políticamente, y el pueblo boliviano espera un cambio en el timón de mando, por esta razón el año pasado durante el referéndum para realizar algunas enmiendas a la constitución, entre estas, permitir a Evo Morales una nueva reelección, el soberano dijo <<NO>>, como todo hombre que ha estado en el poder, Morales se a encariñado con este, su partido el MAS, también, ya saben: trabajo, puestos políticos, ayuda a la familia, corrupción en los puestos administrativos, entre otras preventas que vienen asociadas con el poder político prolongado por desgracia y que son tan difíciles de desarraigar en nuestra América Morena.
Por esta razón, Evo que se ve a sí mismo como un segundo fundador del estado boliviano, que ahora tiene el apellido de plurinacional, desea dar un golpe efectista a la sociedad entera de su país, al lograr la tan ansiada salida soberana al mar, a través del litoral que ahora está en posición chilena. Morales sabe que eso sería tan grande, que se encumbraría a los  sitiales de un Eduardo Abaroa Hidalgo (héroe de la Guerra del Pacifico) o  Luis Pando (héroe de la Guerra del Chaco), de ahí su demanda ante el tribunal internacional de la Haya. No contento con esto, a pesar de ser un gran logro frente a su pueblo y con ese espíritu de refundador o creador que parece tener en su mente mesiánica, ahora ha decidido cambiar el rostro de Bolivia, desde un país derrotado y humillado por todos sus vecinos (Chile: Guerra de la Confederación y del Pacífico; Perú: Guerra peruano – boliviana de 1841 -1842; Brasil: Guerras del Acre y Purús; Paraguay: Guerra del Chaco) a un país heroico, que por circunstancias torcidas ha sido derrotado, pero jamás humillado.
Eduardo Abaroa Hidalgo

Ahí está el punto en que Evo tiene serios problemas en su nueva visión de la historia de Bolivia, en todas las guerras que ha sostenido el país altiplano, solo con Chile no ha podido derrotarlo en ningún encuentro o batalla, las armas bolivianas solo han cosechado derrotas frente al ejército de Chile, por tanto, como lograr cambiar esa mirada es el problema.         
Por esta razón, el gobierno de Evo Morales en los últimos años ha impulsado una política para tergiversar la <<verdad histórica>> sobre los hechos de la Guerra del Pacifico, tanto las causas de esta, como las acciones de armas, con la clara intención de crear una “nueva” visión del conflicto que se ajuste a la ideología que sustenta hoy a su gobierno o sea de un pueblo heroico, jamás vencido y siempre vencedor. Este punto no nos debería sorprender para nada, es propio de ideologías de extrema derecha, como de izquierda, crear una serie de mitos en los cuales sustentan sus acciones, por ejemplo tenemos el caso de la dictadura del general Augusto Pinochet Ugarte, quien durante sus diecisiete años de gobierno personal, construyo una visión del prócer Bernardo O`Higgins y del ministro Diego Portales que se ajustara a su consigna de gobierno, por tanto, la manipulación descarada de los hechos históricos no son para nada sorprendentes, ya lo exponía el escritor británico George Orwell en su novela distópica  “1984”, en donde el cambió del pasado es una política de estado, para controlar a las masas ignorantes en el presente, ya que ”la ignorancia es la fuerza” como rezaba uno de sus slogans y fundamento ideológico, porque la fuerza es el control del poder por un grupo, como el MAS en el caso de Bolivia.
            Evo Morales está apelando a esta manipulación de los hechos históricos para crear su visión nacionalista y popular en el país altiplano, en donde se conjuguen tres elementos, el primero de ellos, construir la falsa identidad nacional única, aunque parezca una contradicción con la consigna que está en la Constitución,  en la cual se lee el concepto de “Plurinacional”, el punto esta en crear la concepción que el pueblo bajo, el ejército y el mundo indígenas siempre estuvieron unidos, ya que estos grupos fueron explotados por las elites de poder, de esta manera forman una unidad en la diversidad cultural y la explotación.

George Orwel
En segundo lugar, introducir un nacionalismo más extremo, sustentado en que su pueblo son orgullosos vencedores, guerreros indómitos que cuando están unidos en una causa de justicia nacional y defensa de su tierras son insuperables, por tanto las derrotas del estado boliviano en todas sus guerras se pueden explicar por acciones que escapan al pueblo mismo, ya que fuerzas oscuras dirigidas por la burguesía “vende patria”, egoísta y con una visión capitalista no han tenido ningún escrúpulo de anteponer sus deseos por sobre el bien de la patria, son estas elites políticas compuesta por empresarios mineros, ricos terratenientes, militares de alto grado corruptos, las que han logrado imponer un estado de derrota y postración permanente en Bolivia. Este grupo de la burguesía reaccionaria no ha sido capaz de oponerse a las fuerzas imperialistas mundiales del pasado como Inglaterra y su títere Chile, aún más se han unido a las políticas de estas para arrebatar el orgullo  y la riqueza nacional. 
En tercer lugar, esta nueva concepción de unidad y nacionalismo le permite al gobierno manipular la conciencia cívica del pueblo boliviano apuntando su descontento político y social en otra dirección, como por ejemplo los partidos de oposición, de esta manera el presidente Evo Morales como cualquier hombre de convicciones extremista desea crear una verdadera  dictadura  sostenida por una pantomima de democracia y derecho, muy parecido a lo que logro crear el coronel golpista Chaves y su  sucesor monárquico en la república bananera de Venezuela Nicolás Maduro.
            Es en esta política de afianzamiento de una dictadura “legal”, en que Evo Morales ha lanzado su ofensiva histórica sobre la Guerra del Pacifico y la pérdida del litoral. En un primer momento fue a través de su apoyo a ciertas “teorías” esgrimidas por historiadores bolivianos como Edgar Oblitas Fernández y su libro  “Historia Secreta de la Guerra del Pacífico",  Hugo Roberts Barragán "La Gran Traición" y Roberto Querejazu Calvo "Guano, Salitre y Sangre". Estos textos revisaban las causas que llevó a la derrota boliviana en la conflagración, haciendo de estas teorías verdades de estado, es en este interés por reescribir la historia y no por reinterpretarla, cosa que está bien, que el gobierno ha inventado literalmente victorias militares, que hasta unos años atrás era impensable, ya que las porfiadas fuentes así lo acreditaban.

Roberto Querejazu Calvo
            En este plano de crear victorias militares en grandes batallas se encuentra la de <<Tambillo>>, esta escaramuza entre soldados chilenos y bolivianos aparece por primera vez tergiversada en la película “Amargo Mar” del director Antonio Equino, quien tomándose una serie de licencias históricas hace aparecer la mencionada escaramuza como una gran batalla, en donde los bolivianos superados en número, sin comida, con la participación activa de mujeres, lograron derrotar a toda una división del ejército chileno (ver artículo en este mismo blog de la citada película). Ahora bien, las fantasías del director pueden ser en parte disculpadas, ya que los films son creaciones, y por tanto, poseen un espacio para inventar cuestiones sociales, políticos, económicos, entre otras cosas, que no necesariamente se ajustan a los hechos históricos en que supuestamente están fundado el guion, pero otra cosa es publicar un documento OFICIAL del gobierno titulado “Manifiesto del coronel Rufino Carrasco sobre la expedición al litoral boliviano en 1879”,  impreso por el Ministerio de Defensa del país altiplano en el año 2016.
            El citado texto  se divide en dos partes, en la primera, se realiza una biografía del personaje titulada: “General de Brigada Rufino Carrasco (1817-1891)”,  mientras que la segunda parte es un documento – fuente que fue escrito por el citado Rufino Carrasco y publicado en 1880, o sea en plena guerra.
            En la biografía de Rufino Carrasco,  el historiador boliviano realiza varias aseveraciones totalmente falsa, que incluso se contradice con el texto del propio Rufino, además de que todas las fuentes al respecto son categóricas al exponernos los hechos. El citado biógrafo nos afirma sin ningún grado de vergüenza, ni escrúpulos que: “Anoticiado el jefe chileno de Calama de estos hechos, envío a los “Cazadores del Desierto”, compuesto por 300 hombres, con el que combaten los “Franco Tiradores” bolivianos en el barranco de Tambillos el 6 de diciembre, realizando una verdadera cacería sobre los citados Cazadores” (p 6). Se puede percibir en la cita un nacionalismo mal disimulado y una sed de revancha, ya que el citado biógrafo utiliza un término muy poco apropiado al referirse a “seres humanos”, como “…una verdadera cacería…”, el deseo de magnificar los hechos salta a la vista, al igual que en la película del citado Equino, pero que hay de cierto en todo esto, veámoslo.

            Revisando las fuentes tanto chilenas, como bolivianas se puede construir los hechos acaecidos ese día 6 de diciembre de 1879, según testigos del poblado de Tambillo y sus alrededores recopilados por Eva Siarez en su libro de memoria histórica titulado “Crónicas”, los granaderos chilenos no sobrepasaba la veintena:  “cuando una pequeña división chilena de 20 granaderos a caballo que estaba de guarnición en Tambillo, al mando del teniente Emilio Ferreira fueron sorprendidos por 150 hombres pertenecientes a una montonera boliviana, al mando del Coronel Carrasco…”,  o sea la cantidad de granaderos es visiblemente menos a los exagerados 300 que coloca el biógrafo boliviano, esta información es aseverada por el propio Rufino cuando expone: “Despues de veinte minutos de combate se desalojó completamente al enemigo de sus posiciones inaccesibles, obligándolo á una fuga precipitada dejando en poder nuestro 19 prisioneros, 18 rifles wischester, 17 espadas, 26 véstias, monturas, fortituras, vestuario y municiones” (p 5), si el ataque boliviano hubiera sido en contra de trecientos hombres como alegremente nos dice esté biógrafo, la cantidad de armas, pertrechos y prisioneros serían considerablemente mayor, y no la exigua cantidad que nos expone Carrasco, concordando con el número de hombre que tenía el teniente Ferreira, este punto también es ratificado por Hilario Bouquet comandante de los Cazadores del Desierto, quien en carta al general en jefe del ejército Erasmo Escala asevera que la cantidad de soldados de Ferreira no sobrepasaba los veinte, carta aparecida en el “Boletín de la guerra del Pacífico 1879-1881”. Durante el juicio militar al teniente Ferreira por haber perdido a la casi totalidad de sus hombres, uno de los puntos utilizados por su defensa, fue que los bolivianos lo superaban ampliamente en número, las fuentes tanto chilenas como bolivianas desmienten tajantemente la ridícula aseveración del historiador – biógrafo de este texto.
            Con relación a la escaramuza, el (alférez) teniente Ferreira nos dice en carta del 25 de febrero de 1880, desde el puerto de Antofagasta, al historiador y político liberal Benjamín Vicuña Mackenna “Yo i la tropa, estábamos resguardados por una muralla de un poco más de metro de altura. El motivo porque eché pie a tierra fué porque solo tenía 52 tiros por plaza, la jente mui recluta para apuntar, i a caballo no habría podido hacer el menor daño a una masa de más de 160 hombres…” se desprende de la cita que Ferreira está en una clara inferioridad numérica y por esta razón se parapeto para causar más daño a las fuerzas de Carrasco, más aún en este punto ambas fuentes son concordantes, ya que el coronel Carrasco nos dice: “ Siguiendo la marcha á hora cinco, recibimos de súbito una descarga cerrada, á la que contestamos, sucedindose un fuego nutrido.- el enemigo dia ántes había elejido una posición ventajosa y construido parapetos…” (p 4).  Continuando el teniente Ferreira, esté nos refuerza el hecho de que sus hombres eran escasos y que se vio flanqueado con relativa facilidad por el numero abrumador de bolivianos “El reducido número de mi tropa, me dejaba siempre a descubierto del enemigo, por lo que luego me ví flanqueado por él, viéndome en la precisión de abandonar mi posición i retirarme a un cerrito, como a 200 metros a mi retaguardia. Al desprenderme de la muralla me dí un golpe, rompiéndome la mano derecha i sufriendo de la rodilla del mismo lado”, nuevamente en este punto Ferreira es corroborado por la descripción que realiza el coronel  Carrasco, cuando nos expone: “….- Ordeno al teniente Coronel Moscoso que mandara echar pié á tierra á su fuerza, desplegara por la izquierda en guerrilla y salvando una pequeña pendiente apagara los  fuegos contrarios…” (p 5).

            Aún más después de leer el manifiesto de Carrasco, se nota como buen militar, que desea exagerar su gesta, cuando afirma que un pequeño grupo de soldados podían defender las casi inexpugnables defensa de Tambillo, que él conquisto en veinte minutos, pero la verdad que su abrumador número de soldados, que superaban a las fuerzas chilenas según las diferentes fuentes entre uno a ocho, era casi imposible que fuera derrotado.
            La licencia que se toma el historiador boliviano en la escaramuza de Tambillo no termina ahí, sino que realiza una afirmación que puede considerarse tan o más falsa  que la anterior al decirnos: “Lejos de recibir el pequeño refuerzo que solicitaba para el rescate del Litoral, llega al campamento de aquellos leones del desierto un correo extraordinario con la orden terminante de retirada. Abandonando en poder del enemigo el territorio conquistado, tal como Daza hizo en San Francisco, haciendo tocar retirada precisamente en el momento en que nuestras fuerzas comenzaban a cantar victoria”.  Esta afirmación no tiene ningún asidero de nada, en primer lugar las fuerzas bolivianas de la fantasmagórica V división NO estaba preparada para ningún encuentro, carecía de suficientes tropas bien entrenadas, avituallamiento, armas modernas (aun usaban en su gran mayoría rifles con sistema de <<piedra>>), animales tanto de carga como monturas y dinero (incluso no tenían para pagar los sueldos de la soldadesca como el mismo Rufino Carrasco hace notar), como queda bien testificado en la correspondencia entre Narciso Campero y el estado mayor. Por otro lado, una gran expedición boliviana a través del desierto necesitaría gran cantidad de alimentos, forraje para los animales y agua, cuestión que por aquel entonces era imposible de obtener en la cantidad requerida en los pueblos de San Pedro de Atacama, Chiu – Chiu y Calama. Cualquier avance de una gran fuerza necesitaría grandes convoyes de aprovisionamiento o el desierto hubiera destruido a los soldados antes de combatir, eso lo comprendió Campero y Daza, incluso en Chile el presidente Pinto desde la lejana ciudad de Santiago decía: “Abril 13.-Anoche recibimos de Caldera otro parte tuyo en el que hablas de concentración de fuerzas peruanas i bolivianas sobre el Loa. ¿Qué fuerzas bolivianas son esas? Por donde han venido? ((No creo ni por un momento que peruanos i bolivianos piensen en pasar el Loa…”.  
Ahora por un momento pensemos en forma positiva, pensemos que las fuerzas de la V división estaban listas y bien armadas, que los alimentos sobran, al igual que el agua, de llegar a la costa deberían batir a una fuerza de chilenos de más de tres mil plazas, con armamento de primera y con el apoyo de la armada, fuertemente parapetadas. Por esta razón Campero no pudo enviar refuerzo, sabía de la inutilidad de la acción y del desastre que provocaría.
             Toda esta historia inventada por el biógrafo de Carrasco tiene como objeto crear la idea entre los lectores que Bolivia perdió la guerra por las elites de poder corruptas y vende patrias, ya que se afirma que después de la “gran victoria” de Tambillo Rufino fue encarcelado y sus hombres disueltos: “El temible Flores, desarmó y disolvió a los “Franco-Tiradores” que volvían triunfantes del desierto y al que el pueblo justiciero manifestaba francamente su adhesión, gratitud y simpatía” , pero en realidad Rufino fue detenido por realizar una serie de críticas al alto mando, incluido al general y presidente Narciso Campero, de las cuales salió absuelto. Mientras que no está claro que los Franco – Tiradores hayan sido disueltos por motivos políticos o relacionados con sus acciones en Tambillo, las fuentes nos dan a entender que fueron absorbido por otros batallones, ya que los vemos batirse en una de las verdaderas batalla de la guerra, nos referimos a la del Campo de la Alianza en Tacna, en donde las fuerzas bolivianas fueron diezmadas y destruidas por el ejército expedicionario chileno.
            Otra batalla fantasma, creación del gobierno de Evo Morales y sus asesores es la de Canchas Blancas, a diferencia de la anterior, de está no se tenía ningún registro, no habían fuentes, ni partes militares, ni informes, no habían testimonios, por tanto no aparecía en los libros de historia e investigación de ambos países, pero el Ministerio de Defensa de Bolivia en un mágico y portentoso hallazgo, publico “Memorias del Cnl. Ezequiel Apodaca. Potosí-Cotagaita-Camino a Canchas Blancas 1879-1880”, el lanzamiento de este documento oficial e inédito fue durante la conmemoración del día del Mar, por las máximas autoridades, de hecho tanto Evo Morales como su vicepresidente Álvaro García Linera realizaron sendas rondas de prensa para alabar la gesta del ahora famoso coronel Apodaca.

            Según el presidente Evo Morales, esta “gran victoria” del pueblo boliviano sobre el invasor chileno, fue una de las más grandes gestas de Bolivia durante la guerra, los chilenos deseaban apoderarse del sur del país altiplano, pero el pueblo bajo, el ejército y las comunidades indígenas se unieron para realizar tal epopeya, de más está decir que esta batalla representa el ideal del estado plurinacional, aún más, parece que la trascripción de la susodicha memoria fuera una falsificación para que se ajustara perfectamente a las ideas de Evo y sus amigos del MAS. Cuando los periodistas le consultaron porque no se sabía nada de esta grandiosa victoria, Morales dio la explicación más peregrina que se pudiera dar, dijo: "la gesta fue <<maliciosamente>>escondida por las élites de ambos vecinos, aún más <<Chile viola el derecho a la información>> mientras que el vicepresidente aseguraba que existía una gran conspiración de las élites para acallar un hecho que hubiera traído consecuencias graves para Chile, como era involucrar al Paraguay a una lucha contra Argentina  que los chilenos no solo querían “quitar” el mar a Bolivia, sino todo su territorio sureño y llegar hasta Paraguay para supuestamente promover desde allá una guerra contra Argentina”, en esta misma línea el coronel Edmundo Sanabria, jefe del departamento de Historia del Ejército Boliviano, señala que “esa documentación era comprometedora contra Chile” ,y por tanto, hubo un pacto de silencio entre grupos de la élite boliviana y chilena para recuperar los panfletos y negar la batalla de Canchas Blancas.
            Todas las explicaciones dadas por las autoridades bolivianas sobre el porqué no se sabía nada de tamaña gesta, son por no decir otra cosa muy ridículas. Rebatiendo lo dicho por Evo Morales, la prensa chilena durante todo el conflicto tuvo una extrema libertad de información, tanto así que el almirante Miguel Grau en su bitácora nos expone que gran parte de las acciones chilenas las leía en los diarios que incautaba. Con relación a las acciones de inteligencia y complot para involucrar a terceros en el conflicto, la documentación oficial, además de la privada es muy extensa y exhaustiva, a través de esta se conoce el espionaje hacia Argentina por Arturo Prat (utilizada por los medios oficiales y periodísticos del país del Rimac en contra de Chile durante la guerra), la oferta hacia Bolivia para salirse de la alianza, incluso pasarse al bando chileno recibiendo en compensación Tacna y Arica, el involucramiento de Estados Unidos, Inglaterra, Brasil. Ecuador, entre otros, porque razón entonces no debía saberse esa tan “comprometedora información sobre Paraguay”, al menos que sea falsa, recordemos que después de la Guerra de la Triple Alianza 1864-1870 (Paraguay en contra de Uruguay, Brasil y Argentina), el estado paraguayo quedo literalmente en el suelo, sus ciudades devastadas, su economía destruida casi hasta sus cimientos y su población masculina diezmada a tal punto que hasta ahora se sienten los efectos, por tanto Paraguay no estaba en condiciones de ser arrastrado a una guerra que hubiera sido su definitivo suicidio.

Otro punto que no está claro para nada, es por qué las elites tanto de Chile como de Bolivia guardaron silencio, se puede comprender que la oligarquía chilena deseara un silencio encubridor, pero las bolivianas a título de qué iban a defender los intereses de Chile, aún más permitieron a los chilenos recuperar los supuestos panfletos y destruirlos, qué perdían los empresarios  bolivianos en concreto si no ayudaban a la oligarquía chilena, debemos tener en cuenta que con este último estaban en guerra abierta y declarada. El señor Morales y sus ingeniosos ministros inventores de victorias aún no han podido establecer las causas concretas de esta supuesta ayuda, solo se han quedado en sus simplonas, pero rimbombantes oraciones, por el contrario para Bolivia hubiera sido tremendamente beneficioso el contenido de estos panfletos, como lo fue para Perú, cuando se apodero de la libreta de anotaciones de Arturo Prat después del combate de Iquique, sacando un buen provecho de lo citado por el héroe chileno cuando estuvo espiando a los argentinos y sus fuerzas militares, estos panfletos  hubiera inclinado a la vacilante Argentina  a un roce diplomático con Chile que pudo haber terminado en una alianza con Perú y ellos, dando un respiro a las derrotas fuerzas aliadas. Las explicaciones de las autoridades altiplanas sobre el encubrimiento de la “Batalla de Canchas Blancas” son por decirlo de una manera suave insostenible a todas luces.
            El celebrado documento “recién encontrado”  nos relata una batalla ocurrida el 12 de noviembre de 1879, en este escrito nos afirma que el ejército de Bolivia propinó un durísimo golpe a las tropas chilenas en la zona conocida como Canchas Blancas, en la región de Potosí, causando centenares de bajas y frenando una invasión a todo el sur de Bolivia. El coronel Apodaca relata que el ejército tenía reportes sobre la presencia en la zona de Canchas Blancas de unos 1.400 soldados chilenos de las tres armas (infantería, caballería y artillería), esta fuerza invasora tenía la misión de apoderarse de la ciudad de Potosí y de los ricos yacimientos minerales existentes en el lugar, además de conectarse con la frontera Paraguaya y realizar una alianza a través del llamado a su nacionalismo recientemente humillado en la guerra de la Triple Alianza.

El coronel Apodaca continua su relato diciéndonos que sabía que las fuerzas chilenas necesitaban con urgencia agua, por tanto tres días antes de la batalla los bolivianos compuestos de los regimiento “Ayacucho”, el “Méndez y el “Granaderos” de Tarija, al mando de sus jefes Lino Morales, Miguel Estenssoro, Justo Villegas y Mariano Colodro, se atrincheraron cerca de un ojo de agua esperando al adversario y repitiendo varias veces el lema “vencer o morir”. En la noche del 12 de noviembre, la columna chilena se acerca al ojo de agua, es en se momento que las fuerzas bolivianas inician el ataque sorprendiendo en emboscada al enemigo, los chilenos no pudieron formas para combate, ya que las fuerzas del ejército de Bolivia atacaban frontalmente, mientras que por la retaguardia los quechuas utilizando hondas derribaban a pedradas a quienes huían, agrega el relato. Entrada la noche las fuerzas invasoras eran totalmente rechazadas. Finalizada la contienda, un coronel desconocido de apellido Villarpando se emocionó al dar un discurso de agradecimiento a los “indiecitos” por haber salvado a Potosí y defendido la Patria.
El balance final de la batalla  firmado por el coronel Lino Morales, fue de 300 chilenos muertos y 400 heridos, muchos de gravedad “que a cada rato mueren por heridas recibidas en combate con bayoneta”,  la tropa boliviana se hizo con un botín que incluía armamento y caballos, pero también miles de panfletos que mostrarían una supuesta intención de Chile de atravesar Bolivia para llegar a la frontera con Paraguay.
El problema de esta fuente es que no se puede contrastar con ninguna otra, por tanto, debemos suponer que todo lo que dice es real y no una alucinación del supuesto coronel Apodaca  o una falsificación burda del gobierno de Evo Morales, como parece ser.
Suponiendo que tal fuente es verídica en sus más mínimos detalles, aún quedan muchas interrogantes que explicar. En primer lugar, según este escrito las fuerzas chilenas serían de unos 1400 hombres de las tres armas de guerra. Un número muy elevado si consideramos la cantidad de población de Chile en la época, recordemos que para la campaña de Lima el ejército de Chile realizando esfuerzos titánicos levanto un ejército de veinte mil soldados, más las fuerzas de ocupación que ascendían a cinco mil. Por tanto, la perdida de tal cantidad de soldados y un desastre de esa envergadura sería imposible de encubrir, más aún, con una presa totalmente libre de informar cómo era el caso de la chilena, que realizaba terribles críticas al gobierno cada vez que las fuerzas del país sufrían un revés, recordemos el caso de la pérdida del barco de trasporte  Rimac o la derrota de las crestas de Tarapacá. Según el parte de Apodaca 300 soldados murieron, cifra que equivale a la derrota en la mencionada batalla de Tarapacá, mientras otros cuatrocientos cayeron prisioneros, si sumamos a los prisioneros y los que lograron huir quedan mil cien soldados que debieron guardar silencio toda su vida, además de sus familias, cosa que ya es muy difícil que suceda, por no decir imposible, a esto debemos agregar que parte de la oficialidad chilena estaba compuesta por hijos de la oligarquía chilena, con poderosas influencia política, cultural y económica, que no se hubieran callado si estos estuvieran cautivos o muertos en una batalla.

Narciso Campero
En segundo lugar, la fuente nos habla de un contingente muy numeroso de hombres y animales que debieron cruzar el desierto y luego avanzar por el altiplano, la pregunta es con que fueron avituallados, ya que la cantidad de forraje y alimento que se requiere es mucha para zonas más bien pobres agrícolamente como Calama, San Pedro y Chiu –Chiu. Cuestión que fue el mismo problema logístico que menciona Narciso Campero y Daza para organizar una contra ofensiva hacia el litoral, por tanto organizar una expedición de ese volumen hubiera requerido de un convoy inmenso traído de la zona central de Chile, nuevamente nos toparíamos con documentación oficial y testimonial que nos hablara de las compras, del trasporte, del movimiento de batallones enteros, entre otras cosas, pero nada, no existe ningún mínimo documento.
Tercer lugar, la supuesta batalla se dio el 12 de  noviembre de 1879, fecha en que el ejército que ocupaba la zona de Antofagasta se componía de un batallón del regimiento Lautaro que tomo posición en la ciudad de Tocopilla; los  Cazadores del Desierto que fueron destinados a la guarnición de Calama. Además de esta fuerza había batallones cívicos. Por tanto las tropas chilenas no ascendían a más de 600 hombres aproximadamente, el resto del ejército o sea 9.500 soldados se encontraban en plena campaña de Tarapacá, después de haber conquistado el puerto de Pisagua a fines del mes octubre de 1879.  Como se puede apreciar, Chile no tenía las tropas que el Coronel Apodaca dice haber batido en la zona de Canchas Blancas.
Otro de los problemas de la fuente en sí, es que no se tiene ningún respaldo adicional sobre el tema, en los partes oficiales del ejército de Chile no se hace ninguna alusión, no hay cartas, ni diarios, no se sabe que batallones integraban la expedición y cuáles eran sus oficiales al mando. Tampoco se tiene ninguna noticia sobre los prisioneros y no aparecen en los registros oficiales cuando se firmó el armisticio de 1884, tampoco está en las listas de intercambio de prisioneros seguido con cierta regularidad por los tres países, siguiendo la convención de Ginebra. Por el lado boliviano es exactamente lo mismo, no hay cartas, diarios,  no se menciona en el “Diario de la Campaña de la Quinta División” texto muy exhaustivo, que si menciona otras escaramuzas con tropas chilenas. Nunca Narciso Campero, Comandante de la División, menciona lo de Canchas Blancas en sus cartas, ampliamente difundidas, sobre todo la del 23 de noviembre firmada en Tomave, 11 días después del supuesto hecho de armas, teniendo en consideración que una delegación de tres oficiales entre los que estaba Apodaca fueron a informar personalmente a Campero sobre la victoria, esto es algo que da para pensar. A parte de todo lo antes expuesto, ningún oficial boliviano que participo en el encuentro bélico, a excepción del citado Apodaca habla de la batalla, en cartas, memorias o texto de alguna clase, tampoco sus familiares escribieron a título de memorias o relatos sobre tal gesta, por tanto, solo queda una explicación muy clara, que el supuesto documento genuino, es una clara falsificación.  
Otro punto que refuerza todo lo antes dicho y que es por naturaleza muy cuestionable, es que NINGÚN gobierno anterior al de Evo Morales, incluso los más nacionalistas, había celebrado este triunfo, pensemos que Bolivia siempre ha exaltado sus derrotas heroicas frente a Chile, como la batalla de la toma de Calama (Topater), Germania, Pisagua, San Francisco, Tacna (Campo de la Alianza), entre otras, por tanto, hubiera sido más importante celebrar una batalla victoriosa de las proporciones citadas en el diario de Apodaca y no esconderla por más de CIEN AÑOS, cuando ningún daño podría causar a las “elites de poder de los dos países”.
La evidencia es demasiado contundente para creer que alguna vez existió una batalla de Canchas Blancas, ni siquiera el gobierno ha ordenado un estudio arqueológico de la zona para tener más pruebas de la susodicha “EPOPEYA” o a permitido a peritos de su país o extranjero revisar el documento, para verificar su autenticidad a través de pruebas científicas. Por tanto, solo, cabe en este caso dos hipótesis, una que la tan bullada batalla solo haya sido una escaramuza entre una patrulla chilena y fuerzas regulares de la V división, cosa que fue común en esos días, luego claro esta exagerada en los textos como la de Tambillo. La segunda que esta sea solo una triste y perversa manipulación del gobierno de Evo Morales para inventar un triunfo y luego sacar provecho político de esto en forma inescrupulosa e indecente, personalmente me deseo inclinar por la primera hipótesis, la segunda seria verdaderamente desalentadora.
Cosas como esta hacen que un acercamiento SERIO hacia una negociación sea tremendamente DIFICIL, por el grado de deshonestidad que tiene el gobierno de Evo Morales. Si el presidente de Bolivia desea una salida al mar, deberá nuevamente desandar sus actos, luego realizar una serie de negociaciones que estructuren un plan de acercamiento hacia Chile, donde la confianza, la buena fe y los puntos que unen a ambas naciones sea el pilar fundamental para después de algunos años iniciar la negociación con vista a una salida soberana al Océano Pacífico, a los franceses y alemanes les costó cincuenta años llegar a una unión, el gobierno altiplano no puede pensar que mañana tendrá la soñada salida al mar.  Para lograr ese fin, los dos países deben mirar el pasado, sin  mentiras, sin batallas que nunca existieron, sin nacionalismos trasnochados y consignas patrioteras que buscan el odio, sino con alturas de miras para construir un futuro mejor para ambas naciones y para que la frase de Oscar Wilde “El patriotismo es la virtud de los depravados” no se haga una verdad de estado.