EN LAS ARENAS DE ARRAKIS

domingo, 27 de agosto de 2017

CÉSAR SANDINO EL ESPÍRITU DE LA DIGNIDAD POÉTICA HISPANOAMERICANA





CÉSAR SANDINO
EL ESPÍRITU DE LA DIGNIDAD POÉTICA HISPANOAMERICANA


¡Patria! Desafío de esta tierra nuestra
Lanzado contra nosotros y contra de nuestros antepasados
Para decidir sobre el bien común
Y envolver la Historia en la bandera de nuestro idioma

El Canto de la historia surge de la gesta fundada en la roca de la voluntad
Desde la madurez de nuestra autoconciencia,
Juzgamos nuestra juventud, los tiempos de la desmembración y el siglo de oro

Tras la adorada libertad vino la condena al cautiverio
Los héroes llevaban sobre ellos la sentencia:
Al desafío de la tierra entraban como en una noche oscura exclamando:
¡La libertad vale más que la vida!

KAROL WOJTYLA
EL POETA QUE SERÍA PAPA

            Augusto César Sandino es una de esas extrañas figuras históricas que, de tiempo en tiempo, nos dejan impávidos, por trasformase en el espíritu mismo de la historia, nos referimos a la gesta que estuvo llamado a realizar. Me vienen a la memoria las palabras del premio nobel de Física, Albert Einstein, al referirse a otro hombre excepcional, Gandi durante su funeral: «…las siguientes generaciones tendrán que creer que nunca hombre igual paso por esta tierra»; de igual manera,  el mundo entero, y muy especialmente Hispanoamérica, tendrá que creer que existió un hombre como César Sandino, un ser excepcional que no deseaba riqueza, ni poder, ni gloria, solo la dignidad de su oprimido pueblo, sabiendo que eso podría costarle el bien más preciado que todo hombre posee: la vida misma. Él fue de esas escazas figuras románticas de verdad, de esas que, de cuando en cuando, aparecen en el mundo para conmovernos con sus acciones y pensamientos, mismos que lanzan al aire cuan flores en primavera. Su propósito no es solo despertar nuestra conciencia haciendo que veamos la injusticia humana, sino también para mostrar cuáles podrían ser las soluciones a tales problemas. Este tipo de hombre está llamado a inspirar a poetas y a personas comunes por igual, para que escuchen los latidos de su corazón libertario. Este texto está dirigido a ese poeta que escribió con su sangre odas a la dignidad y libertad de Hispanoamérica y cómo su ejemplo mostró el camino para muchos escritores, muy especialmente, a nuestro ángel de las letras, Gabriela Mistral, quien expresó a través de la prosa, el ejemplo que fue este nicaragüense para el mundo.



Mayo de 1927, nuevamente Estados Unidos interviene en el corazón de la América morena, es parte de su “espacio vital”, y bajo su retorcida moralidad  política en donde se mezclan concepciones económicas, empresariales y de estrategia geopolítica se arroga el derecho de conquistar a estados reconocidos y soberanos sin ningún tipo de escrúpulo o remordimiento democrático, aún más esgrime su deber de defender los “Derechos Humanos” y la “Democracia” como un valor vital, aun cuando esto sea solo una cortina de humo para engañar al mundo y esconder sus verdaderos fines que van en una vía totalmente diferente, y esta no es otra, que resguardar sus intereses vitales en materias primas y mano de obra barata. Pero esta vez la empresa no será tan fácil como siempre, porque un hombre ésta dispuesto a decir “NO”, no en contra de la injusticia perpetrada, no en contra de la prepotencia de los poderosos,  no por la dignidad de su pueblo, no por la libertad de América.

Este singular hombre es el comandante Augusto César Sandino, quien empujado por las circunstancias se levanta en armas en contra de la intervención militar y política en su amada patria Nicaragua. A partir de esa fecha librará una de las resistencias más enconadas y heroicas que se tenga noticia en las tierras vírgenes y selváticas de las montañas de las Segovias en contra de las fuerzas avasalladoras de la potencia del norte y los colaboracionistas de  turno. Al frente de  estos lagartos  hambrientos de siempre, que nunca faltan y que sobran en la historia de cada pueblo, se encontraba el títere y futuro dictador–presidente Anastasio Somoza, también conocido “cariñosamente” por su seudónimo “Tacho”.

Henry L. Stimson

            Nicaragua se había desangrado en una bestial guerra civil entre la poderosa elite de conservadores y liberales. Estados Unidos, que veía cómo sus intereses comerciales peligraban, y bajo el argumento de que ambos bandos lo deseaban, impuso un acuerdo de paz conocido como el pacto Stimson – Moncada, negociado por su inspirador, el político Henry L. Stimson colaborador y consejero del presidente Calvin Coolidge (1923 – 1929). Se contó, además, con el respaldo de las fuerzas de los “marines”, quienes desembarcaron en las tierras del poeta Rubén Darío para garantizar la aceptación y atemorización de las fuerzas políticas del país. Todo se realizó debido a que Estados Unidos solo deseaba «por humanidad» detener el sufrimiento del pueblo nicaragüense, como hipócritamente afirmó el presidente Coolidge en una entrevista a la prensa norteamericana donde explicó sus acciones de por qué colocaba a los hijos de su  pueblo en la disyuntiva de morir o asesinar en una lucha que a todas luces no se comprendía bien en la sociedad norteamericana. Por  cierto, se le olvidó mencionar que además de sus buenas acciones, protegería los intereses de una de sus empresas internacionales estrella: la «Unit Fruit Company»,  de muy triste memoria en América.

Ese es el por qué hizo que un joven César Sandino se levantara en armas, él más que nadie deseaba la paz para su pueblo. El horror de la guerra ya había cobrado un alto precio de devastación y muerte entre los campesinos pobres y los inocentes de siempre, por eso llegar a un entendimiento era necesario, pero el costo que imponía las fuerzas fácticas por esa paz, era demasiado alto ya que lo que se pedía era nada menos que la dignidad de un pueblo libre que tenía que someter su voluntad nacional, su libertad a una potencia egoísta y opresora. Es así como Sandino levantando la voz, grito a los cuatro vientos de América que:  «Soy nicaragüense y me siento orgulloso de que en mis venas circule, más que cualquiera, la sangre india americana, que por atavismo encierra el misterio de ser patriota, leal y sincero, el vínculo de nacionalidad me da derecho a asumir la responsabilidad de mis actos en las cuestiones de Nicaragua y por ende, de la América Central y de todo el Continente de nuestra habla, sin importarme que los pesimistas y cobardes me den el título que a su calidad de eunucos más les acomode».

            La paz ganada tan arteramente, en la práctica era la entronización de la opresión de los autodenominados conservadores y la intervención de Estados Unidos, que ya lo había hecho antes. Recordemos que el general Benjamín Zeledón se había levantado años atrás en contra de las injusticias sociales y políticas en Nicaragua y que fue derrotado por la intervención de las fuerzas norteamericanas. Una vez más, los sueños de igualdad y fraternidad del pueblo quedaban aplastados. Por esta razón Sandino sabía que el “regalo de los Danaos” era la traición y la esclavitud, así que prefirió seguir luchando solo, como David contra Goliat. Formó un reducido ejército con apenas treinta hombres que denominó «Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional», que se enfrentó con las tropas de invasión. Lentamente sus fuerzas se fueron multiplicando con la incorporación de campesinos que huían de las acciones criminales de los soldados estadounidenses contra la población civil. Llegó a tener casi seis mil hombres, de los que, en cuatrocientos diez enfrentamientos, perdió solo algo más de mil hombres, considerando la abrumadora superioridad del enemigo que poseía todos los avances técnicos a su haber. Pero no lograron derrotarlo. Como no pudieron destruir la fiera resistencia, los norteamericanos decidieron formar un ejército con lugareños denominado «Guardia Nacional». Las intenciones detrás de esta estrategia eran claras: primero, no deseaban seguir derramando sangre de sus conciudadanos; y segundo, no estaban dispuestos a reconocer frente al mundo que, como potencia, habían sido derrotados por un puñado de insurrectos.

Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional

Pero a pesar de su soberbia, las fuerzas de la Guardia Nacional, sostenida por el poder del invasor, tampoco pudieron derrotar a ese grupo de campesinos poetas que sufrían los más grandes dolores sin perder la fe en su causa justa, guiado por ese pastor conocido como «General de hombres libres», según lo denominó el escritor francés Henri Barbusse. La guerra lejos de terminar se volvió más virulenta, cruel y despiadada, los bombardeos indiscriminados contra ciudades y poblados por parte de la aviación norteamericana fue la tónica de una guerra desesperante para una potencia que no sabe cómo terminar con el espíritu de la genuina libertad de un pueblo.

Finalmente los vientos políticos cambiaron en el país del norte, ya que  llegó al poder un nuevo presidente, con una visión administrativa diferente, nos referimos a Franklin Delano Roosevelt. A diferencia de su antecesor Roosevelt deseaba cambiar la política intervencionista en Nicaragua, por dos motivos prácticos: primero, sus ideas estaban más inclinadas a la justicia social y a la colaboración económica y política con el resto del mundo, de ahí que instaló una nueva plataforma de relación con Hispanoamérica en un plano más de igualdad que él denominó como política del «Buen Vecino». El segundo motivo saltaba a la vista, la crisis económica de 1929 no le permitía seguir derrochando millones de dólares del erario nacional, en una verdadera sangría de dinero en la que se había trasformado la intervención en Nicaragua, el país no podía, ni debía  soportar más aquella absurda perdida de fuerzas ya muy descalificada en el mundo.

En 1933 las fuerzas norteamericanas se retiraron oficialmente sin haber podido derrotar al general poeta y sus hombres. Inmediatamente después de la retirada, Sandino envió una propuesta de paz al presidente liberal Juan Bautista Sacasa, quien la aceptó de inmediato. La lucha llegó a su fin, la patria había mantenido la dignidad nacional en esta difícil prueba. Todas las fuerzas del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional fueron desmovilizadas y reintegradas a sus hogares, solo unos cien hombres permanecieron armados como fuerzas de seguridad de C. Sandino, sin embargo, los odios de los traidores era fuerte aún entre la soldadesca mercenaria de la Guardia Nacional.

Anastasio Somoza

Pero el ejército de traidores nicaragüenses y su jefe, el títere de Estados Unidos general Anastasio Somoza García "Tacho" no deseaban cumplir con su palabra empeñada, porque en verdad no la tenían. César Sandino era un peligro, él encarnaba el grito de libertad de un pueblo y debían acallarlo como fuera. Para los hombres ruines solo existe el asesinato a traición como solución, por ello después de una comida en «La Loma», el palacio presidencial, César Sandino junto a su padre Gregorio Sandino, el escritor Sofonías Salvatierra y sus lugartenientes generales Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor fueron detenidos por una patrulla militar dirigida por un hombre despreciable llamado Lisandro Delgadillo, quien siguiendo las órdenes de Anastasio y con el beneplácito del embajador de Estados Unidos, Arturo Bliss Lane, capturó al hombre que tanto había hecho soñar a su pueblo. Sandino y su grupo fue llevado a la cárcel en donde su padre y Sofonías fueron separados del grupo. Finalmente Sandino y sus dos generales trasladados a un campo baldío llamado la «Calavera» nombre que presagiaba la acción artera que sería perpetrada ahí. César el «General de ese pequeño ejércitos de locos» como Gabriela Mistral solía llamarlo, fue asesinado junto a sus leales colaboradores y enterrado en una tierra virgen que abrazó a sus hijos y lavó su sangre de tan siniestra acción ejecutada cuan Caín en contra de sus hermanos, ya que estos habían muerto defendiéndola del pie extranjero que deseaba mancillarla.

El asesinato alevoso no quedó en el silencio, como esperaban los criminales, el pueblo pidió justicia. El presidente Sacasa abrió una investigación que a todas luces decía que había sido su sobrino “Tacho”, quien ni siquiera negaba su orden, sino que por el contrario se ufanaba de su despreciable y traidora acción; por ello, en un acto de cobardía y vileza, el presidente fantoche decretó una amnistía general a favor de cualquier criminal que hubiera cometido algún delito de sangre desde el 16 de febrero de 1933 hasta la fecha. Esta amnistía que tenía nombre y apellido, también limpió de culpas legales la destrucción y matanza del poblado de Wiwilí realizada unos días después de la muerte de Sandino. Allí se encontraba la cooperativa agrícola creada por el general de hombres libres para sus compañeros de armas, los leales campesinos pobres de la Segovia. Su cuerpo fue enterrado en secreto, pero a pesar de ello la gente del pueblo peregrinaba hasta esas tierras que cobijaban a tan grandes hombres. No fue sino por temor frente a las protestas universitarias que arreciaron en los años 50’, que el  dictador Anastasio Somosa, quien ya había derrocado a su tío en el mayor espíritu de «democracia bananera» posible, y que había entronizado uno de los gobiernos más corruptos y detestables de América; viendo patente un nuevo alzamiento de un ejército de hombres dignos  que siguieran a ese cruzado de antaño, decidió exhumar su cuerpo y  cremarlo. Con los años, Tacho se trasformó junto con Trujillo de Santo Domingo, en uno de  los  símbolos de la perversión en el gobierno. Era tanta su crueldad y ambición, que incluso el presidente de Estados Unidos, Roosevelt, después de una reunión con Somoza padre en la oficina oval, no pudo menos que decir: «Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta», casi excusándose por respaldar a este tipo de hombres pervertidos.

No obstante, si bien la alteridad de las circunstancias provocó el asesinato de Sandino, esto no impidió que se alzara él como la figura que siempre fue, la de un hombre con una dignidad y honorabilidad a toda prueba, que guio a hombres libres en una lucha para sacudirse al prepotente invasor y por ello los poetas no pudieron menos que rendirle un homenaje a aquel que escribió con sangre versos de libertad.


Entre los grandes poetas que lo reconocieron como un igual, está nuestra Gabriela Mistral. Aquella digna mujer, sensible a las injusticias y los sin sabores de la opresión, supo ver en Sandino un alma gemela por la pasión de América, un alma que había que defender, y ella, sin miedo en los labios, lanzó, en el mismo corazón de Estados Unidos en 1931, una ola de panegíricos, de alabanza y de defensa, por aquel hombre agredido por las fuerzas fácticas, y le puso el sugerente nombre de «La cacería de Sandino, el General del Pequeño Ejército Loco». Solo ella podía con pluma veloz y locuaz plantar cara al presidente de Estados Unidos, sucesor del invasor Coolidge, Herbert Hoover y al diario The New York Times, el principal medio de información de la costa este, que mentían al tildar a Sandino de «bandido» o «insignificante jefe desequilibrado», porque este en realidad era  un «hombre heroico, héroe legítimo, como tal vez no me toque ver otro…»; ella hacía comprender al pueblo norteamericano que los insultos y ese juego maniqueo que deseaban construir sus autoridades a propósito de la guerra en Nicaragua, era simplemente una burda estrategia caricaturesca, tan propia del espíritu puritano norteamericano, donde solo caben «buenos» y «malos».

Pero su panegírico no se quedó en solo alabanzas, sino que exigió a cada hombre digno de América apoyar a tan noble causa porque «Nunca los dólares, los sucres, o los bolívares sudamericanos, que se gastan tan fluvialmente en sensualidades capitalinas, estarán mejor donados”, porque la causa de Sandino es la causa de todo hombre que en las venas corra sangre de verdad, no se podía dejar solo y desamparados aquellos que luchan por cosas que enaltecen el espíritu humano en contra de fuerzas que solo buscar socavar la verdad.

César, para nuestra premio Nobel, era el verdadero y legítimo líder de Nicaragua versus esa pantalla de presidente y oficiales de un verdadero ejército de bananeros mercenarios que «ilegítimamente», y en contra de la voluntad general del pueblo se sostenían en el poder, gracias a la fuerza  de sus armas, que les otorga poder, pero no legitimidad. Así lo dijo resueltamente nuestra Gabriela cuando se refirió a la declaración del presidente de Estados Unidos:  «Hoover ha declarado a Sandino fuera de la ley», pero qué tamaña estupidez es esta, nos permite leer entre líneas la Mistral, ya que cómo puede estar fuera de la ley un nicaragüense, en su tierra, combatiendo un ejército de invasores; los únicos que no se ajustan al derecho internacional y a los derechos humanos son justamente los que esgrimen tal tipo de absurdos argumentos.

La invasión de Nicaragua por parte de Estados Unidos, la hija de Elqui, la iguala a una brutal y primitiva cacería, en donde no prima la cordura o la inteligencia sino simplemente la fuerza bruta como único argumento; pero, qué se podría esperar de una nación que se ha construido en primitivas ideas del más fuerte, en donde hasta la vida tiene un valor monetario «Tantos miles de pesos por tal cabeza». La justicia es un sueño para la nación del norte, solo para ser colocado en películas o libros de superventas, pero que en nada representan la realidad en la que se mueven las altas esferas de Estados Unidos.

Para la poetisa, la elite económica y política  del Tío Sam está acostumbrada a tratar a Sudamérica como parte de su propiedad, alabando a los gobiernos y personalidades que les son afines y construyendo verdaderas manipulaciones caricaturescas si estas son contrarias a sus deseos. Todo lo que no esté de acuerdo con su forma de comprender el mundo es parte de una banda de forajidos sin corazón o razón, es así que cuando se enfrentan a un héroe de verdad, no saben reconocerlo, ya que han perdido la capacidad de palpar la nobleza: «El guerrillero no es el mineral simple que él ve y que le parece un bandido químicamente puro; no es un pasmo militar a lo Pancho Villa, congestionado de ganas de matar, borracho de fechoría afortunada y cortador de cabezas a lo cuento de Salgari. Ha convencido desde la prensa francesa y el aprecio español hasta el último escritor sudamericano que suele leer, temblándole el pulso, el cable que le informa que su Sandino sigue vivo».



La victoria es clara para nuestra Nobel, Sandino ya ha triunfado por sobre la adversidad, el odio y la traición; su penacho de gran hombre esta incólume, cual Cirano, porque toda la América morena lo observa y lo admira; ve en él el espíritu de la pasión desatada por el amor a la libertad, que no está dispuesta a recibir las migajas limosneras de un usurpador de poderes, por ello aunque César Sandino encontrara la muerte en el campo de batalla, aun ahí habría triunfado, porque habría mantenido incólume la dignidad de toda la América que lo ama y aprende de su rebeldía en contra de la sumisión a los más fuertes. Así lo expresa la poetisa al decirnos: «Pero los marinos de Hoover van a recoger en sus manos un trofeo en el que casi todos los del sur veremos nuestra sangre y sentiremos el choque del amputado que ve caer su muñón. Mala mirada vamos a echarles y un voto diremos bajito o fuerte que no hemos dicho nunca hasta ahora, a pesar de Santo Domingo y del Haití: “¡Malaventurados sean!“ ».


La gran Gabriela solo puede parar su pluma, cuando termina diciendo con aladas palabras que la lucha de César Sandino, es la lucha de toda América por la verdadera libertad, leer el texto de esta alta mujer de los valles del río Elqui  enaltece la frente y nuevamente la otra América, la del sur, aquella que no le dicta al mundo como debe ser, y no desea imponer sus costumbres e ideas.  Vuelve a la vida como un todo homogéneo, y otra vez me vienen las palabras de Albert Einstein: «…las siguientes generaciones tendrán que creer que nunca hombre igual paso por esta tierra» y cobran un sentido real -maravilloso en la persona de Augusto César Sandino ese «general de aquel pequeño ejército de locos».

4 comentarios:

  1. Sardaukar: Muy bello artículo. No tenía ni idea de la noble gesta de este verdadero líder del pueblo nicaragüense. Solo recuerdo que de niño oía hablar de «los sandinistas» con el despectivo acento como hoy se habla de terroristas. También recuerdo haber escuchado la banda musical sobre una película de este personaje, compuesta por Joakín Bello. A ver si ahora me animo y la veo. Gracias.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Querido Ángel redimido.

      Cesar Sandino es uno de los personas más emblemáticos de hispanoamerica del siglo XX, todo lo que se diga para bien de él es poco. De hecho el grupo de los Sandinistas se formaron en la década de finales de los años 60' por antiguos seguidores de él y por su puesto que nuevos, de hecho la guerra en contra de la terrorífica familia Somoza fue dura y con un gran pacto nacional, el caso es que una vez que triunfaron uno de los grupos más extremos de izquierda comenzo liderados por Ortega se apoderaron del poder expulsando al resto y eso provoco en parte la reacción de algunos anti sandinistas (no confundirlo con los mercenarios de Estados Unidos) sino con los indígenas Mesquitos y los grupos liberasles y sociales. En todo caso fue una guerra sucia dirigida por Cuba y Estados Unidos respectivamente.
      La película es muy buena te la recomiendo.

      Eliminar
  2. Hola.

    Muy bien, como siempre.

    La desgracia de los caudillos, como Sandino, es que terminan siendo utilizados como fachada por los criminales sedientos de poder. El mensaje es distorsionado y la imagen se vuelve una construcción de estado, siendo desnaturalizada.

    Dicen que poco antes de morir, Neruda, en su cama, ante las repeticiones televisivas del golpe, dijo:" después vendrán los mediocres a besar guaguas pobres en las poblaciones..."

    ResponderEliminar
  3. Hola Rodrigo

    Hace mucho que no sabía de tí y me alegra el comentario, es cierto que estos seres salidos del inframundo como los son los dictadores de nuestra América son seres genuinamente brutales. Hablando de Neruda, te recomiendo a ver la película es muy buena.

    ResponderEliminar