EN LAS ARENAS DE ARRAKIS

jueves, 10 de mayo de 2018

EL MITO PERUANO DE LA GUERRA CONTRA INGLATERRA





EL MITO PERUANO DE LA GUERRA CONTRA INGLATERRA



Dedicado a mi buen Amigo Pablo
Que se inicia en este noble oficio,
Que es la de enseñar historia



*Todo este trabajo se basa en investigaciones  de historiadores  peruanos e ingleses
           
En un viaje reciente de un amigo a Perú, cuando éste visitaba el Congreso de aquel país, la guía de turistas exponía los vaivenes de la historia republicana del país del Rimac, en un momento la mujer dejo flotando una frase en el aire que era más o menos así: “Perú durante la guerra del Pacífico peleo contra Inglaterra…”, mi joven amigo, profesor de historia, pregunto cortésmente en que se basaba esta afirmación, a lo que la guía igual de cortes respondió que así lo acreditaban las fuentes y diversos trabajos al respecto. De regreso en Santiago y conversándome sobre sus aventuras en Lima, no pudo dejar pasar el hecho que le ocurrió en el Congreso de dicho país, esto me trajo a colación que veinte años antes, leyendo un artículo en un diario de Tacna, exponía igual tesis. Este punto me dio vuelta e inicie una investigación sobre este extraño mito peruano: “Durante la guerra del Pacífico o del Salitre, Perú no había luchado con su vecino del sur, sino, con la potencia mundial del momento Gran Bretaña…”, de dónde había nacido tamaña falacia y porque aún hoy los círculos intelectuales y populares del país de los Incas insistente en este punto, que esta fuera de toda lógica histórica y sostenida sobre ninguna fuente, más que presunciones erradas y erráticas.
Tengamos presente que las obras generales sobre la guerra del Pacifico o del Salitre escritas en Perú, Bolivia y Chile inmediatamente después del conflicto o algunas décadas posteriores, no nos dice nada de una intervención de Inglaterra en favor del país austral de América, así queda bien clarificado en los trabajos del historiador  Mariano Paz Soldán y  su obra <<Narración histórica de la guerra de Chile contra Perú y Bolivia>> (1884), Tomás Caivano en <<Historia de la guerra de América entre Chile, Perú y Bolivia>> (1882), del historiador boliviano Alcides Arguedas en su obra <<Historia General de Bolivia>> (1922), el chileno Benjamín Vicuña Mackenna en <<Historia de la Guerra del Pacífico>> (1881), Gonzalo Bulnes en <<Guerra del Pacífico>> (1911) Francisco Machuca en <<Historia militar de la Guerra del Pacífico>> (1926), Andrés Avelino Cáceres <<La guerra entre el Perú y Chile>> (1924) y <<Memorias del general Cáceres>>.

James G. Blaine

           
Por tanto, escarbando en los recovecos de los anales históricos llegamos a la pista de que la tesis de un Perú luchando contra el gigante inglés, no nació en las tierras del Rimac, sino que fue fraguada muchos kilómetros al norte de este país, en la capital del entonces emergente imperio norteamericano,  casi en el mismo instante de la conflagración del Salitre que tiño de rojo los desiertos y mares de las regiones de Sudamérica. En Washington había toda una política expansionista hacia la
<<América Morena>>,  un congresista, que luego ostentaría el cargo de Secretario de Estado, nos referimos al señor James G. Blaine, será el pilar de la idea “del complot inglés en contra del Perú”, éste empresario – político, desde la secretaria de Estado durante los primeros meses del conflicto se inclinó decididamente en apoyo de la causa del Perú, su apoyo se extenderá durante toda su permanencia en el cargo,  debemos tener en cuenta que está decidida  ayuda a la causa peruana no la hizo con un sentido altruista o en defensa de la debilidad de su vecino, sino, por un deseo de expandir la injerencia económica y política norteamericana, hacia lo que este país entendía como su zona hegemónica, aún más, las fuentes demuestran que Blaine tenía importantes intereses comerciales en el salitre de Tarapacá, por tanto, en su intervención se puede apreciar egoísmo  personal e imperialismo al mismo tiempo.
Blaine estaba decidido a participar de la explotación salitrera de Tarapacá ese era un hecho, por lo cual deseaba alejar las inversiones inglesas y chilenas de  la zona, siguiendo claro ésta la doctrina impuesta por el presidente Monroe como subterfugio. Con este interés, califico la guerra de Perú en contra de Chile, como parte de un plan británico para apropiarse del nitrato peruano, todas sus declaraciones y dichos que uno puede leer en los diferentes diarios de la época no se sostienen en ninguna fuente, solo en su <<fraseología>> política.
Tendiente a impedir la acción “artera” inglesa, Blaine hizo varias declaraciones para justificar una intervención militar de los Estados Unidos, que serviría para proteger los intereses de los exportadores connacionales, sobre todo los de él. En esta línea, el Secretario de Estado llego a ciertos acuerdos con las derrotadas autoridades peruanas para lograr la entrega de un territorio costero para la construcción de una base naval, además de dejar como “protectorado” las tierras de Tarapacá (el embajador norteamericano en Lima, Isaac Christiancy, iba más allá aún, aconsejaba a Blaine que la mejor forma de controlar el comercio de Perú, era lograr que los EE.UU. impusieran la paz, además de trasformar al país de los Incas en un  protectorado estadounidense), con estas promesas debajo del brazo, las autoridades peruanas veían la posibilidad de que Chile no obtuviera compensaciones territoriales, como el país austral comenzaba a exigir después de la conquista de Tacna y Arica, solo monetarias, por esta razón tozudamente se negaron a firmar un tratado con su vecino, esperando la acción de los Estados Unidos en su favor, como lo expone el embajador Trescot en su detallado informe sobre sus acciones diplomáticas frente a Chile y Perú.

Finalmente Blaine fue removido de su cargo por realizar acciones diplomáticas que condujeron a una intervención francesa en el conflicto (véase el empréstito de la casa Dreyfus y los bonos comprados por inversionistas galos) y a su enriquecimiento ilícito, aunque la investigación que se abrió al respecto nunca pudo probar el delito, si las relaciones de Blaine con casas comerciales francesas y sus vínculos con las autoridades peruanas inducen a afirmar el hecho. El cambio de Blaine por Frederick T. Frelinghuysen desde el 19 de diciembre de 1881, como es obvio de suponer vario la política de EE.UU hacia Perú y Chile, Trescot, el embajador norteamericano modero su tono amenazante hacía Chile, ya que Washington prohibió terminantemente una ruptura de las relaciones con este último país y dejo de dar esperanzas a las autoridades peruanas de una posible intervención en la guerra después de firmar el  Protocolo de Viña del Mar (aun cuando este protocolo no fue ratificado por la potencia de Norteamérica), en el que los estadounidenses reconocían el derecho de Chile a exigir una indemnización territorial “El aislamiento internacional que rodeó al Perú en 1883, verdadero silencio internacional y abstencionismo, tanto de las repúblicas hispanoamericanas como de las potencias europeas y aún de los Estados Unidos, que colocó a las negociaciones en un claro plano de desventaja ya que en ellas el Perú se presentaba como un país ocupado militarmente” (Quiroz Paz-Soldán, Quiroz. HISTORICA, Vol. IV, Núm. 2, Diciembre de 1980 P 7).
Las acciones de Blaine llevaron al país del norte a uno de sus desastres diplomáticos más graves del siglo XIX, ya que no solo no pudo lograr que Chile no se apropiara de territorios del Perú como compensación, sino que además abrió las puertas a una potencia como Francia para intervenir en América. Por desgracia los  discursos distorsionados de Blaine fueron el pilar para que con posterioridad el geógrafo, botánico, arqueólogo e historiador inglés Sir Clements Robert Markham se lanzara en picada a construir la tesis sobre la intervención inglesa en el conflicto.
Clements Robert Markham

Sir Clements R. Markham  es uno de los hombres más cultos, aventureros y honestos que se tenga memoria, sus trabajos sobre diversos temas como la exploración antártica, ártica, África, la India y América, particularmente Perú, le   ha valido el reconocimiento de su nombre hasta nuestros días. Es un hombre que tiene una gran admiración por el Perú precolombino, y gran parte de su vida la dedico a la investigación del mundo incásico. Esta estrecha relación con Perú hizo que  sintiera por el País del Tahuantinsuyo un verdadero amor, así lo acredita su primo Sir Albert después de su muerte (Los Americanistas del Siglo XIX. La construcción de una comunidad científica internacional. P 111). Por esta razón Sir Clements se dejó llevar por sus sentimientos hacia Perú para escribir su libro: The War between Chile and Peru (La guerra entre Perú y Chile, 1879-1881).
El texto de Sir Clements en líneas generales no aporta ningún dato relevante a la investigación histórica realizada sobre las causas y desarrollo de la guerra, más bien, es un relato positivista, minucioso y meticuloso sobre la lucha, el único punto importante, es que afirma que Inglaterra participo activamente en apoyo de la agresión chilena, además, Sir Clements no pierde oportunidad para dejar a las armas del país austral como bárbaras e incivilizadas. Es importante tener presente que estos comentarios los realiza desde su pasión sesgada por Perú y no como una forma de crear un odio hacia  Chile, ya que el investigador británico reconocía ciertas cualidades positivas en los chilenos, a este respecto dice: "carácter honrado de las clases altas y a la persistencia laboriosa y capacidad para el trabajo de la población en general". (The War Between Peru and Chile, 1879-1882. P 80).
Pero la obra de Sir Clements no adolece de omisiones y errores en los hechos. En primer lugar,  no consulto ninguno de los dos archivos británicos más importante para exponer la “supuesta” intervención inglesa, nos referimos a la Casa Gibbs y el Foreign Office, cuestión que para él no hubiera representando ningún problema debido a su ya muy bien ganada fama intelectual. En segundo lugar, Markham realiza una serie de omisiones de hechos que hubieran echado por tierra el supuesto apoyo inglés hacia Chile, como por ejemplo: el plan de Inglaterra de hundir a la flota chilena si está no seguía casi al pie de la letra la convención de Ginebra, el impedimento de entregar dos barcos  el “Arturo Prat” y la nueva “Esmeralda” a la marina, solo hace mención del embargo de los barcos “Diógenes”  y “Socrates” construidos en Alemania, pero armados en Inglaterra. Tampoco hace referencia a que casi durante veinte años la Casa Gibbs dominó el comercio del guano, entregando al  Perú suficientes ingresos para saldar su deuda y levantar nuevos empréstitos. (Albert 1983; Jenks 1927 y Mathew 1970). Otro dato que omite en forma grosera es la venta de armas al Perú antes y durante el conflicto, a través de sistemas de triangulación, como lo hacía descaradamente los EE.UU, utilizando a países como Guatemala, Colombia o Ecuador hostiles a Chile durante el conflicto. Es evidente que Sir Clements trato por todos los medios de hacer calzar su tesis en su libro a como diera lugar.

La obra de Markham cayó en el Perú como un verdadero salvavidas para las autoridades y las élites gobernantes, que no se podían explicar la derrota de las armas del Perú frente a Chile, país al cual veían como débil y despreciable, casi unos barbaros, así queda reflejado en los comentarios aparecidos en la presa local durante el conflicto, diarios como La Opinión Nacional de Lima describió a Chile como un "País aventurero, codicioso; intrigante'~, cualidades que venían de los "instintos de su raza, que procede del galeote y del araucano, en deplorable consorcio .. . "(1879, t. III: 470). La prensa peruana también ridiculizó el mito del "roto chileno": La Patria de Lima declaró que el roto, tan glorificado en la prensa chilena, no es nada más que un "esclavo adscrito a la gleba" de un sistema feudal. En cuanto a su supuesta superioridad, el roto es producto de una "Raza mezclada del salvaje araucano, con la escoria europea... “(7-X-1880: 2)
 Sir Clements saco de los hombros el peso de la derrota que significaba entre otras cosas corrupción de la élite gobernante, falta de preparación adecuada de la marina y el ejército, carencia de una estructura de mando, falta de unidad política entre civilistas, nacionales y partidarios de Peirola, entre otras cosas, y desvió la mirada, hacia un enemigo imaginario “Gran Bretaña” la primera potencia mundial del momento. Esta demás decir que esta tesis se trasformó en una verdad sacrosanta enseñada en los colegios y universidades, escrita y reescrita en textos de historia. Debemos decir que esta terrible revelación realizada por Sir Clements no afecto en nada las relaciones de Perú con Gran Bretaña, muy por el contrario se volvieron más afiatadas, desde que se iniciara la explotación del caucho en las selvas amazónicas, por tanto era evidente que las elites políticas y económicas del Perú no les produjo ningún impacto en su ethos nacional esta supuesta verdad.
El historiador peruano  Rafael Mellafe, confirma este punto sobre la necesidades de las élites gobernantes peruana de justificar el ingreso a la guerra, ya que era difícil explicar al pueblo en general que una contienda entre Chile y Bolivia terminara primero con la intervención de Perú y luego la perdida de significativos territorios frente a su vecino, además de soportar más de tres años de invasión; de esta suerte la revelación del historiador británico y del político norteamericano les servían perfectamente como un “chivo expiatorio”.
El mito de un Perú destruido por Inglaterra comenzó a ser aguas en la década de los cincuenta del siglo XX, cuando el historiador británico Victor Kiernan publicó Foreign Interests in the War of the Pacific”, este texto es  un detallado estudio que se basa en la documentación oficial del ministerio del exterior inglés. En esta investigación Kiernan demuestra con pruebas la nula ayuda del gobierno Inglés hacia Chile, hace presente que para 1879 Inglaterra no veía un  resultado claro de la guerra, que además los intereses financieros británicos eran mayores en Perú que en Chile, como estaba acreditado en los archivos de la casa Gibbs, que incluso informes oficiales mostraban que los intereses de los capitalistas chilenos en la empresa del salitre eran contrarios a los capitales ingleses que se encontraban en el Perú. Cabe agregar además que las élites peruanas tenían estrechos vínculos con los financistas ingleses, lazos construidos desde 1848, mientras que las relaciones de los chilenos eran menores y a veces tangenciales, a pesar de que banqueros británicos tenían importantes casas comerciales e inversiones en ciudades como Valparaíso o Coquimbo. Un hecho que destaca Kiernan es que el gobierno inglés antes de la guerra vendió barcos y armas a Perú sin ningún problema y durante el conflicto si bien prohibió la venta de armas al país de los incas, también lo hizo con Chile, para seguir la regla de los estados europeos de no intervención, esto no impidió que armas británicas de contrabando llegaran a manos del ejército peruano y chileno, con cierto beneplácito del gobierno de su majestad.
Victor Kiernan destruye todo el edificio conspirativo construido por los historiadores peruanos y Sir Clements hasta ese momento. El famoso investigador  peruano  Jorge Basadre en su monumental obra de Historia del Perú, después de revisar los trabajos de Kiernan, reconoce que no existe ninguna prueba sustancial que acredite la intervención de Inglaterra como gobierno en favor de Chile, pero defiende la postura que si bien el gobierno inglés no participo activamente en contra de Perú, si lo hizo el empresariado y la banca británica, solo así Basadre puede explicar los éxitos de la diplomacia chilena en su propaganda en  Europa. Pero lo que olvida este respetado historiador, era la desconfianza generalizada de los estados como Francia, Italia, Alemania o Inglaterra hacia Perú; debido a sus deudas impagas, a una política económica desacertada,  basada en la impresión de papel moneda y el aumento de impuestos al consumo interno como forma de solventar los gastos de la guerra contra Chile, política que a la larga provoco una hiperinflación y una incapacidad del estado de poder afrontar sus obligaciones económicas tanto internas como externas, por esta razón, las acciones del gobierno de Chile en Europa tuvieron tanto éxito, no por tener una diplomacia excepcional o gozar del apoyo de los grupos financieros ingleses, sino por las políticas del propio gobierno de Perú, a este respecto recomiendo leer el artículo del profesor  Fernando Armas Asín “Financiar la guerra: planes fiscales, lucha política y crisis inflacionaria en el Perú (1879-1880)” .
Victor Kiernan
  
 En su libro Basadre también hace notar que hubo una falta de apoyo inglés a un tratado menos oneroso para el Perú, con esto desliza la idea de que al final de la guerra Chile contaba con un apoyo muy decidido por parte de las autoridades británicas, apoyo obtenido gracias a los grupos de banqueros y financistas de ese país, lo que no menciona el historiador peruano, que el siglo XIX estuvo plagado de tratados onerosos, que la entrega de territorio era parte de las compensaciones de guerra habituales, que la guerra había tenido un alto costo para todas las partes incluida Chile, que Perú no estaba en condiciones de pagar una elevada indemnización de guerra como lo exigía el estado vencedor, por tanto la entrega de Tarapacá era la compensación aceptada, tanto por el gobierno del general Iglesias, como también de Montero, mientras que las regiones de Tacna y Arica quedaban en calidad de “prenda”, hasta la realización del plebiscito estipulado en el Tratado de Ancón, por tanto, Perú solo entregaba una sola región en estricto rigor a Chile, a este respecto es muy importante la contribución que realiza el historiador peruano Eusebio Quiroz Paz-Soldán  y su artículo “EL ESPIRITU DEL TRATADO DE ANCON” . La intervención de Inglaterra, Francia y EE. UU en el tratado de Ancón fue exclusivamente con la intención de cuidar los intereses de sus conciudadanos, imponiendo al vencedor ciertas cláusulas para que reconociera las inversiones realizadas por sus conciudadanos, y en ningún caso, para apoyar las acciones de Chile, para eso solo debe verse la agresiva diplomacia por parte de Francia e Inglaterra a la hora de defender el pago por parte de Perú y Chile de la inmensa deuda que habían contraído el primero de estos países bajo cargo de la explotación del Guano de la región, recordemos que Francia incluso estuvo a punto de realizar una intervención militar, con cierta aceptación por parte de Estados Unidos.
 Fuera de lo antes mencionado, Jorge defiende al político norteamericano Blaine y lo califica de un hombre justo y correcto en su vocación política, claro está que omite el tema del enriquecimiento ilícito a costa del Perú que estaba realizando el secretario de estado norteamericano, y que las intrigas realizadas por este hombre, a Perú le costó una buena cantidad de tierras y vidas, ya que los esperanzo en una supuesta ayuda de EE.UU que nunca se concretó.
Jorge Basadre
Lo importante del tema es que uno de los mayores historiadores del Perú reconocía públicamente que el Estado Inglés no había tenido ninguna injerencia en la guerra. El historiador Rory Miller en investigaciones posteriores llega a los mismos resultados que Kiernan, más aun Miller descalifica las ideas de Basadre, y demuestra que el capital británico tampoco tuvo ninguna injerencia sustancial en la guerra, las ideas de Miller son posteriormente corroboradas por el historiador David Healy, quien después de hurgar exhaustivamente en los archivos de la casa Gibbs demuestra las relaciones estrechas de los capitales ingleses y peruanos. David coloca de relieve como José Rafael de Izcue, ministro de Hacienda durante los primeros meses de la guerra “…decidió inicialmente optar en abril (1979) por medidas de emergencia: empezó obviamente por pedir adelantos de mesadas a los contratistas de Cuba y Puerto Rico, y Peruvian Guano de Europa” (P), echando por la borda la conspiración de los grandes magnates británicos en la derrota del Perú.
Para la década del 70’ y 80’,  las fantasías creadas por Sir Clements estaban más que superadas, los historiadores peruanos Heraclio Bonilla  y Hugo Pereyra P. llevaron la punta de lanza en rebatir el viejo mito de la guerra contra Inglaterra.  El primero de estos historiadores, estimaba que el involucramiento del Perú en el conflicto se había producido por su propia política de temor frente al expansionismo de Chile, esto lo había empujado, en primer lugar, afirmar en 1873 la alianza de defensa <<secreta>>, con el objeto de impedir que Bolivia y Chile tuvieran un acercamiento que terminara en un pacto parecido “La motivación fundamental, por consiguiente, se debió al temor del Perú de que Chile pudiera establecer un pacto militar con Bolivia que perjudicara a los intereses del primero” (Un Siglo a la Deriva. Ensayos Sobre el Perú. p 154). Bonilla a demás desecha la supuesta intervención inglesa en el conflicto por motivos económicos, ya  que desde la década de 1840, la riqueza del guano estaba en manos británicas, aún más Perú era el mayor beneficiario de los préstamos de la banca de este país, transformándose en uno de los estados más endeudado del mundo   “El guano por consiguiente estuvo enteramente hipotecado al conjunto de acreedores externos (ingleses en su mayoría y franceses)” (Bonilla. p 156). Al referirse a la guerra del Pacifico, Bonilla  desestima una participación de Inglaterra en la contienda, más aún, califica este punto como una mera explicación conspiratoria, pero que no se ajusta a la realidad de los hechos “La segunda, asociada a una historiografía de signo radical, plantea por el contrario que en el fondo la guerra de Chile contra el Perú era una guerra de Gran Bretaña; es la tesis conspiratoria: los ejércitos peruanos, chilenos y bolivianos, serían una suerte de marionetas cuyos hilos habrían estado manipulados magistralmente desde afuera. Ni una ni otra evidentemente son apreciaciones correctas; la realidad histórica, como siempre ocurre, es irreductible a este tipo de simplezas” (Bonilla. p 167).  Por tanto Heraclio Bonilla es tajante en admitir que el gobierno británico NO tuvo participación alguna en la guerra al decir “Esta conclusión, en la que se refiere al gobierno británico, me parece hasta la fecha indiscutible (al referirse a la investigación del historiador inglés Kiernan)” (Bonilla. p 168).  

Heraclio Bonilla
Bonilla destruye otro mito, queda fundamento a la tesis conspirativa de una Inglaterra involucrada en la guerra, este era: la casi nula venta de armas y equipos bélicos al Perú durante la contienda, en apoyo de la agresión chilena. El historiador peruano nos afirma que, por el contrario, Gran Bretaña fue un proveedor de armas y préstamos para ambos bandos,  incluso recalca que para 1879 los aliados eran vistos como seguros vencedores en la contienda, por su mayor número de tropas y población, por tener el apoyo de los grandes señores empresarios, mientras que Chile era considerado como una potencia de cuarta. El cambio lo vino a dar el combate naval de Iquique, que demostró al mundo que Chile estaba mejor preparado para la lucha, por tener oficiales y tropas bien entrenadas, que además estaban dispuestas a grandes sacrificios, esto debido a que tenían un concepto de nacionalidad que los peruanos y bolivianos aun no adquirían del todo.
Otro punto que Bonilla desmiente es la supuesta superioridad militar de Chile en armamento a inicio de la contienda, reconoce que la escuadra del sureño país no estaba en su mejor momento, a pesar de contar con dos poderosos blindados, que la crisis económica que afectaba a Chile no lo tenía en un plano de superioridad como afirmaba la historiografía decimonónica del Perú, pero que pudo sacudirse de manera más óptima todos los problemas que le afectaban gracias a un espíritu de unión nacional, a un proyecto país, dirigido por las elites liberales y una consolidada democracia, todas estas cosas que Perú carecía al momento de la guerra y que a la larga será el motivo principal de su derrota.
El segundo de los historiadores citados, nos referimos a Hugo Pereyra P, es un destacado investigador y docente que se ha entregado casi de lleno al estudio del siglo XIX del Perú, en sus diversos trabajos debemos destacar su libro  Andrés A. Cáceres y la Campaña de la Breña” (2006), con el que obtuvo su doctorado y “Trabajos Sobre La Guerra Del Pacifico Y Otros Estudios De Historia E Historiografía Peruana”.
Pereyra al igual que Bonilla critica fuertemente el espíritu conspirativo de los trabajos de Sir Markham y la posterior escuela conspirativa que se formó en torno a la tesis creada por este investigador inglés , tesis que a su juicio están más que superadas por las investigaciones y publicaciones realizadas a partir de la década de los cincuenta.
En su ensayo “La política exterior y la diplomacia del Perú en la génesis y el desenlace de la guerra del Pacífico”, Pereyra expone como idea principal, que las relaciones diplomáticas del Perú antes, durante, y terminado el conflicto, se deben comprender desde un punto de vista “realista” y no “idealista”, por tanto, expone que el país del Tahuantinsuyo saco el máximo provecho de su situación estratégica, realizando una alianza con Bolivia que la llevara a un plano de superioridad frente a un agresivo y expansionista estado de Chile. Esta política peruana sería el factor detonante de la guerra, y no la injerencia de los capitalistas y el gobierno de su majestad, aunque cabe decir que a juicio de Pereyra, el Perú iba a tener un conflicto contra su vecino del sur firmara o no el tratado de defensa, ya que era ineludible, debido a los intereses antagónicos que existía en las regiones salitreras por parte de ambos estados.


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Según el historiador peruano, su país se jugó todas las cartas que pudo  en el plano internacional, pero su historial como estado poco serio y deudor, ayudo fuertemente a que las naciones europeas tuvieran una visión muy poco favorable, a excepción de Francia. Pero si en Europa Perú no tuvo éxito, si lo hizo en América, logrando el apoyo de Estados Unidos y gran parte de los países hispanoamericanos, los cuales veían con temor la agresividad expansionista de Chile, al alero de una propaganda peruana fuerte para aumentar los resquemores en contra del sureño país. Esta política diplomática del Perú, le valió poder contar con la ayuda inestimable de países como Colombia, Ecuador, Guatemala y México, los cuales hicieron la vista gorda al momento de internar armas de contrabando para armar a los ya bien derrotados ejércitos peruanos, solo así se puede explicar que Piérola después de la batalla del Campo de La Alianza pudiera comprar y armar las poderosas defensas de Lima.
Siguiendo esta línea, Pereyra desecha toda intromisión por parte de Inglaterra en ayuda de Chile, considerando las políticas británicas acorde a una guerra fuera de su área de influencia inmediata, resalta que la Corona estaba más preocupada de sus fronteras en la India y de sus interés en China que de un conflicto remoto entre dos estados que tenían lazos comerciales con sus entidades financistas.
Al concluir la guerra y firmarse el tratado de Ancón, según el destacado investigador peruano los estados firmantes desecharon toda injerencias externa, y se preocuparon de llegar a un arreglo lo más ventajoso posible para ambas partes. En el caso de Chile, este trato por todos los medios de desentenderse de las deudas contraídas por Perú con banqueros ingleses, para aceptar al final pagar en parte esa deuda por presión de la Banca inglesa. Mientras que Perú logro con éxito solo perder una provincia (Tarapacá) y dejar en prenda Tacna y Arica, de esta manera alejaba la posibilidad de que Chile pudiera obligar a vendérselas, como era el claro deseo de la administración del presidente Santa María, para luego traspasarla a un estado boliviano que históricamente había usufructuado más del puerto de Arica, que el de Antofagasta, que además comprendía que la sesión de Tarapacá por parte de Perú significaba tácitamente la perdida de todo su litoral en cualquier tipo de arreglo con Chile, por ello, la necesidad de obtener urgente algún tipo de concesión por parte de Chile a expensas de los territorios soberanos del Perú era su prioridad diplomática.
Como se puede apreciar, Perú fue exitoso en su diplomacia frente a la derrota, perdiendo solo una provincia, y quedando con la llave para llegar algún tipo de acuerdo por las provincias en calidad de “prenda”, con esto Pereyra expone que frente al colosal desastre, Perú no salió tan mal parado, y por su puesto desestima toda injerencia inglesa en el resultado final del tratado de Ancón a la luz de los hechos.
En resumen hemos apreciado como una mentira creada por un político de dudosa reputación como Blaine, que buscaba el provecho personal y la expansión hegemónica de su país, se transformó en una verdad de estado al ser expuesta por un serio y respetado historiador como Sir  Markham, este último llevado por su amor hacia el Perú, y no a un trabajo científico sostenido en fuentes como se esperaba. Con el tiempo el estado peruano se aprovechó de esta mentira transformándola en sentencia de verdad para poder explicar todas sus falencias y culpas en la derrota. Finalmente la tesis conspirativa hizo aguas frente a la realidad de los hechos a tal punto que la intelectualidad peruana ha tenido que aceptar la realidad, que Inglaterra no tuvo mayor importancia en la guerra, y la derrota se debió a causas intrínsecas del Perú y a la superioridad de su vecino del Sur, que tenía un proyecto país, que por aquella época el Perú no tenía. 

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Como reflexión final sería prudente que el discurso histórico intelectual  peruano se permeara a la educación general y al conocimiento público, para que de esa manera la mentira no sea una verdad sostenida hasta hoy como una verdad histórica, recordemos que solo la verdad puede lograr que las relaciones entre estados rivales se sostenga por muchos años.   

10 comentarios:

  1. Mi estimado, muy interesante y fundamentado tu artículo. Solo te quería señalar que en Chile también ha habido sectores que han levantado la tesis de la intervención inglesa en la Guerra del Salitre, de que Inglaterra fue el gran vencedor y Chile puso la carne de cañón. Y te cito como ejemplo de esto la película de Helvio Soto "Caliche Sangriento".

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    1. Hola Miguel, una pregunta, qué significa tu nueva imagen "logotipo". Ahora entrando en materia, es muy cierto que en Chile hubo (y hay) algunos que exponen la intervención inglesa en la guerra del Pacifico, sectores de izquierda y de ultra derecha, pero estas especulaciones están más enfocadas a una crítica posterior a las políticas económicas de Chile, que al conflicto mismo. Además exponen temas, mezclando peras y manzanas, te doy un ejemplo: hablan como Chile reconoció en 1879 la deuda con los "tenedores de bonos ingleses", pero no mencionan que en 1881 y 1883 Chile desconoció aquello y no quizó pagar la deuda, que posteriormente en 1884 cuando el estado levanto un empréstito en Inglaterra, la banca inglesa (no el estado inglés) la obligo a reconocer parte de la deuda. Ese es un periodo muy complejo de nuestra historia. Con relación a la película, que es muy buena, dicho sea de paso, si bien expone lo que tu menciona, creo que el autor realiza una critica más al Chile de las décadas del cincuenta y sesenta (por que hasta hoy)), con un imperialismo norteamericano intervencionista tanto en política como en economía. Para terminar el historiador que inicia la destrucción del mito de la guerra contra Inglaterra de parte del Perú es un connotado historiador de la escuela marxista inglesa, y su libro apunta a criticar a las élites peruanas y sus políticas represivas y extorsionistas en Sudamérica y hacia las clases más desposeídas, te recomiendo su libro, es muy interesante cuando expone la lucha entre la sierra y la costa en el Perú por cuestiones raciales.
      gracias por tus comentarios

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    2. Gracias por darte el trabajo de responderme de forma fundamentada. Está claro que Caliche Sangriento es una ficción cinematográfica, que más bien critica al imperialismo del siglo XX y a los capitalistas chilenos, a través de una visión ficcionada del pasado. Me gusta Helvio Soto, sus panfletos cinematográficos están muy bien hechos.
      PD: mi avatar o imagen de perfil es ni más ni menos la cabeza de la Medusa.

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    3. Ya me parecía que era medusa la única entre las tres gorgonas que podía morir. Con respecto a ese periodo luminoso de nuestro cine, se hicieron muy buenas películas con bajo, pero bajo presupuesto.

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  2. Ahí hay un artículo interesante (que no tiene nada que ver con los inventos de un Baradit)
    http://www.elclarin.cl/web/opinion/cronicas-de-un-pais-anormal/25345-ante-el-mar-de-chovinismo-la-historia-verdadera-de-la-guerra-del-salitre.html

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    1. He leido el texto que me has recomendado, es evidente que no es Baradit, por lo que merece ser leído, ahora con relación al texto, el autor realiza muchas generalizaciones, lo que provoca que el texto pierda lógica argumentativa, habla de la ineptitud de los altos oficiales, luego de la leva obligatoria, pasa por la guerra acusando al ejercito de violadores (muy general esta acusación), luego de ladrones, para luego reprochar las relaciones de la burguesía chilena con el capital del salitre (nuevamente una generalización, ya que nombra, pero no profundiza en los temas). Para terminar con la controvertida figura de North, y su injerencia en la guerra civil de 1891, pasando por una critica hacia Balmaceda y el mito de su persona. Para terminar diciendo que lean "pero no dice que libros, artículos, ni nada". Creo que si bien concuerdo con algunas de sus apreciaciones, como la violencia, el robo, la realidad nacional al principio de la guerra o sea la leva obligatoria, pero en otros puntos creo que realiza demasiadas aseveraciones sin un cimiento que la sostenga, muchas ideas preconcebidas, o críticas más bien gratuitas. que es largo de detallar, creo que me voy a poner en contacto con el autor, para que veamos puntos de vista y bibliografía del del periodo.
      Gracias Miguel.

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    2. Estimado, es cierto que el artículo es un poco enredado, mezclando unas cosas con otras y con harta generalización como bien dices. El tema de la leva obligatoria y el acarreo de obreros y campesinos pobres para la guerra me apasiona mucho, merece ser más estudiado. Mi bisabuelo paterno (Baldomero) huyó para los cerros, con tal de no ir a la guerra. En la otra vereda, recuerdo a un compañero del Pedagógico, de nuestro curso, que uno de sus familiares peleó en la Guerra del Pacífico, ¿lo recuerdas? (Llanten sería?)
      Un abrazo.

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    3. Efectivamente me recuerdo de Llanten que decía que su abuelo había sido cocinero en un batallón, también es cierto que mi ex - amigo era bastante mentiroso en muchas cosas. Ahora que mencionas a tu abuelo, con relación a la leva tatarabuelo por parte de Papa un hemano hizo lo mismo que el tuyo huyo a los cerros para no ir a la guerra, mientras que él se presento voluntario y peleo en el cuarto de linea de Colchagua.

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  3. Mi muy bien querido amigo
    Agradezco la dedicatoria de tan riguroso artículo, que desmiente un mito patrio muy aceptado en el país vecino y que me tocó escuchar de primera fuente en las entrañas de su legalidad.

    Nunca deja de sorprenderme tu capacidad obsesiva por responder preguntas que nacen de los diálogos más dispersos para encerrarte en tu montaña a indagar hasta elevarte a montañas del saber que pocos han divisado. A esa capacidad debo en parte significativa mi vocación por la pedagogía de esta musa media bipolar llamada historia, por lo que te debo infinitas gracias.

    Respecto a tu artículo creo que no tengo nada que aportar al tema en sí, no deja lugar a muchas dudas razonable pues es contundente en documentación y reflexión. Pero tal vez abusando de tu obsesión por preguntas me gustaría invitarte a otra cruzada por nuestro propio mito patrio del periodo: ¿sentimiento patrio en los sectores populares? ¿invento, espontaneidad, manipulación o recurso existente?, sé que te entretendrás debatiendo esta idea... pero no tienes nada que hacer, es tu maldición esa obsesiva curiosidad.

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    1. Por fin Pablo puedo leer tu comentario, que por diversas maldiciones de algún genio maligno no pude leer, gracias por tus palabras que como siempre salen más de los sentimientos que de la razón, es efectivo que vivo en gran medida a la obseción de la historia, como ciencia y arte de las cosaas humanas y m da mucha alegría ser en parte un guía para algunas, para seguir esta senda.
      Con relación a la pregunta que realizas, creo que es compleja y se coloca dentro de los laberínticos problema de la historia, intentare dar alguna lógica respuesta. Jaime Eyzaguirre iniciara esta.
      Desde las montañas de la locura

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