EN LAS ARENAS DE ARRAKIS

sábado, 4 de agosto de 2018

EL SIONISMO UNA IDEOLOGÍA PARA CONSTRUIR UN ESTADO






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EL SIONISMO
UNA IDEOLOGÍA PARA CONSTRUIR UN ESTADO

PRIMERA PARTE


            El origen del movimiento ideológico denominado sionismo, es uno de los temas más complejos y profundo de la historia judía reciente, escarbar en las raíces que llevaron a la conformación de un grupo primero, luego un movimiento, que terminara por constituirse en una ideología que creara un estado en medio del mundo árabe – islámico, es toda y sin lugar a dudas, una proeza, que marcara la historia de la segunda mitad del siglo XX, hasta la actualidad. En los siguientes apartados iremos exponiendo la evolución de este movimiento laico, socialista y utópico hasta la conformación del Estado de Israel.     
El movimiento de la  Haskala o Ilustración Judía.

     Los inicios del sionismo, no debemos buscarlo en la religión tradicional judía, ni en las ricas y vitales variables que la han compuesto durante los siglos a esta singular religión, sino que en un mundo casi completamente laico, si tuviéramos que colocar una fecha de inicio, diríamos que el siglo XVIII respondería a una fecha estimativamente correcta, con el surgimiento de la Haskala o Ilustración judía.

Moisés Mendelssonh

Paralelamente a todos estos movimientos místicos y religiosos judíos en el siglo XVIII, también se estaba dando otro de naturaleza totalmente a-religiosa. Empapados del nuevo orden cultural de Europa, muchos judíos abrazaran las enseñanzas laicas, transformándose ellos mismos en verdaderos maestros de las nuevas doctrinas. Este será el  siglo de las luces y la ilustración, donde el imperio de la fe se volcó en la razón. Destaca dentro del mundo judío, la figura de Moisés Mendelssonh (1729 – 1786), el cual es <<el padre del movimiento iluminista>>. A Mendelssonh se le puede considerar un hombre de vastos conocimientos, entre sus principales trabajos estuvo la traducción  de la Torah al alemán, para que las comunidades judías tuvieran acceso a una buena lectura del original hebreo y no tener que utilizar la traducción de Martín Lutero. Como muchos judíos casi completamente asimilado a la cultura germana, Moisés se percató que gran parte de los judíos germanos no conocían el idioma hebreo y por tanto, era necesaria una buena traducción, única solución para mantener el arraigo religioso, pero también , una buena forma para seguir desarrollando la asimilación, cuestión que era la base del movimiento iluminista.
 Las ideas del iluminismo prendieron con singular fuerza entre las capas más alta de la sociedad judía de Europa occidental. Las nuevas ideas apuntaban directamente a romper las cadenas históricas del pueblo judío, cadenas tanto impuestas por la sociedad que los rodeaba, como por la misma comunidad judía, lo que Moisés Mendelsolssonh definía como la mentalidad del <<Gueto>> “Se piensa que durante estos últimos treinta años de la Haskala, los escritores hebreos consideraron el tradicionalismo judío como causa principal de todos los males de la existencia en el ghetto y dirigieron por lo tanto en su contra el ataque más feroz” (La literatura judía p 35).

El problema judío para los miembros de la Haskala se reducía, a que ellos consideraban, que la miseria intelectual y el oscurantismo de la judería se había producido en la época del misticismo (siglo XII-XVII), que mantenía en la más atrasada vulgaridad religiosa a los judíos. Este último punto, sería el culpable directo a juicio de los iluministas, de la imposibilidad de los judíos de poder ingresar al marco de la civilización Occidental. La solución para este problema, era clara, se necesitaba una educación laica de corte científico – humanista, por esta razón,  cada joven judío debía poder estudiar una carrera universitaria y no verse obligado a seguir repitiendo dogmas de fe del Talmud. Con ello el joven tendría la posibilidad de ingresar a la sociedad europea en su totalidad. A juicio de Mendelssonh la sociedad en general, tendría él deber de acoger a los judíos, debido a que estos hablaría su mismo lenguaje, se sentirían participe del mismo proyecto país, y, por tanto uno con su estado, la idea era clara, se judío en tu interior, alemán, inglés o francés en cada momento de tu vida. Es  evidente que esta era una visión bastante idílica de los miembros de la ilustración hacia la sociedad europea.  Para ellos Europea occidental  había evolucionado y ya no existían aquellos viejos perjuicios religiosos medievales, y probablemente tenían razón en este punto, lo que no pudieron percatarse de otro racismo embrionario, uno de carácter seudocientífico, más peligroso y brutal que el anterior, “La convicción de que la sociedad no judía había cambiado definitivamente su actitud con respecto a los judíos, era general, lo mismo que la creencia de que el fanatismo y el prejuicio medievales se habían desvanecidos completamente y que el judío sería acogido sinceramente por la sociedad ilustrada”. (Literatura hebrea p 50) 
Con esto,  no debemos creer que los escritores de la ilustración deseaban romper con toda la traición religiosa – cultural judía, eso hubiere equivalido a destruir la esencia  del <<Ser Judío>>. Muy por el contrario, de la idea de los ilustrados se desprende que ellos deseaban dar a las tradiciones su justo marco. La religión quedaría sujeta al mundo de la vida privada  como hemos mencionado antes “Sé judío dentro de tu  morada, y  hombre fuera de ella” (Historia de los Judíos p 22)

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Judá Leib Gordon

Esto quiere decir que la religión era privativa de su conciencia y los ritos eran para su persona, mientras que como ciudadano debía la mayor lealtad para con su nación, fuera esta  alemana, inglesa, francesa. De esta forma  el judaísmo se transformó en una vertiente puramente religiosa, obediente de las normas del estado. La Haskala lleno de un extraño optimismo al mundo judío, más aun que las sociedades de la Europa Occidental otorgaba importantes derechos civiles, como la ciudadanía, el ingreso a los círculos culturales y a los salones de la alta sociedad. Todo, estos logros obtenidos de sociedades liberales europeas, impulsaron la euforia optimista que se hizo sentir en la otra parte de Europa, la oriental, penetró dentro del judaísmo menos especulativo y más rural de Rusia y Polonia. Esta fuerza arrolladora se ve dibujada en los poemas de Judá Leib Gordon que nos dice:

                     “¡Despierta, pueblo mío! ¿Hasta cuándo dormirás?
                         La noche alzó su vuelo, el sol brilla esplendente.
                        ¡Despierta! Abre los ojos, mira en torno,
                         date cuenta del tiempo y del lugar”.
                                (Literatura hebrea p 42)

A  comienzos del siglo XIX la situación comienza a tener ligeras variaciones.  Aparece el romanticismo, con su apología a la libertad, igualdad y los eternos valores naturales del hombre (que eran tan viejos como Cristo mismo, pero para los románticos tan nuevos). Esto llevará algunos círculos a una lucha contra las condiciones de la sociedad llevados por sus ideales. Por primera vez algunos seudos teóricos proponían una concepción de la búsqueda de las raíces ancestrales y la valoración de la nación, como un elemento vital y arraigado a la biología de los ciudadanos, por ello los elementos ajenos a estos debían ser retirados de ella.
            Pero el cambio más fuerte se iniciará con el positivismo científico, el cual se forjará en los valores de las ciencias y las especulaciones. Pronto los estudios raciales serán un importante subterfugio para las conquistas coloniales. El deber de las razas más privilegiadas y superior,  será  por un bien natural, la culturización de las  culturas inferiores, como muy lo decía el escritor Rudyard Kipling en sus versos sobre “La Carga del hombre Blanco”.

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Tormentas del Sur (polgromo)

Esta situación fue limándose lentamente a medida que las comunidades judías se insertaban con más éxito en los respectivos países en que vivían. Así en Francia e Inglaterra los judíos al llegar el siglo XIX eran comunidades respetadas; en cambió en la Rusia Zarista los judíos debía soportar políticas racistas como “Las Tormentas del Sur” (1881), verdaderas persecuciones vandálicas, sin un sentido político definido, más bien cimentadas en ideas excesivamente religiosas y populistas. Estas acciones estuvieron a cargo de los grupos más retrógrados de la sociedad rusa, como eran el campesinado y los legendarios Cosacos (sobre este punto podemos leer la excelente novela <<Taras Bulbas>> de Nicolás Gogol, el cual hace una merecida descripción de las bárbaras  ideas de este pueblo estepario y la visión que se tenía del judío).
Curiosamente el siglo XIX, que será visto como el siglo de las luchas revolucionarias y liberales por naturaleza, será también el escenario del nacimiento de un nacionalismo judío muy fuerte y también de un antijudaismo, ambos estrechamente relacionados.

El Antisemitismo y el Sionismo.

            A finales del siglo XIX y comienzos del XX, se inician la decadencia del positivismo en las áreas  del conocimiento filosófico, político y social.  El ansiado sueño de un mundo perfecto, bajo el ordenamiento de las ciencias como lo había expuesto Augusto Comte, llegaba a su fin. Se iniciaba una nueva era, la del idealismo con una extraña mezcla de cientificismo muy particular. Será la era de un renovado nacionalismo, con visiones de pueblo y cultura nuevos, a lo que se debe agregar una concepción científica  de este idealismo. Así el pilar fundamental del nuevo orden será una concepción vitalista y biológica de la sociedad, donde los componentes autóctonos serán parte integrante y real de esta,  mientras que los grupos de otras etnias y culturas solo serán tumores malignos. 

Dreyfus
A pesar  de estos tan dispares puntos de vista, la vida de los judíos había progresado enormemente. Los hijos de Israel se encumbraban a las más altas posiciones de la aristocracia y la burguesía europea occidental.  Pero el caso Dreyfus, ocurrido en Francia, será el caso coyuntural que cambiará la estructura del pensamiento judío laico y los hará variar de su historia conjunta con los europeos, para buscar su propio destino. Este punto lo debemos entender en el contexto del cambio del pensamiento de occidente, el cual había vivido sumergido en los brazos del positivismo y del progreso material.  La contraposición a este decadente pensamiento se dará en las nuevas ideas a fines del siglo XIX, en un  Friedrich Nietzsche que colocará una contraposición a las ideas positivistas. Nietzsche planteará la creación de un nuevo orden, en la muerte del Dios decadente (simbolización de la sociedad occidental decadente), colocando relevancia en la Voluntad como creadora de los supremos valores morales y la aparición por antonomasia del Ubermensch o superhombre.

Este movimiento Vitalista y antimaterialista, encontró rápidamente eco entre los pensadores de comienzo del siglo XX; deseosos de crear un nuevo orden. En este punto podemos encontrar  escritores como Henri Bergson, con su concepto del instinto vital del hombre, con los conceptos neovitalistas en biología de Hans Driesch y los estudios de  Karl von Frisch. Estos autores harían  despegar el concepto holístico de la biología, llevando a planos del pensamiento sobre el orden social y político.  A lo anterior agregamos las concepciones de Gaetano Mosca, Vilfredo Pareto y Roberto Michels, sobre la necesidad de constituir un orden político basado en la superioridad de las elites y la formación de líderes carismáticos, además de someter a la democracia decimonónica a una devastadora critica.
L' Affaire Dreyfus
Este deseo consciente de los grupos intelectuales de constituir un nuevo orden diferente al clásico pensamiento científico y material, conllevará una nueva carga moral. Es así como el deseo de cimentar una visión idealista de la sociedad y crear valores nacionales superiores, llevará a la formación de una nueva concepción racista, diferente a las originadas durante los siglos anteriores. No es que el conjunto de la sociedad odiara a una etnia determinada, muy por el contrario. El caso era que esta etnia constituía un valor diferente a los necesitados por ese pueblo determinado. Era una verdadera invasión en la concepción del futuro vital, de un pueblo. El pueblo que estaba más propicio a sufrir las desventuras era obviamente los judíos, por su larga vida histórica en conjunto con los occidentales (siendo ellos mismos occidentales), constituyendo lo diferente, lo exótico, transformándose la religión judía no sólo en lo que era, si no en un concepto cultural-biológico y contaminador: “En cierta ocasión paseándome yo por la ciudad interior, me hallé de improviso frente a un sujeto ataviado con largo caftán, que peinaba negros rizos laterales. <<¿Será un judío?>>, fue lo primero que me pregunté. En Linz no los había visto jamás vestidos de semejante forma. Observé al individuo con insistencia y gran cautela, y cuando más contemplaba aquel extraño semblante, estudiándolo rasgo por rasgo, tanto mayor era el ímpetu con que surgía en mi cerebro en forma diferente la pregunta:<<¿ Si será un alemán?>>”( Mi Lucha, p 22).
Otras etnias sufrieron esta visión del “otro” contaminador, uno de estos casos es la de los gitanos, con los cuales se tuvo igual política de exterminio como lo sucedido a los judíos.
Pero el  movimiento más racista no vino de parte de la filosofía y las ciencias, sino de un grupo de  seudo-cientificos, que a través de ciertos trabajos e “investigaciones” de muy poco valor, valga la redundancia científico, debemos añadir,  trataban de exponer positivamente el valor de las razas y la supremacía de una en detrimento de las demás.  Esto despertó cierto interés no dentro de los círculos intelectuales, si no dentro de las capas medias de la población, como lo eran los obreros y el campesinado.  A este respecto nos dice Stanley Payne: “Más ampliamente influyeron, sin embargo, que las ideas de los nuevos revolucionarios, fueron las doctrinas propagadas a comienzos del siglo por seudocientíficos que se adornaban con las apariencias del “cientificismo”. Mientras que la ciencia del siglo XIX había parecido alentar el liberalismo, la democracia y el igualitarismo, el nuevo cientificismo (habitualmente basado en escritos vulgarizadores y popularizados que eran meramente seudocientíficos) alentaba conceptos de raza, elitismo, jerarquía y la glorificación de la guerra y la violencia” ( Fascismo, p 43)
Estas ideas invadieron cual enjambre de avispas todo el mundo culto y a la sociedad en general. Incluso Chile se vio sometido a esta clase de escritos como los de Nicolás Palacios y su libro “Raza Chilena”  y el historiador Francisco Encina  con su libro “Nuestra Inferioridad Económica”, sólo por citar algunos. Esto llevó a crear falsos perjuicios y erróneas  ideas que provocarán sendos problemas de orden político y social, que terminaran por desgracia en la locura del holocausto.
Pero curiosamente este cambio de ideas, también permiará el pensamiento de la intelectualidad judía europea (los más laicos), los cuales harán eco de estas ideas y expondrán la  teoría de constituir un estado judío, con los valores occidentales en tierras orientales. Siendo el Limes de occidente contra la cultura bárbara de los musulmanes y africanos: “Para Europa formaría allí parte integrante del baluarte contra Asia, constituiríamos la vanguardia de la cultura en su lucha contra la barbarie” (Herlz, Teodoro. El Estado Judío,  p 59).


Teodoro Herlz 
Los antecedentes de los sionistas son bastante heterogéneos, incluso para los mismos historiadores sionistas les cuesta enormemente crear un hilo conductor de las diversas y disímiles ideas que dieron vida al movimiento nacional del sionismo.
Está claro que muchos judíos no se sentían a gusto con el panorama de la política del siglo XIX, entre ellos varios hablaban de una falta de igualdad social real y que en la práctica existía un problema judío sin solucionar.  En un comienzo estas ideas estuvieron relegadas a ciertos pensadores como Moisés Hess, el cual señala la importancia de la creación de un estado judío, al estilo de la unificación Italiana. Las ideas de Hess eran de corte socialista, de hecho junto a Marx es uno de los creadores de las teorías del materialismo histórico.  Hess plantea la necesidad de crear las bases dentro de este estado judío para que se realicen las leyes históricas.
Los trágicos sucesos de Rusia en 1881 (Las Tormentas del Sur), empujaron a varios centenares de jóvenes idealistas judíos a crear organizaciones que procuraran el establecimiento de una patria. Todos estos grupos proponían ideas contrapuestas entre sí y  en algunos casos demasiado fantásticas, para llevarse a cabo. Pero uno de esto jóvenes que más importancia tendrá en el movimiento sionista ruso será Iehuda Leib Pinsker, quien en su libro “Autoemancipación” expone la necesidad de un refugio en el cual puedan vivir y desarrollarse  todas aquellas comunidades judías perseguidas (rusas). Las ideas de Pinsker fueron bien recibidas durante el congreso de los Hovevei Tzion  (Los Amantes de Sión) en el poblado de Katowice (en aquella época perteneciente Alemania).  De este modo expone la necesidad de iniciar una lenta inmigración de judíos a tierras de Palestina, para transformar una sociedad  comerciante en una sociedad campesina.  Muchas de las diversas organizaciones se unieron a su causa. Pero las primeras oleadas de colonos judíos chocaron con su falta de conocimientos agrícolas y del territorio.  El plan estuvo a punto de sufrir un fuerte revés, si no hubiese sido por la intervención del conde Edmond James de Rothschild, quien ayuda económicamente a la colonia, gracias al cual se logró el acometido en un principio.
Iehuda Leib Pinsker

Los fracasos de la colonización, no desaniman a los grupos nacionalistas judíos, pero si los llevó a una autocrítica y replantear la problemática de la colonización. Uno de los más acertados activistas en esta materia fue Asher Guintzburg, más conocido por su seudónimo de “Ahad Haam”.  Este en sus artículos “Verdad desde la tierra de Israel” y “ ¡No  es éste el camino!”, critica agriamente la planificación y posterior proceso de colonización, haciendo hincapié en la falta de una conciencia nacional real del pueblo judío y una falta de conocimiento  del territorio de Palestina “En su opinión, lo que debía encontrar solución  no era “el  problema de los judíos”, sino “el problema del judaísmo”, o sea, no la problemática concreta de los judíos perseguidos, sino la crisis profunda por la que pasaba la conciencia nacional judía en la nueva sociedad moderna secular” (historia de los judíos, p 28) .
La solución era crear las condiciones espirituales dentro del pueblo, o sea, aunar conciencia de su realidad histórica.  Para ello, según Asher,  debía crearse en Jerusalén un centro espiritual, que fuera el verdadero polo de atracción de todas las comunidades judías.  En este centro debía valorarse el pasado común y el origen de la comunidad judía. Asher es reconocido como uno de los padres del sionismo espiritual e idealista. 
Pero sin lugar a dudas el mayor representante de las ideas sionistas será en el siglo XIX, el periodista y escritor austríaco Teodoro Herzl, que después de llevar una vida tranquila y reposada en los valores occidentales y sintiéndose parte de la cultura germana, cambiará radicalmente su postura. Un reportaje que le tocó realizar para un periódico judío “Neue Freie Presse” de Viena en la ciudad de París, lo acercó fuertemente al cambio de aires que se estaba experimentando dentro del colectivo de Europa Occidental: el famoso  caso Dreyfus, en el cual un oficial francés de origen judío fue acusado injustamente de alta traición a la patria. Las propias características de este juicio lleno de  vicios, en el cual se intentaba cubrir la responsabilidad de oficiales superiores y las manifestaciones del populacho enardecido que solicitaba la cabeza de todos los judíos “traidores de Francia”.  Eran las protestas anti-judías más importantes que le toco vivir Herlz. Todo esto convenció a Herzl que el pueblo judío nunca sería completamente asimilado a ninguna de las  culturas occidentales (más aun sí ocurría en pleno corazón del liberalismo): “…clásico producto  de la emancipación, se enfrentó trágicamente con el ineludible destino judío al ser testigo del famoso affaire Dreyfus” (historia de los judíos, p 29).                                                                                                                                               
                                                             
Herzl, finalmente llegó a la absoluta convicción de que el judaísmo era un problema para los estados europeos, por una parte y por  otra  de los mismos  judíos. Estos no podrían desarrollar su cultura a satisfacción en la medida de estar coaccionado a otra cultura: “La presión provoca en nosotros, naturalmente, sentimiento de hostilidad contra nuestras opresores, y nuestra hostilidad aumenta, a su vez, la presión. Es imposible salir de ese circulo vicioso” (El Estado Judío, p 53)

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